CAPÍTULO 1
Son casi las dos
de la madrugada, Eric y Jorge aún no han regresado y yo la verdad, es que no
tengo sueño, mañana es mi primer día de clases y estoy muy, muy nervioso. ¿Cómo
serán los profesores? ¿Y mis compañeros? Les he echado una ojeada a los libros
que me trajo Anna, los libros que se supone que tengo que llevar a clase. No
están mal, la mayor parte de lo que hay allí yo ya lo he estudiado, no porque
lo diéramos en clase, no, porque yo lo estudiaba en casa. Después de todo se
supone que tenía que ser perfecto, me rio de esa expresión, toda la vida
buscando la perfección para agradar a los demás me he dado cuenta de que da
igual lo que los demás piensen de mí, soy como soy, a quien no le guste que no
mire. No quiero cambiar, ahora me gusto tal y como soy, y eso es un gran logro.
Oigo voces
detrás de la puerta, Jorge y Eric han vuelto. Abren la puerta y entran
riéndose, una chica va detrás de ellos. Ella es… es un ángel, la más bella
visión que laguna vez hayan visto mis ojos. Ella entra y yo reviso mi ropa, es
extraño, pero quiero agradarle, ella me gusta, me gusta mucho.
-¿Aun estas
despierto?-pregunta Eric.
-¿Eh? Sí, estaba
preparándome las cosas para mañana, después de todo es mi primer día, quiero
causarle buena impresión a la gente.-Les explico.
-Por las chicas no te preocupes, Anna les ha
hablado maravillosamente de ti- dice la chica desconocida con una preciosa y melodiosa
voz.- Se han reunido todas en su habitación para que Anna les contara como era
el chico nuevo y por lo que les ha dicho todas están deseosas de conocerte- me
dice y me sonríe, yo agacho la cabeza, creo que me he sonrojado.
Me giro para
encaminarme a mi cama, repentinamente estoy muy cansado. Eso y que quiero
alejarme de ella para ver si mi corazón se calma un poco. Pero antes de que
llegue Jorge me pregunta:
-Tío, ¿no te
importa que Dana duerma aquí esta noche? Su compañera de habitación tiene compañía
esta noche, de otro compañero…y esto… prefiere dejarlos solos.
-No molesto…
simplemente Jorge y Eric juntaran las camas y yo dormiré entre ellos
dos-explicó Dana como si eso fuera lo más normal del mundo.-Antes dormía en esa
cama-dice señalando la mía- pero ahora dormiré con ellos, no importa.-Dice y
para afirmarlo les da un beso en la mejilla a cada uno, ellos lo aceptan
gustosos. Me siento un poco celoso, espero que no se me note.
Me callo, no sé
qué decir. Simplemente asiento y me dirijo a mi cama. Tengo ganas de que ese
episodio acabe cuanto antes.
Eric y Jorge se
cambian y se ponen el pijama, delante de Dana, la cual habla con ellos como si
nada… Esto es muy raro… me siento fuera de lugar. Cuando ellos acaban de
cambiarse ella registra, literalmente el armario, a saber que busca… De repente
saca una de mis camisetas y de la enseña a Jorge, no sé de qué va esto pero es
muy raro. Jorge mira la camiseta y me señala ya acto seguido Dana se acerca a
mí con la camiseta en la mano. Estoy sentado en el borde de la cama, con la
mochila a mis pies y los libros a mi derecha, pero no me concentro en eso, Dana
ocupa todos mis pensamientos. Entran en mi campo de visión dos largas piernas y
alzo la cabeza, Dana me sonríe, pero es una sonrisa tierna, como la que le das
a alguien cuando te da pena. Pero ella no sabe nada de mi vida, ¿verdad? Eso
espero…
Dana seguía
parada delante de mí como eligiendo las palabras que me iba a decir muy
meticulosamente.
-Eh… esto
Ismael… eh… me dejas tu camiseta-dijo, le tiembla el labio inferior, es un
gesto de lo más infantil pero que en ella es muy sensual.
-¿Para
qué?-pregunto en un intento de entender un poco lo que me dice.
- No puedo
dormir desnuda-dice como si resultara obvio.- Y mirando entre las camisetas del
armario me ha gustado esta-dice señalando mi camiseta- y Jorge dijo que era
tuya… pero si te molesta busco otra… me da igual- otra vez le tiembla el labio
y al verlo yo me derrito, toda la convicción anterior queda reducida a cenizas
al ver su tierno gesto.
-Está bien,
póntela-digo, mi tono ha sonado más ronco de lo habitual pero nadie se ha dado
cuenta.
Ella me sonríe y
antes de que yo me dé cuenta se acerca a mí y me abraza. Estoy patidifuso…
jamás pensé que alguna vez pudiera usar esa palabra… pero es verdad, estoy
patidifuso. Alzo los brazos en un gesto casi mecánico para abrazarla, ella me
da un sonoro beso en la mejilla y se aleja de mí con una sonrisa en la cara,
tengo una sonrisa tonta en la boca, por lo que me giro para coger los libros
que necesito para mañana de la mesa. En el momento en que cojo los libros alguien me toca el hombro, yo
giro lentamente para ver que quiere y quien es.
Es Jorge y me
sorprende muchísimo que me toque… Llevo aquí dos días y apena ha hablado. Y
quedo muchísimo más sorprendido al oírlo decirme:
-Gracias por dejarle tu camiseta a Dana, ella, bueno, ella tiene una compañera un poco ligera de cascos y Dana pasa mucho tiempo aquí por su culpa, bueno por eso y porque somos sus mejores amigos. Su compañera se llama Sheila, cuando la conozcas sabrás por que la trajeron aquí sus padres y porqué cualquiera que desee pasar un buen rato la llama.
-Gracias por dejarle tu camiseta a Dana, ella, bueno, ella tiene una compañera un poco ligera de cascos y Dana pasa mucho tiempo aquí por su culpa, bueno por eso y porque somos sus mejores amigos. Su compañera se llama Sheila, cuando la conozcas sabrás por que la trajeron aquí sus padres y porqué cualquiera que desee pasar un buen rato la llama.
Eric suelta una
risita y Jorge le imita. No entiendo la broma, pero bueno, estoy muy rayado
como para que me afecte. En ese momento sale Dana del baño, con su ropa en la
mano y mi camiseta puesta. Deja la ropa en una silla y en ese momento me doy
cuenta de la prenda que hay justo encima de la pila de ropa… un sujetador. Dana
solo lleva unas braguitas debajo de mi camiseta, siento como me suben los colores.
Estoy… oh… no sé ni siquiera que siento ahora, es un sentimiento muy fuerte. He
tenido sentimientos fuertes antes, pero jamás tan fuerte como la atracción que
siento por Dana. Creo que es hora de irse a dormir… son las dos y pico de la
madrugada y mañana tengo que estar despierto a las siete y con Dana en la
habitación creo que va a ser una larguísima noche.
Me meto en la
cama mientras Jorge mueve las camas hasta dejarlas juntas. No quiero girarme a
mirar porque sé que Dana estará acostándose entre ellos y no estoy seguro de
poder soportar eso… Dana despierta en mí sentimientos extraños. Unos minutos
después apagan las luces e intento dormir. Mis intentos son el vano, no puedo
dormir. Solo puedo pensar en Dana y en
que esta tan solo a unos pocos metros de mi… durmiendo con Jorge y Eric.
Mis pensamientos
vagabundean sobre todas las chicas que han pasado por mi vida… No han sido
muchas, en verdad, solo cuatro… mi madre, mi abuela, mi niñera y Marta…
Marta, esa chica
“perfecta” según mis padres, pero nunca me gustó de verdad, era una ramera. Le
daba igual quien fuera, solo le importaba que estuviera bueno, o en mi caso que
estuviera forrado. Claro que ella también era de una familia muy rica, tan rica
como su apariencia. Cuando la vi por primera vez pensé que era adorable, con
unas trenzas y un conjunto de top y pantalón corto para jugar al tenis, junto
con unas deportivas doradas, si… doradas, pero esa solo era su imagen. Era como
su propia madre, fría y lejana… Solo obtenía lo que quería mediante métodos no
siempre ortodoxos. Mi madre era algo así también, lo que pasa es que mi madre a
diferencia de la señora de Montalvo, la madre de Marta, mi madre hacia algo más
que pintarse las uñas y comprar, aparte de que mi madre no tenía la cabeza
vacía. La señora de Montalvo era una de esas chicas sin cerebro que solo
querían dinero, con razón había salido así su hija. En el mismo momento en el
que me di cuenta de que Marta no era lo que parecía corté con ella de raíz,
decisión que a mis padres no agrado lo más mínimo, pero yo simplemente les dije
que prefería concentrarme en mis estudios, esa respuesta sí que les agradó así
que no hicieron nada para negármelo, aunque yo pienso que sabían que era una
mentira piadosa. Después de todo, a mis
padres tampoco creo que les importara que tuviera novia, más bien estaban
preocupados por lo que pudiera pasar si hacíamos algo, cosa que veo muy triste
ya que nunca he tenido ni la más mínima oportunidad con ninguna chica.
En fin, es tarde
y mañana tengo clase así que me voy a dormir.
Mi primer día de
clase ha sido una completa mierda. Anna ha venido esta mañana a mi habitación
para acompañarme a clase, la verdad es que quería estar solo, he pasado muy
mala noche. Mis compañeros de clase se han mantenido alejados de mí, al igual
que yo no he hecho el más mínimo esfuerzo por acercarme a ninguno de ellos, la
única que ha estado conmigo es Anna, pero después de un rato se ha cansado y se
ha ido con las chicas, las cuales me miraban y cuchicheaban, eso me ha hecho
gracia, mucha gracia. En cuanto a los profesores, hoy solo me han tocado tres
de los ocho que tengo. El primero era el señor Bobby, como insiste en que le
llamen, que es un señor de mediana edad regordete y con cara de bonachón, muy
simpático y afectivo el hombre. La segunda, era la señorita Del Monte, una
mujer fría y calculadora que me tiene que dar matemáticas, es una vieja arpía.
Y el tercero, era un chico que no superaría los veinticinco años, así muy
simpático y tal, pero tiene un apariencia y una forma de ser muy en desacorde
con su edad, piensa, viste y habla como un hombre de ochenta años, no de
veinticinco.
A la hora de
comer Anna me ha guiado de nuevo hacia la cafetería para comer, la comida era
un verdadero asco. Con el dinero que mis padres pagan para que estudie aquí
deberían permitirse una cocinera que cocinara bien, porque la comida sabía a
esparto más que otra cosa. Era como una masa compacta, que me han dicho que era
lomo pero yo pienso que eso no era nada aparentemente comestible, era algo así
como una suela de zapato rebozada, asqueroso. También es verdad que ha sido
compensado por el postre, el flan de huevo estaba excelente, de los mejores que
he probado.
Los días
siguientes fueron igual de malos... pasaba las mañanas en clase y las tardes
encerrado en la habitación, no salía, no hablaba, no lo necesitaba. Estaba
encerrado en mí propio mundo irreal. Hacia los deberes, trabajaba en clase,
pero en realidad lo único que ocupaba mi mente era Dana. La veía en la
cafetería, por los pasillos, pero no me atrevía ha hablar con ella.
Tras mucho
sopesarlo, he decidido que tengo que volverme más sociable, así que he llamado
a Anna y le he dicho que nos vemos en el banco de delante de la residencia.
Estoy en el
banco esperándola, y a lo lejos oigo la dulce voz de Dana riendo con las demás
chicas, Anna llega por el otro lado.
-Hola,
Ismael.-Me dice Anna.- ¿Qué te ha dado por salir ahora?
-Hola Anna.
Encantado de verte también-le digo con sorna.-En fin, he quedado contigo para
ver si me presentas a alguien o algo.
-Vale, ven, te
presentare a las chicas.
Nos encaminamos
hacia donde estaban las demás chicas, entre todas ellas, la única a la que yo
veía era a Dana, resaltaba entre todas las demás con su larguísima melena
cobriza, su excelente figura y su conjunto de vestido rojo sangre y sus
sandalias de tacón de aguja.
Me presenta a
todas las chicas… Dana se mantiene alejada de mí… como si me tuviera miedo y
eso me deprime… no quiero que me tenga miedo, quiero que se me acerque, pero
bueno, yo también podría acercarme a ella, pero el miedo al rechazo me domina y
yo también me mantengo alejado.
Conozco a Rita,
una pequeña pelirroja muy simpática. A Yuna, una chica con aspecto de modelo,
con el mismo cerebro también. Lara, una morena normalita de buena cuna. A la
tal Sheila que decían Jorge y Eric, y al verla comprendo lo que ellos decían,
es una chica fría y superficial que no hacia más que mirar mi cuerpo
lascivamente, me pongo nervioso e intento ignorarla. Había un par más de
chicas, creo que eran hermanas, pero no estoy seguro. Pero da igual cuantas
fueran, lo guapas que fueran y lo lascivo que me miraran, para mi solo existía
Dana. La cual seguía alejada de mí.
Toda la tarde
pasa sin ningún inconveniente, las chicas son muy simpáticas conmigo, me tratan
muy bien. Pese a todo, Dana no me ha hablado, no se ha acercado y ese hecho me
reconcome. Da igual, no puedo hacer nada en contra de eso.
Es tarde y no
puedo dormir.
Alguien toca a
la puerta y me levanto para ver quien es Jorge y Eric duermen plácidamente en
sus respectivas camas, aun que yo pienso que antes de que yo llegara dormían
juntos, pero es solo una suposición. Abro la puerta y un ángel se me aparece al
verla vestida con un diminuto camisón que no deja nada a la imaginación… siento
que me ruborizo, espero que con la oscuridad de la noche ella no note nada.
-¿Te importa si
duermo aquí otra vez? Sheila vuelve a tener compañía y necesito dormir- me
explica.
-Claro, pero
Jorge y Eric están durmiendo…
-No pasa nada…
¿Tú me dejaras dormir en tu cama?- me pregunta con un pequeño puchero, yo me deshago,
no puedo decirle que no con ese gesto en su bello rostro.
-Está bien. ¿Por
qué no?- le digo.