Nevaba, nevaba mucho, pero tenía que ir a la casa de campo para ayudar al nuevo inquilino a instalarse. Mientras conducía entre la nieve vio un coche parado en el arcén. Paró para ver si necesitaban ayuda.
-¿Necesita ayuda?-peguntó en alto.
Al rato se dio cuenta de que hablaba con el aire ya que no había nadie en el coche ni en los alrededores. Eso significaría que ya se habría ido...o eso suponía.
Prosiguió su camino. Estaba aburrido y eso que aún le quedaban unos buenos veinte minutos de viaje. Para distraerse un rato y desconectar encendió la radio. Pocos metros más adelante le pareció ver una sombra entre la nieve. De pronto vio a una jovencita, de no más de veinticinco años de edad, caminando a duras penas entre la nieve y al fijarse se dio cuenta de que llevaba manoletinas... ¿A quien se le ocurre?, pensó. Aunque tampoco estaba seguro ya que solo la veía por detrás, de pronto ella se desmayó o se cayó, pero ya daba igual él había parad el coche de golpe y había bajado a ayudarla. Se acercó a ella corriendo. Se había caído, pero estaba intentando ponerse en pie, eso era bueno. Menos mal, pensó.
-¿Estas bien, chiquilla?-preguntó intentando ayudarla, cosa que ella rechazó.-Déjame ayudarte-pidió, pero ella seguía rechazándolo. Bueno ella sabría lo que hacía...
Como ella no quería que le ayudara decidió fijarse en cómo era ella. Ella era un bomboncito. Era preciosa y chiquitita, ella mediría alredor de un metro sesenta y poco, así que comparada con su metro noventa y cinco...ella era como una cosita pequeña, pero la cosita más sexy, provocativa y guapa que jamás hubiera visto. Desde sus pies descalzos, pasando por sus muy bien torneadas piernas. Sus caderas redondeadas y sus muy, muy, muy bien redondeado trasero perfecto para agarrarlo y pellizcarlo, esto lo delataban unos pantalones vaqueros ajustados. No podía decir mucho de su vientre porque llevaba una camiseta suelta y un abrigo fino, para nada adecuado para ese clima. Se imaginaba un vientre plano, liso y perfecto. Sus pechos, a pesar de la camiseta ancha, se veían perfectamente lo que decía que tenía pechos abundantes que contrastaban con su pequeña estatura. Se vio a si mismo levantando su ancha camiseta, desabrochando su sujetador y pasándose un buen rato reverenciando esos maravillosos pechos. También se imaginó besando esa parte entre se hombro y su cuello. Después de esa minuciosa inspección de su cuerpo se trasladó expectante a su precioso rostro. Era una chica guapa, muy guapa. Tenía unos labios llenos y sensuales, perfectos para pasarse horas y horas besándolos, mejillas redondas y suavemente sonrojadas por el esfuerzo de levantarse. Tenía una pequeña nariz que iba completamente acorde con el resto de su cuerpo y una frente ligeramente tapada por un flequillo de lado. Lo más espectacular de todo su rostro eran sus ojos, unos enormes ojos azules enmarcados de un mar de pestañas negras. Todo ella era una obra de arte. Estaba hecha para amarla.
-No necesito tu ayuda.-Declaró ella sobresaltándolo, apartando su precioso cuerpo de su mente.
-¿Qué haces por aquí sola, chiquilla?-preguntó Ismael.
-Voy a instalarme en una casa que he alquilado y el coche me ha dejado tirada.
Ismael sabía que la única casa cerca era la suya. Jodido destino, pensó en silencio mientras se reía entre dientes.
-¿Era tu coche el que estaba parado en el arcén hay atrás?
-Sí, por cierto me llamo Catalina.-Dijo ella extendiéndole una mano, la cual el estrechó con mucho cuidado ya que ella aunque ya se había levantado parecía frágil, muy frágil.
-¿Te llevo yo, preciosa?-preguntó pícaro.
-Supongo que es eso o me voy andando hasta allí y tengo los pies tan congelados que dudo que llegue allí sin poder amputarme un pie.
-¿Qué no pensaste en nuestro clima?-preguntó.
-Porque no esperaba que el coche fallara justo ahora.
-Vamos al coche.-Dijo Ismael haciendo una reverencia para que ella pasara primero, cosa que causó la risa de ella, melodiosa y linda, y Ismael se sintió orgullosos de haberla hecho reír, rápidamente apartó ese pensamiento de su cabeza.
Él iba justo detrás de ella, cosa que le permitía estudiar más afondo que antes su precioso trasero. El movimiento de sus caderas le estaba volviendo loco, teniendo en cuenta que hacía tanto tiempo que no... Rápidamente intento apartar esos pecaminosos pensamientos de su cabeza. Apartó la vista de su trasero y se centró en su pelo largo pelo negro como el carbón, que casi le llegaba a las caderas...en ese momento como por arte de magia Catalina se paró de golpe y perdió el equilibrio. Ismael la cogió antes de que cayese y descubrió que se había desmayado.
Corrió al coche, con ella en brazos, y la depositó en el asiento trasero de su jeep, a falta de otro lugar para dejarla. Alcanzó una botella de agua de la mini nevera que había traído para casos de emergencia. Rápidamente la abrió y se aplicó un poco de agua en las manos y le mojó la cara delicadamente a Catalina. Ella no reaccionó. Dios que suave era. Eres un vicioso, pensó no era justo que él pensara en estas cosas estando ella inconsciente, pero no lo podía evitar, ella estaba adorable y apetecible tumbada en el capo del coche. Aplicó agua también en sus hombros y su cuello. Entonces ella abrió los ojos y lo miró fijamente.
-¿Qué me ha pasado?-preguntó ella.- ¿Dónde estoy?-dijo sin apartar los ojos sin de los de él.
Él soltó un suspiro, alegrado de que ella hubiera reaccionado.
-Te has desmayado y estas en mi coche, y antes de que preguntes te he traído yo hasta aquí, en brazos.
Catalina se quedó un momento traspuesta, asimilando esta información. Cuando la hubo asimilado dijo:
-Gracias por todo, ¿eso que tienes en la mano es agua? ¿Me das?-preguntó ella batiendo sus largas pestañas, coqueta.
Él se río ante ese gesto y le entregó la botella de agua. Ella bebió desesperada, como si le fuera la vida en ello.
-Tranquila, tengo más, no te preocupes. Creo que te has desmayado por no comer. ¿Cuánto hace que no comes, preciosa?
-No sé...creo que comí algo antes de salir de mi casa, hará unas cinco horas.
-Madre mía. Tienes que tener mucha hambre, espérame aquí que en el coche tengo algunas chocolatinas.
Ella sí que tenía hambre, mucha hambre, pero no de lo que Ismael se imaginaba. Ella tenía hambre de él.
Se había sentido muy desconcertada y a la vez muy gratificada al sentir sus manos en su cuello y en sus hombros y al abrir los ojos ver una beta de preocupación en los suyos. Se había tenido que pasar un rato mirándole para cerciorarse de que la había visto de verdad que no había sido su imaginación. Pero había sido verdad. Él, ese adonis… se había preocupado por ella. Aunque Ismael representara una gran tentación para ella, lo aguantaría. Además añadido a esta tentación había pillado a Ismael mirándole los pechos y, que Dios le ayudara, pero sentir que le gustaba la excitaba y mucho...
Hablando del rey de roma, en ese momento salió del coche con una cuantas chocolatinas en las manos y se las tendió para que eligiera la que más le gustara ella ni siquiera las miró cogió la primera que vio y se la comió. Estaba famélica.
Después de comerse cinco barritas, se metió en el coche junto a Ismael y se dirigieron a la casa.
La tensión durante el viaje fue palpable. Ismael no hablaba y Catalina no sabía que decir…
Ismael puso la radio, y Catalina supuso que para aliviar un poco la tensión. Cosa que consiguió ya que empezó a sonar una canción que Catalina adoraba y se puso a cantar a lo que Ismael se rió aliviando así la tensión. El resto del trayecto fue tranquilo, con Catalina cantando e Ismael haciéndole pequeños comentarios sobre ello.
Al llegar a la casa Ismael intentó acercarse lo más posible a la puerta para que ella no tuviera que chafar más nieve, aun así al subir los dos escalones principales un pie se le escurrió y por casi aterriza en el suelo, pero no. Ismael la alzo en brazos y la deposito suavemente en el suelo. Ella le miró, por primera vez ambos de pie uno frente al otro era más que notable la diferencia de altura. Ella se puso de puntillas, pero aun así no llegó muy lejos… En ese momento sintió unas manos bajar por su espalda y caer en su culo para luego de golpe levantarla, igualándolos en altura, permitiéndose poder besarle… Fue un beso sensual, tranquilo, pero ardiente…