Escribir es una parte de mi. Mi forma de escapar. Mi forma de liberarme. Mi forma de ser libre, a fin de cuentas. ¿Problema? Nadie se interesa por lo que escribo. ¿Y en que deriva eso? Deriva en un escritorio lleno de historias. Docenas de carpetas llenas de relatos. ¿Y para qué? Para nada. Nadie sabe lo que es para mi escribir, porque nadie se preocupa lo suficiente por preguntarlo.
Nadie quiere realmente saber que es para mi escribir, que son mis historias para mi. Y bueno, eso, como todo, jode. Jode mucho. Saber que una de las cosas más importantes de tu vida le es indiferente incluso a la gente que te quiere... Bueno, la historia de mi vida.
Escribo para nadie. Escribo para que mis relatos cojan polvo sin sentido.
¿Y que queda ahora?
Queda ese polvo acumulado en mis historias.
Quedan estas simples palabras vanas.