Cansada.
Decepción tras decepción masacran tu cuerpo, te van dañando poco a poco, de manera que no te das cuenta de ello. Pero un día te despiertas y no puedes, no quieres, levantarte de la cama. Porque la realidad es decepción y ya estás tan cansada...
Día a día, te despiertas, te levantas y afrontas la rutina rogando que el día pase rápido y puedas volver a dormir. Pero ni en sueños las decepciones te dejan, una tras otra las pesadillas pasan por tu cuerpo y joden un poco más tu ya masacrado cuerpo.
Y así, pasan los días, las noches, sin nada más que rutina y hacer por hacer, sin sentido ni esperanzas, tan solo seguir por el mero hecho de que tu cuerpo no quiere desfallecer, aunque tu alma lo esté clamando a los cuatro vientos.
Cada día se hace un poco más difícil abrir los ojos y afrontar la vida, te levantas con mal sabor de boca, sabiendo que aunque lo intentes va a ser un mal día, que aunque pienses que hoy va a ser diferente, el día pasa y no lo es. Siempre lo mismo, siempre igual. Y entonces un día, las pesadillas te dan un respiro, y piensas que todo va mejorar, porque todo mejora con un buen sueño, pero no, al levantarse sigue siendo igual de duro. Cada día tu alma pesa más y se hace más difícil seguir... Pero no te rindes, porque esperas a que un día, por arte de magia, todo cambie, algo llegue y te haga feliz, algo que elimine ese peso de tu alma. Pero nunca llega, y cada vez estás más cansada...
Al final, un día despiertas y te das cuenta de algo: ya no puedes esperar más, tu alma se ha roto.
No estoy aquí para ver la parte buena de la vida, simplemente para contarte mi realidad.
Sonríe, nadie lo hará por ti.
miércoles, 17 de diciembre de 2014
domingo, 14 de diciembre de 2014
Give up.
Hace ya tiempo que descubrí que las mejores cosas que jamás he escrito han sido cuando mis emociones han estado tan cerca de mi piel que han escapado por cada poro de mi piel y se han materializado en letras, palabras... Mis sentimientos hechos algo real.
Puede parecer egoísta que yo me queje de mi vida, pero la verdad es que nunca he entendido a esa gente que dice: "no te quejes de tus problemas, hay gente pasándolo peor". Bueno, siento decíos que sí, hay gente peor que yo, pero eso no quita que tenga problemas, todos somos humanos y todos necesitamos ayuda de vez en cuando. Y yo... bueno, quizás la necesite más que de vez en cuando, pero eh, estoy bien, puedo seguir. Siempre puedo seguir...
Eso es algo que mi abuela me enseñó de muy pequeña: si no puedes, lo vuelves a intentar hasta que sale. Y así he vivido toda mi vida, sin rendirme, sin fallar... Bueno, eso último quizás no sea cierto del todo, no, no he fallado, pero porque conforme ha pasado el tiempo le he cogido tanto miedo al fracaso que ni siquiera lo he intentado, y sí, sé que esto es una tontería, que solo por tener miedo a fallar no tienes que dejar de intentarlo, pero eso es más fácil decirlo que hacerlo.
La vida no es fácil, pero el mundo no te espera, sigue y sigue sin importarle que tu no le sigas. Así que simplemente corre, corre detrás del mundo, vive cada momento como si fuese el último, porque podría serlo, pero, sobretodo: no te rindas.
Escribo esto para todos, pero es más un automensaje que algo más, pero bueno, mejor así, quizás alguien más pueda usar mis palabras.
Puede parecer egoísta que yo me queje de mi vida, pero la verdad es que nunca he entendido a esa gente que dice: "no te quejes de tus problemas, hay gente pasándolo peor". Bueno, siento decíos que sí, hay gente peor que yo, pero eso no quita que tenga problemas, todos somos humanos y todos necesitamos ayuda de vez en cuando. Y yo... bueno, quizás la necesite más que de vez en cuando, pero eh, estoy bien, puedo seguir. Siempre puedo seguir...
Eso es algo que mi abuela me enseñó de muy pequeña: si no puedes, lo vuelves a intentar hasta que sale. Y así he vivido toda mi vida, sin rendirme, sin fallar... Bueno, eso último quizás no sea cierto del todo, no, no he fallado, pero porque conforme ha pasado el tiempo le he cogido tanto miedo al fracaso que ni siquiera lo he intentado, y sí, sé que esto es una tontería, que solo por tener miedo a fallar no tienes que dejar de intentarlo, pero eso es más fácil decirlo que hacerlo.
La vida no es fácil, pero el mundo no te espera, sigue y sigue sin importarle que tu no le sigas. Así que simplemente corre, corre detrás del mundo, vive cada momento como si fuese el último, porque podría serlo, pero, sobretodo: no te rindas.
Escribo esto para todos, pero es más un automensaje que algo más, pero bueno, mejor así, quizás alguien más pueda usar mis palabras.
domingo, 2 de noviembre de 2014
VIAJAR.
Dicen que viajar es lo único que gastando dinero te hace más rico.
Dicen que viajar es una de las formas más preciosas de la libertad.
Dicen que viajar es experiencias y vida.
Viajar es ver mundo, experimentar culturas y sentir el mundo bajo tus pies. Nada me hace más feliz que descubrir el mundo que me rodea, ver todo aquello que hace bella a una ciudad. Soy una turista nata, de las que desperdician el dinero en tonterías para poder recordar toda la vida que estuve allí, aunque quizás eso es porque siento la necesidad de dejar constancia que fui alguien, que fui real. Adoro viajas, pero no solo viajes físicos, porque no hay nada más bonito que viajar con tu mente, visitar mundos imaginarios, creados por ti, por otros. ¿Qué importa?
Viajar... para mi viajar es una felicidad pura recorriendo mi cuerpo. Y quería compartir este sentimiento con vosotros.
Dicen que viajar es una de las formas más preciosas de la libertad.
Dicen que viajar es experiencias y vida.
Viajar es ver mundo, experimentar culturas y sentir el mundo bajo tus pies. Nada me hace más feliz que descubrir el mundo que me rodea, ver todo aquello que hace bella a una ciudad. Soy una turista nata, de las que desperdician el dinero en tonterías para poder recordar toda la vida que estuve allí, aunque quizás eso es porque siento la necesidad de dejar constancia que fui alguien, que fui real. Adoro viajas, pero no solo viajes físicos, porque no hay nada más bonito que viajar con tu mente, visitar mundos imaginarios, creados por ti, por otros. ¿Qué importa?
Viajar... para mi viajar es una felicidad pura recorriendo mi cuerpo. Y quería compartir este sentimiento con vosotros.
sábado, 11 de octubre de 2014
Marcus #4
-Marcus es un compañero de clase,-le explico- nos sentamos juntos.
-Marcus es un buen chico, ¿ha dicho que va a venir a por ti?
-Sí, así es, señora.
-Fantástico...-su voz misteriosa me da un poco de miedo, pero decido ignorarlo.-Bueno niña, y tú: ¿Cómo te llamas?
-Me llamo Rebecca.-Intento sonar lo más amable y cordial posible, pero estoy un poco alterada aún.
-Bien, bien... Rebecca. Pues mientras llega mi nieto puedes pasear por aquí, puedes mirar los libros. Coge uno si quieres.- Tiene una sonrisa radiante al decir estas palabras y eso me hace pensar que quizás hay un doble rasero, pero descarto esa idea.
"Solo hazle caso y disfruta de los libros", dice la voz.
-Gracias por la oferta, voy a merodear un poco, me encarta leer.
-Oh, eso es bueno... Sí, muy bueno...-dice mirándome fijamente.
Esta señora es muy extraña, pero no quiero juzgar a nadie, después de todo me ha acogido hasta que llegue Marcus, el que casualmente es su nieto. Hoy es un día extraño, demasiado extraño. Miro a mi alrededor y me hago plenamente consciente de lo que veo, había estado tan nerviosa que no me había dado cuenta de lo que había en la librería.
A mi alrededor todo son libros, con portadas diferentes. Algunos de colores, otros blancos y otros tan llenos de polvo que no logro distinguir sus nombres. Hay libros tan antiguos que da miedo tocarlos y otros con brillantes portadas que gritan por ser acariciadas. Camino de estantería en estantería, pasando mis dedos por esas cubiertas... Cierro mis ojos y me dejo llevar, balanceando mi cuerpo de un lado a otro. Pero entonces paro de golpe, allí hay un libro, uno diferente a todos los demás. Entre una librería repleta de libros, mi mente solo puede enfocar en uno.
En el último estante de una vieja estantería descansa un libro que antaño fue rojo pasión, pero ahora solo es de un color marrón claro que hace parecer que tenga mil años. Intento alcanzarlo, pero no llego. La señora me acerca una escalera y me subo para coger ese libro. No pienso en lo que estoy haciendo, solo sé que necesito coger ese maldito libro. Lo alcanzo y al pasar mi mano por encima elimino una capa de polvo que podría haber matado a un alérgico. Bajo de la escalera y me siento en la pequeña silla que tiene en una esquina, es para que se sienten niños, pero por ahora valdrá. La abuela de Marcus me mira fijamente, pero no dice nada, tan solo esboza una sonrisa cuando ve el libro en mis manos. Susurra un pequeño: "Sabía que ella era especial" y se sienta detrás de la caja. Vuelvo la vista a mi libro, ignorando a la señora. Paso mi mano por su cubierta y quito todo el polvo. Al leer el título suelto una pequeña sonrisa: "Peter Pan". Cuando me dispongo a abrir el libro suena la campanita de la tienda y alzo la mirada. Allí, en carne y hueso está la fantasía de cualquier adolescente: un motero guapo y sexy que viene a recogerme. Toda su ropa está empapada y me hace sentir fatal el haberle hecho venir así.
"No deberías haberle llamado", dice la voz.
Pero ya es tarde para dar marcha atrás, simplemente le miro a los ojos y aparto la mirada. Vuelvo a enfocar mi vista en el libro aun cerrado que yace sobre mis piernas. Marcus pasa de largo y se acerca a su abuela, que le recibe con una gran sonrisa y los brazos abiertos. Se dan un abrazo muy largo y yo solo miro de reojo mientras repaso las letras del título con la yema de mis dedos. Me siento fuera de lugar. Cuando por fin se separan, su abuela me señala y dice algo en italiano. ¿Italiano? No entiendo que es exactamente lo que dice, pero Marcus esboza una gran sonrisa y asiente. Ahora los dos me miran fijamente y yo me siento cada vez más incómoda, intento levantarme de golpe para dejar el libro e irnos, pero con el impulso y mis dos pies izquierdos acabo tropezando y cayendo de bruces al suelo, con tan mala suerte que no me da tiempo a poner las manos para parar mi caída y simplemente caigo de cabeza. Mortalmente avergonzada no me resisto cuando Marcus me levanta del suelo y me sienta encima del mostrador. Noto algo caliente bajando por mi mejilla, alzo mi mano y veo sangre. Mal rollo. La sangre no me gusta.
-Cre-cre-creo que me voy a desmayar- digo antes de caer hacia atrás. Antes de sumirme en un negro mar veo a Marcus estirando los brazos para sujetarme y que no me caiga, bueno, al menos no haré el ridículo dos veces.
Despierto estirada en el suelo con algo blandito debajo de mi cabeza: una chaqueta. Aun tengo los ojos cerrados, pero mi cabeza duele como si me hubiese caído un yunque encima. Levanto la mano para tocarme pero antes de que llegue a mi frente una mano retiene mi brazo.
-No te toques la herida, o harás que vuelva a sangrar.- la voz de Marcus me reconforta y simplemente dejo que me cautive.
Abro lentamente los ojos y su preciosa mirada entra en contacto con la mía.
-Lo siento.-Susurro, aunque más bien es casi un suspiro.
-No has hecho nada malo, no es tu culpa ser un poco patosa- dice sonriendo y pone la punta de su dedo en mi nariz.
-Lo siento por hacerte venir a por mi, no sabía a quién llamar.-Aclaro.
-He venido, ¿no? Siempre podía haberte rechazado y sin embargo: aquí estoy.
Intento ponerme recta, pero no me deja, simplemente se inclina hacia mi, noto su aliento en mi cara, sus ojos mirando fijamente mis labios y entonces...
-Marcus es un buen chico, ¿ha dicho que va a venir a por ti?
-Sí, así es, señora.
-Fantástico...-su voz misteriosa me da un poco de miedo, pero decido ignorarlo.-Bueno niña, y tú: ¿Cómo te llamas?
-Me llamo Rebecca.-Intento sonar lo más amable y cordial posible, pero estoy un poco alterada aún.
-Bien, bien... Rebecca. Pues mientras llega mi nieto puedes pasear por aquí, puedes mirar los libros. Coge uno si quieres.- Tiene una sonrisa radiante al decir estas palabras y eso me hace pensar que quizás hay un doble rasero, pero descarto esa idea.
"Solo hazle caso y disfruta de los libros", dice la voz.
-Gracias por la oferta, voy a merodear un poco, me encarta leer.
-Oh, eso es bueno... Sí, muy bueno...-dice mirándome fijamente.
Esta señora es muy extraña, pero no quiero juzgar a nadie, después de todo me ha acogido hasta que llegue Marcus, el que casualmente es su nieto. Hoy es un día extraño, demasiado extraño. Miro a mi alrededor y me hago plenamente consciente de lo que veo, había estado tan nerviosa que no me había dado cuenta de lo que había en la librería.
A mi alrededor todo son libros, con portadas diferentes. Algunos de colores, otros blancos y otros tan llenos de polvo que no logro distinguir sus nombres. Hay libros tan antiguos que da miedo tocarlos y otros con brillantes portadas que gritan por ser acariciadas. Camino de estantería en estantería, pasando mis dedos por esas cubiertas... Cierro mis ojos y me dejo llevar, balanceando mi cuerpo de un lado a otro. Pero entonces paro de golpe, allí hay un libro, uno diferente a todos los demás. Entre una librería repleta de libros, mi mente solo puede enfocar en uno.
En el último estante de una vieja estantería descansa un libro que antaño fue rojo pasión, pero ahora solo es de un color marrón claro que hace parecer que tenga mil años. Intento alcanzarlo, pero no llego. La señora me acerca una escalera y me subo para coger ese libro. No pienso en lo que estoy haciendo, solo sé que necesito coger ese maldito libro. Lo alcanzo y al pasar mi mano por encima elimino una capa de polvo que podría haber matado a un alérgico. Bajo de la escalera y me siento en la pequeña silla que tiene en una esquina, es para que se sienten niños, pero por ahora valdrá. La abuela de Marcus me mira fijamente, pero no dice nada, tan solo esboza una sonrisa cuando ve el libro en mis manos. Susurra un pequeño: "Sabía que ella era especial" y se sienta detrás de la caja. Vuelvo la vista a mi libro, ignorando a la señora. Paso mi mano por su cubierta y quito todo el polvo. Al leer el título suelto una pequeña sonrisa: "Peter Pan". Cuando me dispongo a abrir el libro suena la campanita de la tienda y alzo la mirada. Allí, en carne y hueso está la fantasía de cualquier adolescente: un motero guapo y sexy que viene a recogerme. Toda su ropa está empapada y me hace sentir fatal el haberle hecho venir así.
"No deberías haberle llamado", dice la voz.
Pero ya es tarde para dar marcha atrás, simplemente le miro a los ojos y aparto la mirada. Vuelvo a enfocar mi vista en el libro aun cerrado que yace sobre mis piernas. Marcus pasa de largo y se acerca a su abuela, que le recibe con una gran sonrisa y los brazos abiertos. Se dan un abrazo muy largo y yo solo miro de reojo mientras repaso las letras del título con la yema de mis dedos. Me siento fuera de lugar. Cuando por fin se separan, su abuela me señala y dice algo en italiano. ¿Italiano? No entiendo que es exactamente lo que dice, pero Marcus esboza una gran sonrisa y asiente. Ahora los dos me miran fijamente y yo me siento cada vez más incómoda, intento levantarme de golpe para dejar el libro e irnos, pero con el impulso y mis dos pies izquierdos acabo tropezando y cayendo de bruces al suelo, con tan mala suerte que no me da tiempo a poner las manos para parar mi caída y simplemente caigo de cabeza. Mortalmente avergonzada no me resisto cuando Marcus me levanta del suelo y me sienta encima del mostrador. Noto algo caliente bajando por mi mejilla, alzo mi mano y veo sangre. Mal rollo. La sangre no me gusta.
-Cre-cre-creo que me voy a desmayar- digo antes de caer hacia atrás. Antes de sumirme en un negro mar veo a Marcus estirando los brazos para sujetarme y que no me caiga, bueno, al menos no haré el ridículo dos veces.
Despierto estirada en el suelo con algo blandito debajo de mi cabeza: una chaqueta. Aun tengo los ojos cerrados, pero mi cabeza duele como si me hubiese caído un yunque encima. Levanto la mano para tocarme pero antes de que llegue a mi frente una mano retiene mi brazo.
-No te toques la herida, o harás que vuelva a sangrar.- la voz de Marcus me reconforta y simplemente dejo que me cautive.
Abro lentamente los ojos y su preciosa mirada entra en contacto con la mía.
-Lo siento.-Susurro, aunque más bien es casi un suspiro.
-No has hecho nada malo, no es tu culpa ser un poco patosa- dice sonriendo y pone la punta de su dedo en mi nariz.
-Lo siento por hacerte venir a por mi, no sabía a quién llamar.-Aclaro.
-He venido, ¿no? Siempre podía haberte rechazado y sin embargo: aquí estoy.
Intento ponerme recta, pero no me deja, simplemente se inclina hacia mi, noto su aliento en mi cara, sus ojos mirando fijamente mis labios y entonces...
martes, 30 de septiembre de 2014
Magia líquida.
Vuelan mariposas bajo la superficie de mi piel. Me recorren el cuerpo entero y me gritan que las deje salir. Es un sentimiento extraño, casi magia cuando por fin las dejas salir y vuelvan de todos los poros de tu piel hasta tus manos, donde se convierten en letras, palabras, oraciones y textos. Algunos tienen sentido, otros tan solo son cosas sin sentido, o quizás si lo tengan pero aún no lo hayamos descubierto. Siento fluir su corriente de mágica inspiración desde mis manos a mis dedos y cuando esa explosión de felicidad y alegría se acaba mi piel cosquillea, porque aún tengo mariposas que no están listas para salir, pero siguen latentes debajo de mi piel, como magia líquida que corre junto a mi sangre, por mis venas y arterias, magia que sale del corazón, de las emociones y el sentimiento. Esas mariposas que todos tenemos pero solo unos pocos podemos dejar salir.
¿Y tú, tienes magia?
¿Y tú, tienes magia?
domingo, 28 de septiembre de 2014
Marcus #3
Me levanto temprano y bajo a desayunar. Mis padres están sentados en la mesa de la cocina, mi padre leyendo el periódico y mi madre corrigiendo unos exámenes.
-Buenos días-susurro, y ambos me devuelven el saludo.
Así son las mañanas en mi casa, silenciosas. Las mañanas no son lo mio, y tampoco lo de mis padres, así que mejor el silencio que las conversaciones sin sentido. Me sirvo un vaso de leche muy caliente y añado un par de cucharadas de miel. Mientras me lo tomo apoyada en la repisa hago una lista mental de cosas que debo hacer hoy. Por suerte, es viernes. Un par de horas en clase y tendré dos días enteros para mi.
"Recuerda que tenemos que ir a comprar unos vaqueros", me recuerda la voz de mi mente.
Ir a comprar unos vaqueros, reordenar la habitación, leer el libro de lengua... Repaso la lista otra vez y espero que no falte nada. Ya casi es la hora de salir si no quiero llegar tarde otra vez. Pero como siempre, cuando voy a salir por la puerta, recuerdo que me he dejado el libro de lengua encima de la cama. Subo corriendo las escaleras y lo cojo. Para cuando voy a salir he perdido 5 minutos. Me toca correr otra vez si no quiero entrar tarde a clase. Salgo por la puerta y me giro para cerrar con llave, entonces alguien toca mi hombro. Me giro, asustada, y golpeo la cara de quién sea como un acto reflejo.
-JODER, REBECCA.-Grita Marcos sujetándose la nariz, que ha empezado a sangrar.
No digo nada, realmente no estoy arrepentida de haberle pegado. Ha sido su culpa por asustarme, y en parte por lo que pasó ayer. Le ignoro, paso por su lado como si nada hubiese pasado y sigo mi camino, a paso rápido, hacia el instituto. Antes de llegar a la esquina, alguien agarra mi brazo; esta vez no me giro abruptamente, no hay golpes de por medio, sé quién está detrás mía. Marcos.
-Deja de acosarme, Marcos. Si no dejas de seguirme voy a acabar denunciándote.-Digo con voz sardónica. Él suelta un bufido.
-Eres tú quién me ha agredido.-Intento que la sonrisa no salga a mis labios, pero la comisura de mi boca se eleva ligeramente.
Me libero de su agarre y sigo andando, ignorándolo. ¿He dicho ya que las mañanas no son lo mío?
"Ahora mismo no podrías mantener una conversación ni aunque quisieses", se ríe esa vocecilla de mi cabeza.
Sigo andando, miro el reloj, diez minutos. Acelero aun más el paso, Marcos siguiéndome de cerca. Le ignoro, saco mis cascos, los enchufo al móbil y pongo la música a tope. Espero que Marcos haya pillado la indirecta y se vaya por su propio camino. Por fin llegamos, dos minutos antes de que suene la campana, estoy agotada. Correr por las mañanas no es nada agradable, pero por lo menos no he vuelto a llegar tarde a la clase de la señora Mariam. Oh, joder, había olvidado que esa era la primera hora. Apago los cascos y entro en el baño. Veo a Marcos pasar de largo y entrar en clase. No quiero aguantar toda una clase sentada a su lado, porque básicamente no quiero contarle nada relacionado con las lágrimas de ayer, porque conducirían a Álex y no.
"Decide rápido, solo medio minuto para que suene el timbre", dice la vocecilla.
Decide rápido, sí, buena idea. Salgo del baño y corro en dirección contraria a la clase: a la calle. Voy a saltarme las clases de hoy. No quiero afrontar nada de esto, ver a Marcus es ver a Álex y pensé que ya había superado eso, pero no. Solo estaba profundamente enterrado en mi mente y ahora todo tiene ganas de salir de golpe. No estoy preparada para un ataque de pánico en clase. No, ha sido una gran decisión saltarme las clases... aunque puede que eso me cueste un suspenso en lengua. No, has hecho bien Becca, tenías que salir de ahí.
Ahora estoy parada en la puerta del instituto, camino, sin rumbo, hacía donde los pies decidan llevarme. Acabo sentada en un banco en dios sabe dónde. Oigo pájaros cantar a mi alrededor y un par de señores mayores charlando en el banco contiguo. Aquí hay tanta paz... ojalá pudiese encontrarla también en mi mente. Me distraigo mirando a dos pájaros volar por encima de mi cabeza y deseo tener alas para poder volar lejos de aquí, lejos de toda esta mierda.
Miro al cielo, y entonces mi móvil empieza a sonar. Miro el reloj: las once. Es tarde, pero bueno, tampoco tengo nada que hacer. Miro el móvil y es un mensaje, de Marcus:
¿DÓNDE ESTÁS? ¿POR QUÉ NO HAS APARECIDO EN CLASE? CONTÉSTAME, POR FAVOR, ESTOY PREOCUPADO.
Sí, claro, preocupado. Se siente culpable por haberme hecho llorar ayer y realmente debería decirle que no fue su culpa, pero prefiero hacerle sufrir un poco más, se lo merece por haber aparecido en mi casa de esa manera, y por haberme asustado esta mañana. No sé si contestarle, quizás sea lo mejor, no quiero que vuelva a presentarse en mi casa o algo por el estilo. Sí, tendré que contestarle.
NO SÉ DONDE ESTOY, SOLO NECESITABA ALEJARME DE TODO ESO.
Ni dos segundos después llega una respuesta:
¿CÓMO QUE NO SABES DÓNDE ESTÁS? ¿ESTÁS PERDIDA?
Oh, joder, eso solo ha empeorado las cosas. No pasa nada, centrémonos en una contestación lógica.
SOLO HE EMPEZADO A ANDAR SIN RUMBO, YA ENCONTRARÉ COMO VOLVER, SOLO DÉJAME.
Pero no, esa petición era demasiado para Marcus y vuelve a contestar. Maldito hombre cabezón.
TE DEJO, PERO LLÁMAME CUANDO LLEGUES A CASA, TENEMOS QUE HABLAR.
Sí, claro, voy a llamarlo en cuanto llegue. La vocecilla se ríe en mi mente. Ni loca. Miro el reloj, y me doy cuenta que quizás si debería volver a casa. Miro en el GPS de mi móvil y me doy cuenta que estoy realmente lejos del instituto, he andado muchísimo y sin ni siquiera darme cuenta. Echo a andar esperando encontrar mi casa.
Una hora y media después no encuentro mi casa. No sé donde estoy exactamente y mi GPS ha implosionado. Necesito ayuda y no puedo llamar a mis padres porque entonces se enterarán que no he ido a clase y no puedo permitirme eso. No tengo más amigos que yo misma y... estoy jodida. Sé que solo hay alguien a quién puedo llamar y no quiero, pero el cielo azul y despejado ha desaparecido y cada vez las nubes de tormenta están más cerca. Justo cuando ese pensamiento cruza por mi mente una gota cae en mi brazo, corro hacía un patio y me quedo ahí.
"Enhorabuena, genio, ahora solo puedes recurrir a quién menos quieres recurrir" la vocecilla no para de reírse en mi cabeza y me niego a asimilarlo, pero sé que tiene razón.
Cojo el teléfono, fantástico, solo me queda un 6% de batería. Sí, decisión tomada. Recorro la lista de nombres de mi lista y mi dedo se posa involuntariamente en el nombre de Álex, e intento no llorar, pero mi vista se vuelve borrosa. Sigo bajando y marco el número de Marcus antes de que mi cerebro lo impida. Al segundo timbrazo oigo su voz:
-¿Hola? ¿Estás bien, Rebecca?- su voz es un susurro y me doy cuenta de que es hora de clase. No había pensado en eso, da igual, necesito ayuda.
-Espero que hayas salido fuera de clase a contestar, porque necesito tu ayuda.-Intento que mi voz no se quiebre, pero no puedo.
-¿Estás bien? ¿Qué pasa? ¿Qué necesitas?
-Necesito que vengas a recogerme, el problema es que no sé dónde estoy- mi voz se parte una vez más.
-Vale, vale, está bien.-Mi teléfono pita, quedándose sin batería.-Sí, sí, lo siento señor, pero mi madre necesita ayuda urgente-oigo su voz amortiguada, supongo que está hablando con el profesor para conseguir salir. Por alguna razón eso me hace gracia y empiezo a reír.
-Me alegra saber que soy tu madre-digo sardónica.
-Calla y dime que ves a tu alrededor.
-Es una calle pequeña, con muchas flores en los balcones y poco tránsito. Veo un bar que se llama Central Perk y una pequeña librería en la esquina con un cartel que pone: "Bienvenido a Neverland"
-Oh, joder, sé donde estás. No comprendo tu suerte, pero entra en la librería y habrá una señora mayor, dile que me conoces y espérame ahí. Ahora voy.
Me dirijo a la librería corriendo, intentando no mojarme demasiado. La lluvia ha empezado a caer a mares...
"Y tú acabas de pedirle a un motorista que te recoja, otro punto para la genio", dice la voz. Y, maldita sea, tiene razón. Da igual.
Entro a la librería y una señora mayor, con el pelo tintado de morado y muchas arrugas me saluda.
-Hola, hola, so-soy Rebecca. Tengo que esperar aquí a alguien, me ha dicho que usted le conoce, se llama Marcus.
-¿Eres amiga de mi nieto?
-Buenos días-susurro, y ambos me devuelven el saludo.
Así son las mañanas en mi casa, silenciosas. Las mañanas no son lo mio, y tampoco lo de mis padres, así que mejor el silencio que las conversaciones sin sentido. Me sirvo un vaso de leche muy caliente y añado un par de cucharadas de miel. Mientras me lo tomo apoyada en la repisa hago una lista mental de cosas que debo hacer hoy. Por suerte, es viernes. Un par de horas en clase y tendré dos días enteros para mi.
"Recuerda que tenemos que ir a comprar unos vaqueros", me recuerda la voz de mi mente.
Ir a comprar unos vaqueros, reordenar la habitación, leer el libro de lengua... Repaso la lista otra vez y espero que no falte nada. Ya casi es la hora de salir si no quiero llegar tarde otra vez. Pero como siempre, cuando voy a salir por la puerta, recuerdo que me he dejado el libro de lengua encima de la cama. Subo corriendo las escaleras y lo cojo. Para cuando voy a salir he perdido 5 minutos. Me toca correr otra vez si no quiero entrar tarde a clase. Salgo por la puerta y me giro para cerrar con llave, entonces alguien toca mi hombro. Me giro, asustada, y golpeo la cara de quién sea como un acto reflejo.
-JODER, REBECCA.-Grita Marcos sujetándose la nariz, que ha empezado a sangrar.
No digo nada, realmente no estoy arrepentida de haberle pegado. Ha sido su culpa por asustarme, y en parte por lo que pasó ayer. Le ignoro, paso por su lado como si nada hubiese pasado y sigo mi camino, a paso rápido, hacia el instituto. Antes de llegar a la esquina, alguien agarra mi brazo; esta vez no me giro abruptamente, no hay golpes de por medio, sé quién está detrás mía. Marcos.
-Deja de acosarme, Marcos. Si no dejas de seguirme voy a acabar denunciándote.-Digo con voz sardónica. Él suelta un bufido.
-Eres tú quién me ha agredido.-Intento que la sonrisa no salga a mis labios, pero la comisura de mi boca se eleva ligeramente.
Me libero de su agarre y sigo andando, ignorándolo. ¿He dicho ya que las mañanas no son lo mío?
"Ahora mismo no podrías mantener una conversación ni aunque quisieses", se ríe esa vocecilla de mi cabeza.
Sigo andando, miro el reloj, diez minutos. Acelero aun más el paso, Marcos siguiéndome de cerca. Le ignoro, saco mis cascos, los enchufo al móbil y pongo la música a tope. Espero que Marcos haya pillado la indirecta y se vaya por su propio camino. Por fin llegamos, dos minutos antes de que suene la campana, estoy agotada. Correr por las mañanas no es nada agradable, pero por lo menos no he vuelto a llegar tarde a la clase de la señora Mariam. Oh, joder, había olvidado que esa era la primera hora. Apago los cascos y entro en el baño. Veo a Marcos pasar de largo y entrar en clase. No quiero aguantar toda una clase sentada a su lado, porque básicamente no quiero contarle nada relacionado con las lágrimas de ayer, porque conducirían a Álex y no.
"Decide rápido, solo medio minuto para que suene el timbre", dice la vocecilla.
Decide rápido, sí, buena idea. Salgo del baño y corro en dirección contraria a la clase: a la calle. Voy a saltarme las clases de hoy. No quiero afrontar nada de esto, ver a Marcus es ver a Álex y pensé que ya había superado eso, pero no. Solo estaba profundamente enterrado en mi mente y ahora todo tiene ganas de salir de golpe. No estoy preparada para un ataque de pánico en clase. No, ha sido una gran decisión saltarme las clases... aunque puede que eso me cueste un suspenso en lengua. No, has hecho bien Becca, tenías que salir de ahí.
Ahora estoy parada en la puerta del instituto, camino, sin rumbo, hacía donde los pies decidan llevarme. Acabo sentada en un banco en dios sabe dónde. Oigo pájaros cantar a mi alrededor y un par de señores mayores charlando en el banco contiguo. Aquí hay tanta paz... ojalá pudiese encontrarla también en mi mente. Me distraigo mirando a dos pájaros volar por encima de mi cabeza y deseo tener alas para poder volar lejos de aquí, lejos de toda esta mierda.
Miro al cielo, y entonces mi móvil empieza a sonar. Miro el reloj: las once. Es tarde, pero bueno, tampoco tengo nada que hacer. Miro el móvil y es un mensaje, de Marcus:
¿DÓNDE ESTÁS? ¿POR QUÉ NO HAS APARECIDO EN CLASE? CONTÉSTAME, POR FAVOR, ESTOY PREOCUPADO.
Sí, claro, preocupado. Se siente culpable por haberme hecho llorar ayer y realmente debería decirle que no fue su culpa, pero prefiero hacerle sufrir un poco más, se lo merece por haber aparecido en mi casa de esa manera, y por haberme asustado esta mañana. No sé si contestarle, quizás sea lo mejor, no quiero que vuelva a presentarse en mi casa o algo por el estilo. Sí, tendré que contestarle.
NO SÉ DONDE ESTOY, SOLO NECESITABA ALEJARME DE TODO ESO.
Ni dos segundos después llega una respuesta:
¿CÓMO QUE NO SABES DÓNDE ESTÁS? ¿ESTÁS PERDIDA?
Oh, joder, eso solo ha empeorado las cosas. No pasa nada, centrémonos en una contestación lógica.
SOLO HE EMPEZADO A ANDAR SIN RUMBO, YA ENCONTRARÉ COMO VOLVER, SOLO DÉJAME.
Pero no, esa petición era demasiado para Marcus y vuelve a contestar. Maldito hombre cabezón.
TE DEJO, PERO LLÁMAME CUANDO LLEGUES A CASA, TENEMOS QUE HABLAR.
Sí, claro, voy a llamarlo en cuanto llegue. La vocecilla se ríe en mi mente. Ni loca. Miro el reloj, y me doy cuenta que quizás si debería volver a casa. Miro en el GPS de mi móvil y me doy cuenta que estoy realmente lejos del instituto, he andado muchísimo y sin ni siquiera darme cuenta. Echo a andar esperando encontrar mi casa.
Una hora y media después no encuentro mi casa. No sé donde estoy exactamente y mi GPS ha implosionado. Necesito ayuda y no puedo llamar a mis padres porque entonces se enterarán que no he ido a clase y no puedo permitirme eso. No tengo más amigos que yo misma y... estoy jodida. Sé que solo hay alguien a quién puedo llamar y no quiero, pero el cielo azul y despejado ha desaparecido y cada vez las nubes de tormenta están más cerca. Justo cuando ese pensamiento cruza por mi mente una gota cae en mi brazo, corro hacía un patio y me quedo ahí.
"Enhorabuena, genio, ahora solo puedes recurrir a quién menos quieres recurrir" la vocecilla no para de reírse en mi cabeza y me niego a asimilarlo, pero sé que tiene razón.
Cojo el teléfono, fantástico, solo me queda un 6% de batería. Sí, decisión tomada. Recorro la lista de nombres de mi lista y mi dedo se posa involuntariamente en el nombre de Álex, e intento no llorar, pero mi vista se vuelve borrosa. Sigo bajando y marco el número de Marcus antes de que mi cerebro lo impida. Al segundo timbrazo oigo su voz:
-¿Hola? ¿Estás bien, Rebecca?- su voz es un susurro y me doy cuenta de que es hora de clase. No había pensado en eso, da igual, necesito ayuda.
-Espero que hayas salido fuera de clase a contestar, porque necesito tu ayuda.-Intento que mi voz no se quiebre, pero no puedo.
-¿Estás bien? ¿Qué pasa? ¿Qué necesitas?
-Necesito que vengas a recogerme, el problema es que no sé dónde estoy- mi voz se parte una vez más.
-Vale, vale, está bien.-Mi teléfono pita, quedándose sin batería.-Sí, sí, lo siento señor, pero mi madre necesita ayuda urgente-oigo su voz amortiguada, supongo que está hablando con el profesor para conseguir salir. Por alguna razón eso me hace gracia y empiezo a reír.
-Me alegra saber que soy tu madre-digo sardónica.
-Calla y dime que ves a tu alrededor.
-Es una calle pequeña, con muchas flores en los balcones y poco tránsito. Veo un bar que se llama Central Perk y una pequeña librería en la esquina con un cartel que pone: "Bienvenido a Neverland"
-Oh, joder, sé donde estás. No comprendo tu suerte, pero entra en la librería y habrá una señora mayor, dile que me conoces y espérame ahí. Ahora voy.
Me dirijo a la librería corriendo, intentando no mojarme demasiado. La lluvia ha empezado a caer a mares...
"Y tú acabas de pedirle a un motorista que te recoja, otro punto para la genio", dice la voz. Y, maldita sea, tiene razón. Da igual.
Entro a la librería y una señora mayor, con el pelo tintado de morado y muchas arrugas me saluda.
-Hola, hola, so-soy Rebecca. Tengo que esperar aquí a alguien, me ha dicho que usted le conoce, se llama Marcus.
-¿Eres amiga de mi nieto?
martes, 23 de septiembre de 2014
Caliente Invierno
Nevaba, nevaba mucho, pero tenía que ir a la casa de campo para ayudar al nuevo inquilino a instalarse. Mientras conducía entre la nieve vio un coche parado en el arcén. Paró para ver si necesitaban ayuda.
-¿Necesita ayuda?-peguntó en alto.
Al rato se dio cuenta de que hablaba con el aire ya que no había nadie en el coche ni en los alrededores. Eso significaría que ya se habría ido...o eso suponía.
Prosiguió su camino. Estaba aburrido y eso que aún le quedaban unos buenos veinte minutos de viaje. Para distraerse un rato y desconectar encendió la radio. Pocos metros más adelante le pareció ver una sombra entre la nieve. De pronto vio a una jovencita, de no más de veinticinco años de edad, caminando a duras penas entre la nieve y al fijarse se dio cuenta de que llevaba manoletinas... ¿A quien se le ocurre?, pensó. Aunque tampoco estaba seguro ya que solo la veía por detrás, de pronto ella se desmayó o se cayó, pero ya daba igual él había parad el coche de golpe y había bajado a ayudarla. Se acercó a ella corriendo. Se había caído, pero estaba intentando ponerse en pie, eso era bueno. Menos mal, pensó.
-¿Estas bien, chiquilla?-preguntó intentando ayudarla, cosa que ella rechazó.-Déjame ayudarte-pidió, pero ella seguía rechazándolo. Bueno ella sabría lo que hacía...
Como ella no quería que le ayudara decidió fijarse en cómo era ella. Ella era un bomboncito. Era preciosa y chiquitita, ella mediría alredor de un metro sesenta y poco, así que comparada con su metro noventa y cinco...ella era como una cosita pequeña, pero la cosita más sexy, provocativa y guapa que jamás hubiera visto. Desde sus pies descalzos, pasando por sus muy bien torneadas piernas. Sus caderas redondeadas y sus muy, muy, muy bien redondeado trasero perfecto para agarrarlo y pellizcarlo, esto lo delataban unos pantalones vaqueros ajustados. No podía decir mucho de su vientre porque llevaba una camiseta suelta y un abrigo fino, para nada adecuado para ese clima. Se imaginaba un vientre plano, liso y perfecto. Sus pechos, a pesar de la camiseta ancha, se veían perfectamente lo que decía que tenía pechos abundantes que contrastaban con su pequeña estatura. Se vio a si mismo levantando su ancha camiseta, desabrochando su sujetador y pasándose un buen rato reverenciando esos maravillosos pechos. También se imaginó besando esa parte entre se hombro y su cuello. Después de esa minuciosa inspección de su cuerpo se trasladó expectante a su precioso rostro. Era una chica guapa, muy guapa. Tenía unos labios llenos y sensuales, perfectos para pasarse horas y horas besándolos, mejillas redondas y suavemente sonrojadas por el esfuerzo de levantarse. Tenía una pequeña nariz que iba completamente acorde con el resto de su cuerpo y una frente ligeramente tapada por un flequillo de lado. Lo más espectacular de todo su rostro eran sus ojos, unos enormes ojos azules enmarcados de un mar de pestañas negras. Todo ella era una obra de arte. Estaba hecha para amarla.
-No necesito tu ayuda.-Declaró ella sobresaltándolo, apartando su precioso cuerpo de su mente.
-¿Qué haces por aquí sola, chiquilla?-preguntó Ismael.
-Voy a instalarme en una casa que he alquilado y el coche me ha dejado tirada.
Ismael sabía que la única casa cerca era la suya. Jodido destino, pensó en silencio mientras se reía entre dientes.
-¿Era tu coche el que estaba parado en el arcén hay atrás?
-Sí, por cierto me llamo Catalina.-Dijo ella extendiéndole una mano, la cual el estrechó con mucho cuidado ya que ella aunque ya se había levantado parecía frágil, muy frágil.
-¿Te llevo yo, preciosa?-preguntó pícaro.
-Supongo que es eso o me voy andando hasta allí y tengo los pies tan congelados que dudo que llegue allí sin poder amputarme un pie.
-¿Qué no pensaste en nuestro clima?-preguntó.
-Porque no esperaba que el coche fallara justo ahora.
-Vamos al coche.-Dijo Ismael haciendo una reverencia para que ella pasara primero, cosa que causó la risa de ella, melodiosa y linda, y Ismael se sintió orgullosos de haberla hecho reír, rápidamente apartó ese pensamiento de su cabeza.
Él iba justo detrás de ella, cosa que le permitía estudiar más afondo que antes su precioso trasero. El movimiento de sus caderas le estaba volviendo loco, teniendo en cuenta que hacía tanto tiempo que no... Rápidamente intento apartar esos pecaminosos pensamientos de su cabeza. Apartó la vista de su trasero y se centró en su pelo largo pelo negro como el carbón, que casi le llegaba a las caderas...en ese momento como por arte de magia Catalina se paró de golpe y perdió el equilibrio. Ismael la cogió antes de que cayese y descubrió que se había desmayado.
Corrió al coche, con ella en brazos, y la depositó en el asiento trasero de su jeep, a falta de otro lugar para dejarla. Alcanzó una botella de agua de la mini nevera que había traído para casos de emergencia. Rápidamente la abrió y se aplicó un poco de agua en las manos y le mojó la cara delicadamente a Catalina. Ella no reaccionó. Dios que suave era. Eres un vicioso, pensó no era justo que él pensara en estas cosas estando ella inconsciente, pero no lo podía evitar, ella estaba adorable y apetecible tumbada en el capo del coche. Aplicó agua también en sus hombros y su cuello. Entonces ella abrió los ojos y lo miró fijamente.
-¿Qué me ha pasado?-preguntó ella.- ¿Dónde estoy?-dijo sin apartar los ojos sin de los de él.
Él soltó un suspiro, alegrado de que ella hubiera reaccionado.
-Te has desmayado y estas en mi coche, y antes de que preguntes te he traído yo hasta aquí, en brazos.
Catalina se quedó un momento traspuesta, asimilando esta información. Cuando la hubo asimilado dijo:
-Gracias por todo, ¿eso que tienes en la mano es agua? ¿Me das?-preguntó ella batiendo sus largas pestañas, coqueta.
Él se río ante ese gesto y le entregó la botella de agua. Ella bebió desesperada, como si le fuera la vida en ello.
-Tranquila, tengo más, no te preocupes. Creo que te has desmayado por no comer. ¿Cuánto hace que no comes, preciosa?
-No sé...creo que comí algo antes de salir de mi casa, hará unas cinco horas.
-Madre mía. Tienes que tener mucha hambre, espérame aquí que en el coche tengo algunas chocolatinas.
Ella sí que tenía hambre, mucha hambre, pero no de lo que Ismael se imaginaba. Ella tenía hambre de él.
Se había sentido muy desconcertada y a la vez muy gratificada al sentir sus manos en su cuello y en sus hombros y al abrir los ojos ver una beta de preocupación en los suyos. Se había tenido que pasar un rato mirándole para cerciorarse de que la había visto de verdad que no había sido su imaginación. Pero había sido verdad. Él, ese adonis… se había preocupado por ella. Aunque Ismael representara una gran tentación para ella, lo aguantaría. Además añadido a esta tentación había pillado a Ismael mirándole los pechos y, que Dios le ayudara, pero sentir que le gustaba la excitaba y mucho...
Hablando del rey de roma, en ese momento salió del coche con una cuantas chocolatinas en las manos y se las tendió para que eligiera la que más le gustara ella ni siquiera las miró cogió la primera que vio y se la comió. Estaba famélica.
Después de comerse cinco barritas, se metió en el coche junto a Ismael y se dirigieron a la casa.
La tensión durante el viaje fue palpable. Ismael no hablaba y Catalina no sabía que decir…
Ismael puso la radio, y Catalina supuso que para aliviar un poco la tensión. Cosa que consiguió ya que empezó a sonar una canción que Catalina adoraba y se puso a cantar a lo que Ismael se rió aliviando así la tensión. El resto del trayecto fue tranquilo, con Catalina cantando e Ismael haciéndole pequeños comentarios sobre ello.
Al llegar a la casa Ismael intentó acercarse lo más posible a la puerta para que ella no tuviera que chafar más nieve, aun así al subir los dos escalones principales un pie se le escurrió y por casi aterriza en el suelo, pero no. Ismael la alzo en brazos y la deposito suavemente en el suelo. Ella le miró, por primera vez ambos de pie uno frente al otro era más que notable la diferencia de altura. Ella se puso de puntillas, pero aun así no llegó muy lejos… En ese momento sintió unas manos bajar por su espalda y caer en su culo para luego de golpe levantarla, igualándolos en altura, permitiéndose poder besarle… Fue un beso sensual, tranquilo, pero ardiente…
sábado, 20 de septiembre de 2014
Marcus #2
Después de un día agotador he llegado por fin a casa. Llevo todo el día pensando en el maldito Marcus, resulta que compartimos todas las clases, por suerte para mi en la segunda hora ya no se ha sentado conmigo. Por lo que se ve ha pillado que no quería saber nada de él además de lo estrictamente necesario. Gracias señorita Miriam por hacer que me espere un trimestre teniendo que estar con él. Dejo el peso muerto de mi mochila encima de la cama y me dirijo al baño. Hora de una ducha caliente que me haga olvidar la mierda de día que he tenido. Me meto en la ducha y, en contra de mi voluntad, mi cerebro comienza a pensar por si solo. Decenas de escenas mías con Álex cruzan mi mente. Flashes de los momentos tan felices que pasamos juntos. Su sonrisa, su risa, sus ganas de vivir. Sin quererlo una lágrima se desliza por mi mejilla y otra le sigue. Le echo tanto de menos.
"No fue tu culpa", dice esa vocecilla en mi cabeza.
Lo sé, sé que no fue mi culpa pero eso no hace que no quisiera que él estuviese aquí. Apago el agua y salgo, la ducha ha sido una mala idea. Cuando me estoy secando tocan al timbre. No hay nadie más en casa, mis padres están trabajando y yo no tengo ganas de abrir, así que solo dejo que quién sea que haya en la puerta se canse y se vaya. Sigo secándome tan tranquilamente, pero el timbre no para de sonar.
-JODER.
Me envuelvo en una gran toalla y bajo las escaleras corriendo.
-VOY, YA VOY. PARA DE TOCAR-Grito por el camino.
Abro la puerta sin preguntar siquiera quién es y al abrir me encuentro mirando fijamente a una camiseta negra de un grupo de música que mi mente no consigue reconocer. Levanto la cabeza y veo esos malditos ojos dispares. En mi cabeza vuelven a pasar flashes de Álex, confundiendo su cara con la de Marcus.
-¿Qué cojones haces aquí? ¿Quién te ha dicho donde vivo?-pregunto indignada.
-Hola a ti también-me dice con una sonrisa sarcástica mirando mi "atuendo" y entonces caigo en la cuenta que estoy en toalla e intento reunir la mayor dignidad posible.
-Te he preguntado que qué haces aquí.-Me sonríe-¿Sabes qué? Me da igual, simplemente lárgate de mi casa. Adiós-Empujo la puerta con intención de cerrarle en la cara, pero sujeta la puerta con su mano y un flash de Álex haciendo lo mismo pasa por mi mente. -¿Qué mierda quieres Marcos?- intento poner toda la fuerza en mi voz, pero esa última imagen de Álex me ha dejado al borde de las lágrimas.
-He venido para verte, necesitamos hablar- Álex dijo lo mismo antes de...-Hablar del trabajo de lengua.
-No quiero hablar del maldito trabajo de lengua, quiero que te largues de mi casa.-Digo, cada vez estoy más inquieta, las lágrimas se agrupan detrás de mis ojos.
-No quiero suspender, querida Becca.-Demasiado, eso ha sido demasiado. Solo Álex me llamaba Becca, está mañana lo dejé pasar pero ahora no puedo. Simplemente no puedo.
-NO-ME-LLAMES-BECCA.-Digo cada sílaba lentamente.
-Claro, Becca.
Esa actitud desafiante puede conmigo. De repente Marcus se transforma en Álex a mis ojos y las lágrimas empiezan a caer libremente por mis ojos. Marcus se queda mirándome, parece afectado, pero no podría decir, no veo demasiado bien entre mis lágrimas.
"No deberías haber abierto", susurra la voz.
Empujo la puerta con todas mis fuerzas y esta vez Marcus no lo impide, solo se queda ahí. Cierro la puerta del todo y me dejo caer contra ella hasta quedar sentada en el suelo. Abrazando mis propias rodillas y llorando desconsoladamente. Ha sido demasiado. Demasiada sobrecarga emocional.
-Rebecca lo siento, ábreme por favor, no quise hacerte llorar- Escucho su voz amortiguada por la puerta.
-SOLO VETE-grito entre lágrimas.
Nada se escucha, solo me quedo ahí llorando en el suelo no sé cuanto tiempo, pero cuando me levanto ya estoy seca, solo las puntas de mi pelo se mantienen mojadas, subo las escaleras y me dejo caer en la cama. A la mierda los deberes, a la mierda todo. Me pongo el pijama y caigo rendida en la cama, dispuesta a llorar hasta dormirme. Y eso, exactamente, es lo que ocurre.
"No fue tu culpa", dice esa vocecilla en mi cabeza.
Lo sé, sé que no fue mi culpa pero eso no hace que no quisiera que él estuviese aquí. Apago el agua y salgo, la ducha ha sido una mala idea. Cuando me estoy secando tocan al timbre. No hay nadie más en casa, mis padres están trabajando y yo no tengo ganas de abrir, así que solo dejo que quién sea que haya en la puerta se canse y se vaya. Sigo secándome tan tranquilamente, pero el timbre no para de sonar.
-JODER.
Me envuelvo en una gran toalla y bajo las escaleras corriendo.
-VOY, YA VOY. PARA DE TOCAR-Grito por el camino.
Abro la puerta sin preguntar siquiera quién es y al abrir me encuentro mirando fijamente a una camiseta negra de un grupo de música que mi mente no consigue reconocer. Levanto la cabeza y veo esos malditos ojos dispares. En mi cabeza vuelven a pasar flashes de Álex, confundiendo su cara con la de Marcus.
-¿Qué cojones haces aquí? ¿Quién te ha dicho donde vivo?-pregunto indignada.
-Hola a ti también-me dice con una sonrisa sarcástica mirando mi "atuendo" y entonces caigo en la cuenta que estoy en toalla e intento reunir la mayor dignidad posible.
-Te he preguntado que qué haces aquí.-Me sonríe-¿Sabes qué? Me da igual, simplemente lárgate de mi casa. Adiós-Empujo la puerta con intención de cerrarle en la cara, pero sujeta la puerta con su mano y un flash de Álex haciendo lo mismo pasa por mi mente. -¿Qué mierda quieres Marcos?- intento poner toda la fuerza en mi voz, pero esa última imagen de Álex me ha dejado al borde de las lágrimas.
-He venido para verte, necesitamos hablar- Álex dijo lo mismo antes de...-Hablar del trabajo de lengua.
-No quiero hablar del maldito trabajo de lengua, quiero que te largues de mi casa.-Digo, cada vez estoy más inquieta, las lágrimas se agrupan detrás de mis ojos.
-No quiero suspender, querida Becca.-Demasiado, eso ha sido demasiado. Solo Álex me llamaba Becca, está mañana lo dejé pasar pero ahora no puedo. Simplemente no puedo.
-NO-ME-LLAMES-BECCA.-Digo cada sílaba lentamente.
-Claro, Becca.
Esa actitud desafiante puede conmigo. De repente Marcus se transforma en Álex a mis ojos y las lágrimas empiezan a caer libremente por mis ojos. Marcus se queda mirándome, parece afectado, pero no podría decir, no veo demasiado bien entre mis lágrimas.
"No deberías haber abierto", susurra la voz.
Empujo la puerta con todas mis fuerzas y esta vez Marcus no lo impide, solo se queda ahí. Cierro la puerta del todo y me dejo caer contra ella hasta quedar sentada en el suelo. Abrazando mis propias rodillas y llorando desconsoladamente. Ha sido demasiado. Demasiada sobrecarga emocional.
-Rebecca lo siento, ábreme por favor, no quise hacerte llorar- Escucho su voz amortiguada por la puerta.
-SOLO VETE-grito entre lágrimas.
Nada se escucha, solo me quedo ahí llorando en el suelo no sé cuanto tiempo, pero cuando me levanto ya estoy seca, solo las puntas de mi pelo se mantienen mojadas, subo las escaleras y me dejo caer en la cama. A la mierda los deberes, a la mierda todo. Me pongo el pijama y caigo rendida en la cama, dispuesta a llorar hasta dormirme. Y eso, exactamente, es lo que ocurre.
jueves, 18 de septiembre de 2014
Flash #5
Discusiones eternas que todo el mundo tiene, ¿para que discutir si podemos amarnos? La mayor discusión siempre es conmigo misma, gritándome que hable, o calle, según el momento, pero siempre pidiendo coherencia y actuación. Gritándome que luche, que viva, pero yo no sé si escucharla o ignorar sus ordenes... Quizá tenga razón.
miércoles, 30 de julio de 2014
Flash #4
Lentos latidos de mi corazón enfermo que me acalla cuando grito, que te espanta cuando vuelves. Desearía ser más, o ser tan solo lo que deseas, pero el tiempo pasa lento y cada vez muero más y más por dentro. Expiraste tu último suspiro y yo mi última lágrima, ya que mi corazón latió muerto en aquel momento en que desapareciste para jamás volver y ahora, lo siento, el frío me reccore y desisto a la tan deseada muerte.
jueves, 3 de julio de 2014
Flash #3
Ansiedad sacude mi pecho y le impide respirar, yo me ahogo en mis problemas mientras mi corazón se para y deja de amarte, porque tu causaste esto y ahora no estás, él te echa en falta y decidió dejar de trabajar. Ahora yo me muero sin poder estar contigo, mi corazón llora desde que te fuiste, pero ya no le quedan lágrimas, ni fuerza, solo un susurro de su lento compás, el cual aceleraba cuando volvías, pero no volverás y, mi corazón, ha decidido callar.
sábado, 28 de junio de 2014
Quizás tenga suerte.
<<Tic, tac...
Pasan los segundos lentos
mientras las gotas de agua se deslizan por el cristal de mi ventana.
Lloro en silencio, sentada en
la cama. Allí, en algún lugar está mi felicidad. Perdida. Tan perdida como lo
estoy yo. Desearía poder salir y encontrarme, encontrar esa jodida persona que
fui un día y ahora ya no está. Encontrar esa persona de la cual soy reflejo
ahora. Desearía… desearía tantas cosas… Pero no puedo tenerlas. No merezco
tenerlas. Ya no merezco nada..
Me levanto de la cama, en un
intento de parar ese incesante flujo de lágrimas. Recorro la habitación una y
otra vez. Miro por la ventana, pero la lluvia no cesa.
Salgo acelerada de la
habitación, necesito respirar. Aire. Necesito aire. Abro la puerta. Llueve a
mares. Da igual. Salgo, sin paraguas. En pijama y en pleno diciembre. Quizá no
sea la mejor idea, pero de ideas buenas no se vive. Salgo, corro bajo la
lluvia, pero sigo sin poder respirar bien. Continúo corriendo. Hace frío, estoy
empapada. Quizá tenga suerte y coja una pulmonía que acabe con esta existencia.>>
martes, 27 de mayo de 2014
El antes para mi después.
Cuando pasó, no pensé que me afectara, solo supe y pensé que estaba viviendo algo maravilloso. Cuando pasaba, cada segundo, sabía que era una pausa en mi vida, que ese simple hecho cambiaría mi vida para siempre. Sería la línea divisoria entre dos etapas: lo que fui y lo que soy. Algo tan insignificante y que sin embargo cambio mi vida. No sé muy bien como explicarlo porque fue algo demasiado grande y a la vez demasiado pequeño. Lo fue todo y se convirtió en nada. Fue cielo y tierra a la vez. Fueron alegrías y tristezas. Quién sabe si hubiese podido seguir así, dudo que nunca lo sepa. Pero algo si que sé, fue la razón de mi cambio y merece el mérito de ello. ¿Qué fue? Demasiadas respuestas para una sola pregunta. Fueron momentos tan maravillosos y tan felices que mi mente insiste en revivirlos cada vez que cierro los ojos, me persiguen en sueños y me acosan despierta, lo odio y a la vez lo amo. Jamás quiero olvidar eso, pero tampoco quiero revivirlo una y otra vez porque hace mi realidad un poquito más dura cada vez. Aquello fue tan bueno y esto es tan... mediocre. Quizás vuelva, quizás cambie, quizás... tantas posibles soluciones sin tener un real problema. No sé, dudo que esto tenga ningún final.
Algo sí que sé: fue el antes para mi después.
Algo sí que sé: fue el antes para mi después.
sábado, 25 de enero de 2014
Flash #2
Coherencia, eso que mi mente desea, que mi pensamiento anhela; porque la incoherencia es caos, y el caos es perdición, una perdición que me consume, me atrapa y me destroza. Dejando tras de sí, un huevo vacío y sin sentido. Desearía llenar ese hueco, pero no puedo, no sé como, y cada vez lo necesito más y más, porque ya queda menos para ceder al desvanecimiento.
lunes, 20 de enero de 2014
Flash #1
Belleza o fealdad, simples términos ambiguos, uno es bello siempre, ¿por qué existe, pues, la fealdad? ¿Acaso no todos somos bellos siempre? ¿Acaso no todos merecen la belleza? No, no todos. Algunos la merecen, otros la tienen, otros la buscan. Pero no existe. Tan solo es otro término fugaz y efímero, que como sus vidas... desaparecerá. Desaparecerá, y con ellos, la fealdad.
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