Sonríe, nadie lo hará por ti.

jueves, 3 de mayo de 2012

Capítulo 4.


CAPÍTULO 4

Vuelve a hablar Ismael…
Sheila esta parada delante de mí, mirándome fijamente, su mirada lasciva ha desaparecido al ver a Dana a mí lado. Rio para mis adentros.
 -Buenos días Sheila, ¿querías algo?- le pregunto, cortés.
 -Dana, tu madre ha llamado, decía que era urgente.-Comenta ella sin que ningún tipo de emoción cruce su rostro, me pregunto si tendría sentimiento alguno.
Me concentro en Dana, que ahora tiene la mirada perdida en un punto fijo en el horizonte. Paso mi mano varias veces por delante de sus ojos, ella no reacciona, comienzo a preocuparme. La agarro de los hombros y la zarandeo ligeramente, y por fin ella reacciona y enfoca mi cara. Una solitaria lágrima se desliza por mejilla y me abraza con todas sus fuerzas, en ese momento me doy cuenta que Sheila sigue mirándonos, le cierro la puerta en las narices y me dirijo de nuevo hacia la cama sin separarme ni un milímetro de Dana. Caemos en la cama, ella sobre mí. Pone su cabeza en el hueco de mi cuello y empieza a llorar, no sé porque llora, me siento un tanto impotente. La mujer que quiero (sí, la quiero) esta llorando y no puedo hacer nada. Quiero preguntarle porque llora, pero al ver sus lágrimas mi garganta se cierra y sé sin ninguna duda que si hablo mi voz se romperá. Mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras. De momento me centro en consolarla, solo la abrazo mientras ella llora en mi hombro.
Ha pasado un largo rato, llevamos minutos, quizá horas, abrazados, Dana se ha dormido hace rato después de estar largo rato llorando. He probado a moverme de su lado, pero eso parece perturbarla, así que he decidido quedarme quieto abrazado a mi ángel. Yo no tengo sueño, así que la observo. Miro y analizo sus perfectas fracciones bajo la tenue luz que proporciona ventana entreabierta. Es preciosa. Me quedo embobado mirándola. Observarla se esta convirtiendo en mi pasatiempo favorito.
Horas más tarde…
Dana se esta duchando en el baño de mi habitación. Cuando hemos despertado hemos compartido un par de besos, pero no tan apasionados como los de antes, han sido unos besos más como una reverencia hacia su belleza que como esos besos hambrientos que nos hemos dado antes de que Sheila llegara.
Estoy tumbado en la cama, mirando al techo. Escuchándola cantar una balada desconocida para mí, me enternece saber que canta en la ducha. Nunca antes había escuchado esa canción, no estoy seguro si es la canción o la persona que la canta pero es preciosa. El cuarto está sumido en las sombras oscuras que refleja la suave luz del mediodía entrando por la rendija de la ventana. Hoy no hemos ido a clase, eso debería preocuparme, antes me preocupaba, ahora tengo cosas mejores que hacer que ir a clase, como por ejemplo consolar a quien a día de hoy es mi vida. No tengo ni la más mínima idea de cómo ha pasado esto, pero estoy completamente enamorado de ella. Es raro, nos conocemos de hace un par de semanas, pero estoy seguro de que ella lo es todo para mí. La adoro. La quiero. La amo. Ahora me planteo otra duda, ¿se lo digo? No, si se lo dijera ella se alejaría, diría que todo va muy rápido…
En ese momento un ruido interrumpe mis pensamientos. Me giro hacia el baño, de donde procedía el sonido, y la veo allí, bañada por un halo de luz, es un ángel etéreo. Tiene el pelo mojado y esta toda sonrojada. Solo una toalla la envuelve, y ese pensamiento me deja un tanto nervioso, no se como actuar ante una chica con solo una toalla. Es una de las visiones más bellas que alguna vez haya podido ver.
 -Ismael, necesito algo de ropa.-Me dice agachando la cabeza, intentando esconderse.
Me levanto y me dirijo hacia ella, me alzo en mi metro ochenta de altura justo ante ella, la cual se queda un tanto pequeña con su metro sesenta y cinco, pero para mi es perfecta. Pongo un dedo bajo su barbilla, alzándole la cabeza para que me mire. Y ahora sí, la beso con toda mi hambre refrenada cuando ha venido Sheila. Ella me devuelve el beso con igual desenfreno. El hambre por el otro nos consume, y aleja al resto del mundo de mí. Todo a mí alrededor se desvanece dejando solo paso a Dana, solo ella, toda ella ocupa mi mundo, toda ella ES mi mundo.
Largos segundos han pasado ya y seguimos besándonos, ahora me hago consciente que ella solo lleva una toalla y yo solo llevo un par de pantalones. Pero aun no es tiempo de eso, tendremos tiempo en un futuro, ahora solo quiero seducirla, adorarla en toda su gloria.
Y como no, alguien toca a la puerta. Dana se separa de mí, yo me dirijo a la puerta mascullando maldiciones en voz baja, estoy harto de que la gente nos interrumpa.
Abro la puerta y un director enfadado me mira fijamente.
-Señor Hernández, ¿Qué hace usted aquí, que no está en clase?-Me pregunta con el ceño fruncido.-Sus padres me dieron estrictas instrucciones de que no debe descuidar lo más mínimo sus estudios.
Imagino que sería un desastre si le dijera la verdad: que me había quedado dormido y después había estado besándome con mi chica. Más que un desastre sería un grandísimo error, ya que se lo diría a mis padres, los cuales me cambiarían de internado, a uno sin distracciones femeninas. Así que opto por poner mala cara y decir:
-Me encontraba muy mal esta mañana, no creí conveniente que fuera a clase y contagiar al resto de mis compañeros-le digo con la cara más seria que puedo conseguir.
Esto le cambia la cara, una pequeña sonrisa asoma por la comisura de su boca, rápidamente lo esconde.
-Está bien señor Hernández, pero si vuelve a pasar quiero ser informado, no tener que tener que ir a buscarlo.
-De acuerdo, señor director, no volverá a pasar.
En ese momento el director da media vuelta y yo cierro la puerta a mis espaldas.
Me giro y veo a Dana salir del baño con la misma camiseta que aquel primer día le presté. Ha cogido un peine y esta cepillando su larga cabellera color caoba. Me entran unas ganas locas de peinarla yo. Así que se lo digo:
 -¿Me permites peinarte?- le digo tendiendo mí mano esperando que  me tienda el peine, mis expectativas se ven realizadas cuando ella lo posa en mi mano.-Siéntate en la cama, yo me sentaré detrás tuya.
Ambos nos encaminamos hacia la cama, yo apoyo mi espalda en la pared y ella se sienta entre mis piernas, poco a poco voy desenredando su pelo. Hablamos de cosas insustanciales, siento deseos de preguntarle porque lloraba, pero presiento que se lo tomaría mal. De todas formas, necesito preguntárselo:
-Dana, ¿por qué llorabas?-pregunto.
Ella permanece en silencio por largo rato y después me dice en un susurro:
-Alguien de mí familia ha muerto-en la última palabra su voz se parte, y con ella un trocito de mi corazón, al ver que ella sufre.
A pesar de que sufro por su perdida, me extraña que sepa que alguien ha muerto, teniendo en cuenta que lleva más o menos doce horas conmigo, y Sheila ha venido hace solo un par de horas… ¿Cómo ha podido saber que alguien ha muerto sin hablar con su familia?
-¿Cómo sabes que alguien ha muerto si no has hablado con nadie aparte de conmigo en unas doce horas?-pregunto sin poder contener mi curiosidad.
-Lo sé, simplemente lo sé…- me contesta misteriosamente.
Ha pasado un rato largo, y ella no habla, yo tampoco, no se me ocurre nada que decirle, la intriga me carcome las entrañas. Ella sabe seguro que alguien de su familia ha muerto, sin hablar con nadie… todo es muy extraño, y esto me hace recordar a Anna, ¿que será de ella? ¿Dónde estará? ¿Estará viva? ¿O muerta? Todas esas preguntas sin responder se quedan al margen cuando Dana se levanta de golpe.
-Me tengo que ir, Ismael. Ya si eso hablamos luego.-Dice levantándose y corriendo hacia la puerta.-Me llevo tu camiseta, gracias.
Y desaparece por la puerta, dejándome con la boca abierta y un peine en la mano.

domingo, 29 de abril de 2012

Capítulo 3. :)


CAPÍTULO 3

Me despierto con un grito… estaba soñando con Anna, ella venia a matarme. Miro mi reloj y me doy cuenta que es hora de ir despertándose, me giro para salir de la cama y…
Suspiro aliviado al ver a Dana justo a mi lado, ya pensaba que nunca la volvería a ver.
Ella esta dormida, sus fracciones completamente serenas, con una expresión de tranquilidad extrema. Su cabello esparcido por mi almohada, sus bellos labios entreabiertos, pidiendo a gritos un beso. Sus largas pestañas apoyadas en sus pómulos. En ese momento una arruga se dibuja en su frente, creando un gesto de concentración y de golpe abre sus ojos. Me quedo paralizado al verlos completamente blancos, parpadeo y vuelven a ser verdes, me extraño juraría haberlos visto blancos. Dana interrumpe mis profundos pensamientos:
-Buenos días-dice desperezándose. Acercando peligrosamente sus labios a los míos.
Roza mis labios con los suyos. Me besa y yo me paralizo, sin poder reaccionar, pero ese sentimiento dura muy poco tiempo. Mi cuerpo entero vibra y le devuelvo el beso con hambre y desesperación. Mis labios castigando a los suyos, nos enzarzamos en un duelo de lenguas. Dana se sube encima de mí, tirándome de la cabeza hacia arriba para poder intensificar el beso. Quiere consumirme. Paramos unos segundos para respirar, segundos en los que aprovecho para mirarla, mirar a ese ángel sentado en mí estómago, esa belleza que me devuelve la mirada con las pupilas dilatadas por la pasión. Se inclina para reanudar el beso y en ese momento alguien toca a la puerta. Decido ignorarlo, pero insiste e insiste. Yo desisto y voy a abrir. Allí de cuerpo presente está Sheila, con su mirada penetrante.
Dana aparece detrás de mí. Posa su mano en mi espalda y siento como si un choque de electricidad recorriese todo mi cuerpo. En ese momento reacciono y la abrazo posesivamente. No quiero que nadie me la quite ahora, es más quiero que todos se enteren de lo que ahora ha pasado. He probado el sabor de su boca y me he convertido en un adicto a ese sabor.
Contado por Dana…
Anna me ha advertido. No puedo acercarme a Ismael. Pero va en contra de mis fuerzas, lo quiero. Siento un vínculo con él. Sé que él en algún momento será el único y no pueden pedirme que lo deje por que ellas piensen que es una amenaza para nuestra raza, él no nos hará nada. Porque sospecho que me quiere tanto como lo quiero yo a él. Me han advertido de que alguien moriría si esto seguía así. Lo que no saben es que lo único que han hecho ha sido convertirlo en algo más atractivo a mis ojos, porque ahora es la fruta prohibida. De todas formas quiero seguir con él, he intentado mantenerme alejada, pero no puedo. Siento una fuerza que me atrae hacia él. No sé exactamente lo que es, pero quiero averiguarlo.
Una vez que Anna me ha dejado salir, aunque bajo la amenaza de matar a alguien de mi familia, he ido corriendo hacia la habitación de Ismael. Parece mentira como en poco más de un par de semanas haya pasado de ser la habitación de Eric y Jorge a ser la habitación de Ismael.
Ahora mismo me paro justo en su puerta, me siento insegura de si seré bien recibida. Son casi las siete, por lo tanto deberían salir Eric y Jorge para irse a clase. Y justo en ese momento salen Eric y Jorge, ambos me saludan cordialmente con un casto beso en la frente, son como mis hermanos, llegue el mismo día que llego Eric y nos hicimos amigos mientras Anna nos enseñaba el centro. También fui la primera en saber que se atraen mutuamente pero no se lo quieren reconocer mutuamente por lo que soy la única que lo sabe, ni siquiera lo sabían entre ellos lo que me parece una perdida de tiempo y de lágrimas por ambos lados. Se quieren, mucho. Pero ninguno de los dos tiene el valor suficiente como para admitirlo y dar el primer paso. Supongo que es por miedo al rechazo pero la verdad es que veo muy tonto que no hagan más que sufrir. Jorge intenta cambiar de opinión saliendo con alguna de las chicas del internado pero en el caso de Eric es un sufridor nato, ya que ve como continuamente su amor platónico sale con chicas. Son tontos, todo el mundo en el internado sabe que se quieren mutuamente menos ellos, en algún momento se me cruzaran los cables y se lo contaré, es hora de que estén juntos. Decidido. Se lo voy a decir. Pero no ahora, ahora voy a entrar para conseguir a mi chico.
Eric y Jorge no se oponen cuando les pregunto si me dejan entrar.
Lo veo allí, tendido sobre su estómago plano y cincelado como el de una escultura griega. Su tez pálida, su pelo apoyado sobre su frente dejando entrever parte de la silueta de uno de sus ojos, que ahora están cerrados pero que cuando los abre es como si te tragaran hacia su interior, como si te hundieras en el más profundo mar intentando buscar su alma. Tiene los labios ligeramente entreabiertos, quiero besarlo. Tiene una boca creada para el pecado con esos labios perfectos que claman por ser besados, quiero concederles lo que tanto piden, pero ahora no. Ahora es momento de dormir. Dormir tendida a su lado, abrazada a él. Ahora me doy cuanta de que llevo el mismo camisón con el que entre anoche y que el seguramente se preocupara al no verme. Eso me hace sentir mal, lo deje tirado. En fin, no se puede hacer nada para cambiar el pasado, solo se puede mejorar el futuro.
Me acuesto a su lado y poco a poco me acerco a él. No lo nota, sigue durmiendo. No pasa nada, de momento todo va bien.
Tengo los ojos cerrados, pero me siento observada, lo que me hace pensar que Ismael ya se ha despertado. Abro los ojos muy lentamente, analizando las fracciones de su lindo rostro. Efectivamente, me esta mirando, como si me quisiera comer. Decido darle un pequeño empujoncito. Me desperezo, acercando sugestivamente mi boca a la suya y le beso. Al principio él no me devuelve el beso, pero de pronto reacciona y empieza a besarme enserio. Ismael tiene un sabor indescriptible, es como el mejor postre que jamás haya probado sin llegar a ser dulce. Sabe a cielo. Decido tomar la iniciativa y monto a horcajadas sobre su vientre. Intento consumirlo. Paramos momentáneamente para poder tomar aire y le miro, los ojos pesados y sus pupilas dilatadas por la pasión, sus perfectos labios separados intentando tomar aire. Es la imagen más bella que alguna vez haya visto. Él también me observa, le miro a los ojos y siento que me hundo en un profundo lago y no sé nadar, pero no hay ningún problema, él me salvará. Me agacho de nuevo y le beso y en ese justo momento alguien toca a la puerta, me enfado, no quiero que pare. Pero es un buen chico, se dirige a la puerta mientras yo, sentada en la cama, admiro su trasero ceñido por los pantalones. En la puerta esta Sheila, me acerco a Ismael rápidamente y me sorprendo al ver que el me abraza posesivamente, yo quiero acurrucarme con él, pero si Sheila esta aquí es que algo malo ha pasado.