Sonríe, nadie lo hará por ti.

sábado, 21 de abril de 2012

Capítulo 1


CAPÍTULO 1 

Son casi las dos de la madrugada, Eric y Jorge aún no han regresado y yo la verdad, es que no tengo sueño, mañana es mi primer día de clases y estoy muy, muy nervioso. ¿Cómo serán los profesores? ¿Y mis compañeros? Les he echado una ojeada a los libros que me trajo Anna, los libros que se supone que tengo que llevar a clase. No están mal, la mayor parte de lo que hay allí yo ya lo he estudiado, no porque lo diéramos en clase, no, porque yo lo estudiaba en casa. Después de todo se supone que tenía que ser perfecto, me rio de esa expresión, toda la vida buscando la perfección para agradar a los demás me he dado cuenta de que da igual lo que los demás piensen de mí, soy como soy, a quien no le guste que no mire. No quiero cambiar, ahora me gusto tal y como soy, y eso es un gran logro.
Oigo voces detrás de la puerta, Jorge y Eric han vuelto. Abren la puerta y entran riéndose, una chica va detrás de ellos. Ella es… es un ángel, la más bella visión que laguna vez hayan visto mis ojos. Ella entra y yo reviso mi ropa, es extraño, pero quiero agradarle, ella me gusta, me gusta mucho.
-¿Aun estas despierto?-pregunta Eric.
-¿Eh? Sí, estaba preparándome las cosas para mañana, después de todo es mi primer día, quiero causarle buena impresión a la gente.-Les explico.
 -Por las chicas no te preocupes, Anna les ha hablado maravillosamente de ti- dice la chica desconocida con una preciosa y melodiosa voz.- Se han reunido todas en su habitación para que Anna les contara como era el chico nuevo y por lo que les ha dicho todas están deseosas de conocerte- me dice y me sonríe, yo agacho la cabeza, creo que me he sonrojado.
Me giro para encaminarme a mi cama, repentinamente estoy muy cansado. Eso y que quiero alejarme de ella para ver si mi corazón se calma un poco. Pero antes de que llegue Jorge me pregunta:
-Tío, ¿no te importa que Dana duerma aquí esta noche? Su compañera de habitación tiene compañía esta noche, de otro compañero…y esto… prefiere dejarlos solos.
-No molesto… simplemente Jorge y Eric juntaran las camas y yo dormiré entre ellos dos-explicó Dana como si eso fuera lo más normal del mundo.-Antes dormía en esa cama-dice señalando la mía- pero ahora dormiré con ellos, no importa.-Dice y para afirmarlo les da un beso en la mejilla a cada uno, ellos lo aceptan gustosos. Me siento un poco celoso, espero que no se me note.
Me callo, no sé qué decir. Simplemente asiento y me dirijo a mi cama. Tengo ganas de que ese episodio acabe cuanto antes.
Eric y Jorge se cambian y se ponen el pijama, delante de Dana, la cual habla con ellos como si nada… Esto es muy raro… me siento fuera de lugar. Cuando ellos acaban de cambiarse ella registra, literalmente el armario, a saber que busca… De repente saca una de mis camisetas y de la enseña a Jorge, no sé de qué va esto pero es muy raro. Jorge mira la camiseta y me señala ya acto seguido Dana se acerca a mí con la camiseta en la mano. Estoy sentado en el borde de la cama, con la mochila a mis pies y los libros a mi derecha, pero no me concentro en eso, Dana ocupa todos mis pensamientos. Entran en mi campo de visión dos largas piernas y alzo la cabeza, Dana me sonríe, pero es una sonrisa tierna, como la que le das a alguien cuando te da pena. Pero ella no sabe nada de mi vida, ¿verdad? Eso espero…
Dana seguía parada delante de mí como eligiendo las palabras que me iba a decir muy meticulosamente.
-Eh… esto Ismael… eh… me dejas tu camiseta-dijo, le tiembla el labio inferior, es un gesto de lo más infantil pero que en ella es muy sensual.
-¿Para qué?-pregunto en un intento de entender un poco lo que me dice.
- No puedo dormir desnuda-dice como si resultara obvio.- Y mirando entre las camisetas del armario me ha gustado esta-dice señalando mi camiseta- y Jorge dijo que era tuya… pero si te molesta busco otra… me da igual- otra vez le tiembla el labio y al verlo yo me derrito, toda la convicción anterior queda reducida a cenizas al ver su tierno gesto.
-Está bien, póntela-digo, mi tono ha sonado más ronco de lo habitual pero nadie se ha dado cuenta.
Ella me sonríe y antes de que yo me dé cuenta se acerca a mí y me abraza. Estoy patidifuso… jamás pensé que alguna vez pudiera usar esa palabra… pero es verdad, estoy patidifuso. Alzo los brazos en un gesto casi mecánico para abrazarla, ella me da un sonoro beso en la mejilla y se aleja de mí con una sonrisa en la cara, tengo una sonrisa tonta en la boca, por lo que me giro para coger los libros que necesito para mañana de la mesa. En el momento en que  cojo los libros alguien me toca el hombro, yo giro lentamente para ver que quiere y quien es.
Es Jorge y me sorprende muchísimo que me toque… Llevo aquí dos días y apena ha hablado. Y quedo muchísimo más sorprendido al oírlo decirme:
-Gracias por dejarle tu camiseta a Dana, ella, bueno, ella tiene una compañera un poco ligera de cascos y Dana pasa mucho tiempo aquí por su culpa, bueno por eso y porque somos sus mejores amigos. Su compañera se llama Sheila, cuando la conozcas sabrás por que la trajeron aquí sus padres y porqué cualquiera que desee pasar un buen rato la llama.
Eric suelta una risita y Jorge le imita. No entiendo la broma, pero bueno, estoy muy rayado como para que me afecte. En ese momento sale Dana del baño, con su ropa en la mano y mi camiseta puesta. Deja la ropa en una silla y en ese momento me doy cuenta de la prenda que hay justo encima de la pila de ropa… un sujetador. Dana solo lleva unas braguitas debajo de mi camiseta, siento como me suben los colores. Estoy… oh… no sé ni siquiera que siento ahora, es un sentimiento muy fuerte. He tenido sentimientos fuertes antes, pero jamás tan fuerte como la atracción que siento por Dana. Creo que es hora de irse a dormir… son las dos y pico de la madrugada y mañana tengo que estar despierto a las siete y con Dana en la habitación creo que va a ser una larguísima noche.
Me meto en la cama mientras Jorge mueve las camas hasta dejarlas juntas. No quiero girarme a mirar porque sé que Dana estará acostándose entre ellos y no estoy seguro de poder soportar eso… Dana despierta en mí sentimientos extraños. Unos minutos después apagan las luces e intento dormir. Mis intentos son el vano, no puedo dormir.  Solo puedo pensar en Dana y en que esta tan solo a unos pocos metros de mi… durmiendo con Jorge y Eric.
Mis pensamientos vagabundean sobre todas las chicas que han pasado por mi vida… No han sido muchas, en verdad, solo cuatro… mi madre, mi abuela, mi niñera y Marta…
Marta, esa chica “perfecta” según mis padres, pero nunca me gustó de verdad, era una ramera. Le daba igual quien fuera, solo le importaba que estuviera bueno, o en mi caso que estuviera forrado. Claro que ella también era de una familia muy rica, tan rica como su apariencia. Cuando la vi por primera vez pensé que era adorable, con unas trenzas y un conjunto de top y pantalón corto para jugar al tenis, junto con unas deportivas doradas, si… doradas, pero esa solo era su imagen. Era como su propia madre, fría y lejana… Solo obtenía lo que quería mediante métodos no siempre ortodoxos. Mi madre era algo así también, lo que pasa es que mi madre a diferencia de la señora de Montalvo, la madre de Marta, mi madre hacia algo más que pintarse las uñas y comprar, aparte de que mi madre no tenía la cabeza vacía. La señora de Montalvo era una de esas chicas sin cerebro que solo querían dinero, con razón había salido así su hija. En el mismo momento en el que me di cuenta de que Marta no era lo que parecía corté con ella de raíz, decisión que a mis padres no agrado lo más mínimo, pero yo simplemente les dije que prefería concentrarme en mis estudios, esa respuesta sí que les agradó así que no hicieron nada para negármelo, aunque yo pienso que sabían que era una mentira piadosa.  Después de todo, a mis padres tampoco creo que les importara que tuviera novia, más bien estaban preocupados por lo que pudiera pasar si hacíamos algo, cosa que veo muy triste ya que nunca he tenido ni la más mínima oportunidad con ninguna chica.
En fin, es tarde y mañana tengo clase así que me voy a dormir.

Mi primer día de clase ha sido una completa mierda. Anna ha venido esta mañana a mi habitación para acompañarme a clase, la verdad es que quería estar solo, he pasado muy mala noche. Mis compañeros de clase se han mantenido alejados de mí, al igual que yo no he hecho el más mínimo esfuerzo por acercarme a ninguno de ellos, la única que ha estado conmigo es Anna, pero después de un rato se ha cansado y se ha ido con las chicas, las cuales me miraban y cuchicheaban, eso me ha hecho gracia, mucha gracia. En cuanto a los profesores, hoy solo me han tocado tres de los ocho que tengo. El primero era el señor Bobby, como insiste en que le llamen, que es un señor de mediana edad regordete y con cara de bonachón, muy simpático y afectivo el hombre. La segunda, era la señorita Del Monte, una mujer fría y calculadora que me tiene que dar matemáticas, es una vieja arpía. Y el tercero, era un chico que no superaría los veinticinco años, así muy simpático y tal, pero tiene un apariencia y una forma de ser muy en desacorde con su edad, piensa, viste y habla como un hombre de ochenta años, no de veinticinco.
A la hora de comer Anna me ha guiado de nuevo hacia la cafetería para comer, la comida era un verdadero asco. Con el dinero que mis padres pagan para que estudie aquí deberían permitirse una cocinera que cocinara bien, porque la comida sabía a esparto más que otra cosa. Era como una masa compacta, que me han dicho que era lomo pero yo pienso que eso no era nada aparentemente comestible, era algo así como una suela de zapato rebozada, asqueroso. También es verdad que ha sido compensado por el postre, el flan de huevo estaba excelente, de los mejores que he probado.

Los días siguientes fueron igual de malos... pasaba las mañanas en clase y las tardes encerrado en la habitación, no salía, no hablaba, no lo necesitaba. Estaba encerrado en mí propio mundo irreal. Hacia los deberes, trabajaba en clase, pero en realidad lo único que ocupaba mi mente era Dana. La veía en la cafetería, por los pasillos, pero no me atrevía ha hablar con ella.
Tras mucho sopesarlo, he decidido que tengo que volverme más sociable, así que he llamado a Anna y le he dicho que nos vemos en el banco de delante de la residencia.
Estoy en el banco esperándola, y a lo lejos oigo la dulce voz de Dana riendo con las demás chicas, Anna llega por el otro lado.
-Hola, Ismael.-Me dice Anna.- ¿Qué te ha dado por salir ahora?
-Hola Anna. Encantado de verte también-le digo con sorna.-En fin, he quedado contigo para ver si me presentas a alguien o algo.
-Vale, ven, te presentare a las chicas.
Nos encaminamos hacia donde estaban las demás chicas, entre todas ellas, la única a la que yo veía era a Dana, resaltaba entre todas las demás con su larguísima melena cobriza, su excelente figura y su conjunto de vestido rojo sangre y sus sandalias de tacón de aguja.
Me presenta a todas las chicas… Dana se mantiene alejada de mí… como si me tuviera miedo y eso me deprime… no quiero que me tenga miedo, quiero que se me acerque, pero bueno, yo también podría acercarme a ella, pero el miedo al rechazo me domina y yo también me mantengo alejado.
Conozco a Rita, una pequeña pelirroja muy simpática. A Yuna, una chica con aspecto de modelo, con el mismo cerebro también. Lara, una morena normalita de buena cuna. A la tal Sheila que decían Jorge y Eric, y al verla comprendo lo que ellos decían, es una chica fría y superficial que no hacia más que mirar mi cuerpo lascivamente, me pongo nervioso e intento ignorarla. Había un par más de chicas, creo que eran hermanas, pero no estoy seguro. Pero da igual cuantas fueran, lo guapas que fueran y lo lascivo que me miraran, para mi solo existía Dana. La cual seguía alejada de mí.
Toda la tarde pasa sin ningún inconveniente, las chicas son muy simpáticas conmigo, me tratan muy bien. Pese a todo, Dana no me ha hablado, no se ha acercado y ese hecho me reconcome. Da igual, no puedo hacer nada en contra de eso.

Es tarde y no puedo dormir.
Alguien toca a la puerta y me levanto para ver quien es Jorge y Eric duermen plácidamente en sus respectivas camas, aun que yo pienso que antes de que yo llegara dormían juntos, pero es solo una suposición. Abro la puerta y un ángel se me aparece al verla vestida con un diminuto camisón que no deja nada a la imaginación… siento que me ruborizo, espero que con la oscuridad de la noche ella no note nada.
-¿Te importa si duermo aquí otra vez? Sheila vuelve a tener compañía y necesito dormir- me explica.
-Claro, pero Jorge y Eric están durmiendo…
-No pasa nada… ¿Tú me dejaras dormir en tu cama?- me pregunta con un pequeño puchero, yo me deshago, no puedo decirle que no con ese gesto en su bello rostro.
-Está bien. ¿Por qué no?- le digo.

domingo, 15 de abril de 2012

Mi libro.



Como soy una buena persona os voy a pasar el prólogo de mi libro:




PRÓLOGO
Ya hace dos días que entré en este centro…
Mis padres me han metido en un internado, ¿os lo podéis creer? A mí, que según ellos soy el hijo perfecto. Después de miles de tácticas para llamar la atención de mis padres, tanto mediante las notas, la ayuda en casa y demás decidí que era hora de hacer algo más drástico y esa decisión es la que me trajo aquí. Soy un chico sobresaliente, mis notas son perfectas, mi actitud impecable al igual que mis modales, pero eso no basta para mis padres… por eso me escapé de casa, lo malo es que me pillaron y digamos que cuando lo hicieron no estaba muy lúcido… más bien estaba un poco “mareado”, por así decirlo. La cara de mis padres a la mañana siguiente no tuvo precio, ambos habían pedido el día libre para poder hablar conmigo. Mi madre era agente de bolsa y mi padre un arquitecto de prestigio, por lo que como imaginareis yo vivía a cuerpo de rey, cosa que me encantaba, mis fiestas eran las mejores, solo les faltaba una cosa: gente, porque es que en mis fiestas solo estaban los criados y mi abuela. Bueno, continuemos, resulta que mis padres me encontraron un parque del centro de nuestra ciudad, de botellón con muy mala gente. Eso a mis padres les sentó como una bofetada y por lo tanto a mí me encantó. Gracias a esa acción llegue aquí, es un internado que no se ni siquiera donde está. A mis diecisiete, encerrado en un internado alejado de la mano de dios compartiendo habitación con dos chicos que después de dos días con ellos he llegado a pensar que mi presencia les incómoda. Creo que están liados, aunque ni siquiera se hablan si estoy yo delante, ayer los vi en los jardines sentados juntos en un banco con las manos y los cuerpos demasiado juntos para ser solo amigos. Aunque a mis padres la idea de que compartiera habitación con dos chicos homosexuales no les gustaría para nada, la verdad es que a mí me gusta compartir habitación con ellos. Son silenciosos y callados.
Jorge, uno de ellos, es… es una especie de súper modelo, o al menos eso parece. Es alto, rondará el metro ochenta. Pelo rubio liso, tiene una melena, no muy larga que le queda perfectamente bien con sus grandes ojos color aguamarina, su nariz era el complemento de su boca perfecta, porque es perfecta, es imposible describirla de otra forma. Tiene unos dientes perfectamente alineados y blancos que contrastan con sus labios carnosos y rosados. Pómulos altos donde se le forman hoyuelos cuando sonríe, aunque delante de mí nunca ha sonreído. Aparte de eso tiene un cuerpo escultural  y muy moreno con músculos bien definidos, de los dos días que he estado aquí las dos tardes ha desaparecido a las tres de la tarde más o menos y ha vuelto sobre las ocho sudando, ayer le pregunté a Eric, mi otro compañero, donde iba Jorge por las tardes y me dijo que salía a correr. ¿Os lo podéis creer? Son casi cinco horas corriendo, con razón tiene ese cuerpo. No lo conozco tanto como para saber como es, pero por la apariencia y las cortas interacciones que hemos compartido veo que es un chico alegre, pero muy callado, reservado para sus cosas, pese a eso es un chico con una gran vida social, porque casi todas las noches sale de la habitación a una fiesta, a ver una peli o quien sabe a que…
Luego, está Eric, que es todo lo distinto de Jorge. Mientras que Jorge tenía una piel morena Eric es muy pálido y flacucho, sin tener demasiada masa muscular ni nada parecido, pero aun así tiene un cuerpo digno de admirar. Es extraño cuando los veo juntos, el uno tan grande, el otro tan… tan… extraño, por decirlo de alguna forma. Eric es así, extraño. Tiene el pelo negro como el carbón y unos ojos verdes tan claros como enormes, unos mofletes regordetes, como de niño y una nariz demasiado pequeña para que quedara bien con sus ojos y su boca, la cual era muy grande para su cara. Pero todo en conjunto formaba una cara de niño bueno que si lo mirabas bien podría resultar incluso atractivo. Antes decía que Jorge es una persona reservada, pero en comparación con Eric es la persona más extrovertida del mundo, Eric solo habla si lo cree estrictamente necesario, se le ve buen chaval, pero es muy… extraño, no hay otro adjetivo que lo describa con tal precisión.
Ambos tienen dieciséis años, como yo. Pero ellos llevan mucho más tiempo que yo aquí. Jorge lleva aquí seis años, sus padres querían viajar por el mundo y lo trajeron aquí… nunca lo llaman ni nada por el estilo… me da vergüenza preguntarle porque. Eric lleva aquí dos años porque sus padres pensaron que tendría una mejor educación si acudía a un lugar sin distracciones. Pero se confundieron, aquí hay las mismas distracciones que en cualquier otro lugar. Todo el mundo aquí compra ropa por Internet y compran mucha… Entre nosotros tres ocupamos casi toda una pared de armarios. A todo el mundo aquí le apasiona la ropa y todos tienen un buen fondo para comprarla, yo incluido.
¡Ah! La habitación, es uno de los pocos lugares buenos que hay por los alrededores.


La habitación en la que ahora voy a vivir es mucho más grande de lo que yo me había esperado, pero claro yo no esperaba que me fueran a traer a un centro tan sumamente privado, solo somos cien alumnos con edades que varían desde los diez hasta los dieciocho. Había dos alas diferentes en el recinto, la de las aulas y la de los alumnos. En el ala de aulas había unas cuarenta clases equipadas para diferentes materias, además de un patio de unos cien metros cuadrados, para educación física. En el aula de los alumnos es donde está todo…  Está dividida en cuatro pisos distintos. En el primer piso hay una pequeña cocina preparada para tomar algún que otro aperitivo, muchos sofás y butacas, un billar y un futbolín, además de una tele de pantalla plana con diferentes consolas para jugar. Esta sala suele estar abarrotada. En el segundo piso, se encuentra el comedor donde desayunamos, comemos y cenamos. También está el tercer piso que es donde se encuentra mí habitación y en el cuarto, bueno en el cuarto están todas las habitaciones de las treinta chicas que había en el centro, nunca ningún chico subía, no es que estuviera prohibido o algo por el estilo, simplemente nadie subía. Madre mía como me enrollo, ¿Qué os estaba explicando? ¡Ah, sí! Mi habitación. Bueno, es muy grande tiene una pared enorme, llena de armarios, y entre Jorge, Eric y yo prácticamente lo llenamos todo. Hay un baño no demasiado grande, aunque suficiente. Tres camas repartidas conforme a cada uno le plazcan por la habitación. La de Jorge y la de Eric están paralelas, mientras que la mía está cerca del ventanal que hay en la pared más alejada de la puerta. Aparte de las camas y el armario hay un escritorio de dimensiones considerables con tres ordenadores. Cada uno de nosotros tenemos el nuestro y está prohibido rotundamente tocar el de los otros dos… aunque en cierta ocasión he visto a Jorge en el ordenador de Eric y viceversa, pero en cuanto me ven entrar se van a sus respectivos, se comportan extraño conmigo.
En la parte de fuera del centro hay diez hectáreas de terreno que están constituidas de millones de flores, árboles y demás. Cercando la valla del recinto del internado hay un bosque tanto por dentro como por fuera del recinto y la ciudad más cercana está a diez quilómetros de aquí… si es que no te pillan antes de salir. Hay cámaras, sensores y guardias veinticuatro horas al día. Se oyen rumores de que algunos alumnos han encontrado una forma fiable de salir… pero no estoy seguro de si es verdad, aun así no tengo razones para querer salir así que tampoco es que me afecte demasiado ese tema.
Os preguntareis como se tanto del centro si llegue hace apenas dos días, bueno, resulta que el día que llegue me pusieron a una guía para que me orientara y me enseñara todas las instalaciones, se llama Anna. Es una chica muy guapa, tiene el pelo tintado de diferentes colores, una boca con una linda sonrisa y unos ojos que casi siempre están rodeados por una sombra de ojos negra, ella es algo así como una emo… pero mientras hablamos descubrí que tenía novia, por eso es por lo que ella está aquí, sus padres se enteraron y no les sentó demasiado bien. Anna se escapa una vez al mes, a veces dos, para encontrarse con Carolina, su novia, su amor. Por como la describía Anna decía me imaginé que estaban completamente enamoradas la una de la otra. Aparte de eso y de lo divertida que es no sé nada más sobre ella.
Lo que más me sorprende es que aquí nadie se mete con nadie, es como si fueran una gran familia muy unida, todos se conocen y todos cuidan de los demás, esa también es la parte de este internado que más me gusta. Me encantaría que también fueran así conmigo. No conozco a mucha gente, solo a Anna, a Jorge y a Eric. Pero según me dijo Anna en cuanto salga un poco de la habitación todo el mundo me parará y se presentaran. Las chicas, aunque parezca mentira no están muy unidas, suelen ir en grupos distintos aunque desde luego se llevan bien, pero no se juntan. En cambio, los chicos están súper unidos. Hace un rato he oído a Eric hablar por el móvil con uno de los otros chicos, para que fuera con ellos, había noche de chicos en la sala común, en el primer piso. Me han invitado a mí también, porque los demás chicos me quieren conocer, pero yo prefiero estar aquí, mañana por la mañana cuando salga ya veremos… Desde que llegué solo he salido cuando Anna vino a enseñarme el recinto y como era fin de semana hasta mañana no empiezan las clases. En eso también he tenido suerte, me ha tocado en la misma clase que ella así que mañana a las siete tengo que estar preparado para las clases. Empiezan a las siete y cuarto, Anna va a pasar a por mí para que no me pierda, es como una especie de canguro, es la encargada de no hacer que me pierda, o eso dijo el director, pero también, aunque no estoy seguro, de que es la encargada de vigilarme para que no intente escaparme. Pero después de ver todo esto, otra cosa no, pero tengo claro que me quiero quedar aquí, esto me gusta, lo que es un tanto paradójico ya que en un principio me negué rotundamente a venir, pero ahora que lo veo y lo conozco, lo prefiero a mi antiguo colegio.
Ahora, aquí, solo, en mi habitación, pienso que me alegro de lo que hice, de que mis padres me enviaran aquí. La primera noche que pasé aquí lloré, me extraño incluso a mí. Pocas veces en mi vida he llorado y cuando vine aquí… no sé, supongo que me di cuenta de que para mis padres podré ser el mejor hijo del mundo pero, aun así, ellos no me quieren lo suficiente como para dejar de trabajar el tiempo suficiente como para prestarme atención. Ellos me enviaron aquí para que nadie se enterara de lo que hizo su perfecto hijo. No me arrepiento de haberme emborrachado, porque aquí, me siento más en familia de lo que jamás me he sentido. En mi casa había criados, pero siempre estaba solo. Tenía de todo, consolas, teles, juegos… pero nada que remplazara el amor humano, y eso era lo que yo necesitaba. Por lo menos cuando era más pequeño, cuando cumplí los catorce me di cuenta de que daba igual lo que yo hiciera, a mis padres les daba igual, en ese momento me di cuenta de que tenía que ser perfecto, pero no por mis padres, sino porque así cuando cumpliera la mayoría de edad a mis padres no les importaría donde fuera porque sabrían que iba a triunfar, pero a pesar de ese pensamiento yo seguía esforzándome mucho para que mis padres estuvieran orgullosos, casi inconscientemente, y eso fue lo que más me jodió cuando me di cuenta. Esa es la principal razón de que yo me fugara aquella noche, el saber que aunque a mis padres les daba igual yo seguía queriendo su aprobación. ¿La razón de porque me emborraché? No sé, para olvidarme de todos esos años de sufrimiento interior. Años de dolor, años de soledad. 






Dejadme vuestras opiniones en un comentario. Muchas gracias. <3

Yo soy esa.


Yo soy esa chica invisible. Esa que si la ves la miras pero dos segundos después te olvidas completamente de ella. No soy alguien realmente especial. Llevo ropa muy colorida y soy extravagante, pero ya digo que soy esa chica a la que no le echas una segunda mirada. Si me ves por un pasillo no me miras. Y eso me hace sentir como Pulgarcito, ¿sabéis? Es extraño... es como si yo no fuera nada entre un mundo de gigantes, todos me miran, pero como si fuera parte del mobiliario y no una persona. Eso duele, duele mucho, pero pese a eso sigo subsistiendo. Sigo adelante simplemente por propia fuerza de voluntad, porque sé que llegará el momento en que todas esas miradas de desprecio, asco, mofa y demás cambiaran por las de envidia. Lucho, por mi, por superarme y por dejar atrás a todas esas personas que piensan que no soy nada. Soy mejor que ellos, o eso intento creer... 
Mucha gente piensa que soy tonta, que mis sueños y ilusiones son tonterias y que simplemente soy como soy para llamar la atención de la gente. No. Soy como soy porque poco a poco a base de golpes he llegado a ser lo que soy. ¿Que aun tengo que cambiar? Sí, pero no por vosotros. Si cambio, cambiaré por mi. 
A quien lea esto: Se tú mismo. Siempre.

Nunca dejes nada por decir.


Nunca dejes nada que decir, luego te arrepentirás. Te digo por propia experiencia que si te callas algo, luego sufres. Os contaré mi historia...
Él era mi mejor amigo. Le quería. Era el mejor. Pasabamos horas y horas hablando. Lo sabía casi todo de mi, excepto quien me gustaba. Él tenia novia, ella me caia mal, no solo por lo ovbio, ella no le quería realmente... y eso me molestaba porque yo le quería y él le quería a ella. Él me dió señales, señales para que yo me lanzará. Pero yo no estaba segura, tenía mucho miedo de perderlo. Era demasiado importante para mi como para perderlo. Demasiado. Ibamos juntos a patinar. Un día, dejé de ir por problemas varios, pero ese es otro tema. Bueno, dejamos de vernos... un gran vacío se cirnió sobre nuestra relación y pasamos de ser los mejores amigos a nisiquiera a saludarnos. No le dije que le quería. NO SE LO DIJE. Y ahora eso pesa sobre mi conciencia. Y si me hubiera dicho que él también me quería... ¿que habría pasado? No lo sé... y eso es lo peor del mundo. Si le dices a alguien lo que sientes y te dice que no, te ha dicho que no, ya puedes ir olvidandote de el (aunque cueste) y si te dice que si todo estará bien. Pero la incognita de no saber que mierda pudo pasar no se la recomiendo ni a mi peor enemigo enserio. Es lo peor. En fin... mi historia acaba con que el que fue mi mejor amigo ahora nisiquiera me saluda si me ve por la calle. La distancia no es buena tampoco. Putadas de la vida.
En fin... que decir de esto... que no dejeis nada por decir, NUNCA. Si le tienes que decir a alguien que le quieres DISELO, diselo antes de que sea demasiado tarde.

Carta...


Tengo que decirte que lo de ayer no significo nada para mi. Eres lo peor. Quiero que te mantengas alejado completamente de mi, de ahora en adelante. Una vez dicho esto, te odio. Insensible pensarás que soy, pero no, simplemente me das asco . Eras solo un entretenimiento pasajero para mí. Rozando lo vomitivo, es lo que sentí cuando ayer nos besamos. Oh, pero no te sientas mal, eres el primero al cual desprecio tanto como a ti. Mala, muy mala soy... Unas risas me he hechado a tu costa. Cada lágrima que derrames será un premio para mí. Hecho está. Olas de agonía te recorrerán mientra yo estaré riendome de ti. Solo te has quedado. Incluso más que solo, nadie se preocupara ahora por ti. Eres una persona demasiado sensiblera y enamoradiza. Me das asco, pero más que eso siento pena hacia ti. Pero eso me hace mucha gracia, das pena. (Risas) En fin. te odio, espero que lo entiendas, me das asco. Te odio. Un solloza trás otro recorren ahora tu cuerpo, lloras por mí, porque me quieres. Y yo te desprecio. Ah, una última cosa: no quiero volver a verte.

Amor intrincado.