Sonríe, nadie lo hará por ti.

martes, 30 de septiembre de 2014

Magia líquida.

Vuelan mariposas bajo la superficie de mi piel. Me recorren el cuerpo entero y me gritan que las deje salir. Es un sentimiento extraño, casi magia cuando por fin las dejas salir y vuelvan de todos los poros de tu piel hasta tus manos, donde se convierten en letras, palabras, oraciones y textos. Algunos tienen sentido, otros tan solo son cosas sin sentido, o quizás si lo tengan pero aún no lo hayamos descubierto. Siento fluir su corriente de mágica inspiración desde mis manos a mis dedos y cuando esa explosión de felicidad y alegría se acaba mi piel cosquillea, porque aún tengo mariposas que no están listas para salir, pero siguen latentes debajo de mi piel, como magia líquida que corre junto a mi sangre, por mis venas y arterias, magia que sale del corazón, de las emociones y el sentimiento. Esas mariposas que todos tenemos pero solo unos pocos podemos dejar salir.
¿Y tú, tienes magia?

domingo, 28 de septiembre de 2014

Marcus #3

Me levanto temprano y bajo a desayunar. Mis padres están sentados en la mesa de la cocina, mi padre leyendo el periódico y mi madre corrigiendo unos exámenes.
-Buenos días-susurro, y ambos me devuelven el saludo.
Así son las mañanas en mi casa, silenciosas. Las mañanas no son lo mio, y tampoco lo de mis padres, así que mejor el silencio que las conversaciones sin sentido. Me sirvo un vaso de leche muy caliente y añado un par de cucharadas de miel. Mientras me lo tomo apoyada en la repisa hago una lista mental de cosas que debo hacer hoy. Por suerte, es viernes. Un par de horas en clase y tendré dos días enteros para mi.
"Recuerda que tenemos que ir a comprar unos vaqueros", me recuerda la voz de mi mente.
Ir a comprar unos vaqueros, reordenar la habitación, leer el libro de lengua... Repaso la lista otra vez y espero que no falte nada. Ya casi es la hora de salir si no quiero llegar tarde otra vez. Pero como siempre, cuando voy a salir por la puerta, recuerdo que me he dejado el libro de lengua encima de la cama. Subo corriendo las escaleras y lo cojo. Para cuando voy a salir he perdido 5 minutos. Me toca correr otra vez si no quiero entrar tarde a clase. Salgo por la puerta y me giro para cerrar con llave, entonces alguien toca mi hombro. Me giro, asustada, y golpeo la cara de quién sea como un acto reflejo.
-JODER, REBECCA.-Grita Marcos sujetándose la nariz, que ha empezado a sangrar.
No digo nada, realmente no estoy arrepentida de haberle pegado. Ha sido su culpa por asustarme, y en parte por lo que pasó ayer. Le ignoro, paso por su lado como si nada hubiese pasado y sigo mi camino, a paso rápido, hacia el instituto. Antes de llegar a la esquina, alguien agarra mi brazo; esta vez no me giro abruptamente, no hay golpes de por medio, sé quién está detrás mía. Marcos.
-Deja de acosarme, Marcos. Si no dejas de seguirme voy a acabar denunciándote.-Digo con voz sardónica. Él suelta un bufido.
-Eres tú quién me ha agredido.-Intento que la sonrisa no salga a mis labios, pero la comisura de mi boca se eleva ligeramente.
Me libero de su agarre y sigo andando, ignorándolo. ¿He dicho ya que las mañanas no son lo mío?
"Ahora mismo no podrías mantener una conversación ni aunque quisieses", se ríe esa vocecilla de mi cabeza.
Sigo andando, miro el reloj, diez minutos. Acelero aun más el paso, Marcos siguiéndome de cerca. Le ignoro, saco mis cascos, los enchufo al móbil y pongo la música a tope. Espero que Marcos haya pillado la indirecta y se vaya por su propio camino. Por fin llegamos, dos minutos antes de que suene la campana, estoy agotada. Correr por las mañanas no es nada agradable, pero por lo menos no he vuelto a llegar tarde a la clase de la señora Mariam. Oh, joder, había olvidado que esa era la primera hora. Apago los cascos y entro en el baño. Veo a Marcos pasar de largo y entrar en clase. No quiero aguantar toda una clase sentada a su lado, porque básicamente no quiero contarle nada relacionado con las lágrimas de ayer, porque conducirían a Álex y no.
"Decide rápido, solo medio minuto para que suene el timbre", dice la vocecilla.
Decide rápido, sí, buena idea. Salgo del baño y corro en dirección contraria a la clase: a la calle. Voy a saltarme las clases de hoy. No quiero afrontar nada de esto, ver a Marcus es ver a Álex y pensé que ya había superado eso, pero no. Solo estaba profundamente enterrado en mi mente y ahora todo tiene ganas de salir de golpe. No estoy preparada para un ataque de pánico en clase. No, ha sido una gran decisión saltarme las clases... aunque puede que eso me cueste un suspenso en lengua. No, has hecho bien Becca, tenías que salir de ahí.
Ahora estoy parada en la puerta del instituto, camino, sin rumbo, hacía donde los pies decidan llevarme. Acabo sentada en un banco en dios sabe dónde. Oigo pájaros cantar a mi alrededor y un par de señores mayores charlando en el banco contiguo. Aquí hay tanta paz... ojalá pudiese encontrarla también en mi mente. Me distraigo mirando a dos pájaros volar por encima de mi cabeza y deseo tener alas para poder volar lejos de aquí, lejos de toda esta mierda.
Miro al cielo, y entonces mi móvil empieza a sonar. Miro el reloj: las once. Es tarde, pero bueno, tampoco tengo nada que hacer. Miro el móvil y es un mensaje, de Marcus:
          ¿DÓNDE ESTÁS? ¿POR QUÉ NO HAS APARECIDO EN CLASE? CONTÉSTAME, POR FAVOR, ESTOY PREOCUPADO.
Sí, claro, preocupado. Se siente culpable por haberme hecho llorar ayer y realmente debería decirle que no fue su culpa, pero prefiero hacerle sufrir un poco más, se lo merece por haber aparecido en mi casa de esa manera, y por haberme asustado esta mañana. No sé si contestarle, quizás sea lo mejor, no quiero que vuelva a presentarse en mi casa o algo por el estilo. Sí, tendré que contestarle.
          NO SÉ DONDE ESTOY, SOLO NECESITABA ALEJARME DE TODO ESO.
Ni dos segundos después llega una respuesta:
         ¿CÓMO QUE NO SABES DÓNDE ESTÁS? ¿ESTÁS PERDIDA?
Oh, joder, eso solo ha empeorado las cosas. No pasa nada, centrémonos en una contestación lógica.
         SOLO HE EMPEZADO A ANDAR SIN RUMBO, YA ENCONTRARÉ COMO VOLVER, SOLO DÉJAME.
Pero no, esa petición era demasiado para Marcus y vuelve a contestar. Maldito hombre cabezón.
        TE DEJO, PERO LLÁMAME CUANDO LLEGUES A CASA, TENEMOS QUE HABLAR.
Sí, claro, voy a llamarlo en cuanto llegue. La vocecilla se ríe en mi mente. Ni loca. Miro el reloj, y me doy cuenta que quizás si debería volver a casa. Miro en el GPS de mi móvil y me doy cuenta que estoy realmente lejos del instituto, he andado muchísimo y sin ni siquiera darme cuenta. Echo a andar esperando encontrar mi casa.
Una hora y media después no encuentro mi casa. No sé donde estoy exactamente y mi GPS ha implosionado. Necesito ayuda y no puedo llamar a mis padres porque entonces se enterarán que no he ido a clase y no puedo permitirme eso. No tengo más amigos que yo misma y... estoy jodida. Sé que solo hay alguien a quién puedo llamar y no quiero, pero el cielo azul y despejado ha desaparecido y cada vez las nubes de tormenta están más cerca. Justo cuando ese pensamiento cruza por mi mente una gota cae en mi brazo, corro hacía un patio y me quedo ahí.
"Enhorabuena, genio, ahora solo puedes recurrir a quién menos quieres recurrir" la vocecilla no para de reírse en mi cabeza y me niego a asimilarlo, pero sé que tiene razón.
Cojo el teléfono, fantástico, solo me queda un 6% de batería. Sí, decisión tomada. Recorro la lista de nombres de mi lista y mi dedo se posa involuntariamente en el nombre de Álex, e intento no llorar, pero mi vista se vuelve borrosa. Sigo bajando y marco el número de Marcus antes de que mi cerebro lo impida. Al segundo timbrazo oigo su voz:
  -¿Hola? ¿Estás bien, Rebecca?- su voz es un susurro y me doy cuenta de que es hora de clase. No había pensado en eso, da igual, necesito ayuda.
  -Espero que hayas salido fuera de clase a contestar, porque necesito tu ayuda.-Intento que mi voz no se quiebre, pero no puedo.
  -¿Estás bien? ¿Qué pasa? ¿Qué necesitas?
  -Necesito que vengas a recogerme, el problema es que no sé dónde estoy- mi voz se parte una vez más.
  -Vale, vale, está bien.-Mi teléfono pita, quedándose sin batería.-Sí, sí, lo siento señor, pero mi madre necesita ayuda urgente-oigo su voz amortiguada, supongo que está hablando con el profesor para conseguir salir. Por alguna razón eso me hace gracia y empiezo a reír.
  -Me alegra saber que soy tu madre-digo sardónica.
  -Calla y dime que ves a tu alrededor.
  -Es una calle pequeña, con muchas flores en los balcones y poco tránsito. Veo un bar que se llama Central Perk y una pequeña librería en la esquina con un cartel que pone: "Bienvenido a Neverland"
  -Oh, joder, sé donde estás. No comprendo tu suerte, pero entra en la librería y habrá una señora mayor, dile que me conoces y espérame ahí. Ahora voy.
Me dirijo a la librería corriendo, intentando no mojarme demasiado. La lluvia ha empezado a caer a mares...
"Y tú acabas de pedirle a un motorista que te recoja, otro punto para la genio", dice la voz. Y, maldita sea, tiene razón. Da igual.
Entro a la librería y una señora mayor, con el pelo tintado de morado y muchas arrugas me saluda.
   -Hola, hola, so-soy Rebecca. Tengo que esperar aquí a alguien, me ha dicho que usted le conoce, se llama Marcus.
   -¿Eres amiga de mi nieto?