Sonríe, nadie lo hará por ti.

sábado, 21 de abril de 2012

Capítulo 1


CAPÍTULO 1 

Son casi las dos de la madrugada, Eric y Jorge aún no han regresado y yo la verdad, es que no tengo sueño, mañana es mi primer día de clases y estoy muy, muy nervioso. ¿Cómo serán los profesores? ¿Y mis compañeros? Les he echado una ojeada a los libros que me trajo Anna, los libros que se supone que tengo que llevar a clase. No están mal, la mayor parte de lo que hay allí yo ya lo he estudiado, no porque lo diéramos en clase, no, porque yo lo estudiaba en casa. Después de todo se supone que tenía que ser perfecto, me rio de esa expresión, toda la vida buscando la perfección para agradar a los demás me he dado cuenta de que da igual lo que los demás piensen de mí, soy como soy, a quien no le guste que no mire. No quiero cambiar, ahora me gusto tal y como soy, y eso es un gran logro.
Oigo voces detrás de la puerta, Jorge y Eric han vuelto. Abren la puerta y entran riéndose, una chica va detrás de ellos. Ella es… es un ángel, la más bella visión que laguna vez hayan visto mis ojos. Ella entra y yo reviso mi ropa, es extraño, pero quiero agradarle, ella me gusta, me gusta mucho.
-¿Aun estas despierto?-pregunta Eric.
-¿Eh? Sí, estaba preparándome las cosas para mañana, después de todo es mi primer día, quiero causarle buena impresión a la gente.-Les explico.
 -Por las chicas no te preocupes, Anna les ha hablado maravillosamente de ti- dice la chica desconocida con una preciosa y melodiosa voz.- Se han reunido todas en su habitación para que Anna les contara como era el chico nuevo y por lo que les ha dicho todas están deseosas de conocerte- me dice y me sonríe, yo agacho la cabeza, creo que me he sonrojado.
Me giro para encaminarme a mi cama, repentinamente estoy muy cansado. Eso y que quiero alejarme de ella para ver si mi corazón se calma un poco. Pero antes de que llegue Jorge me pregunta:
-Tío, ¿no te importa que Dana duerma aquí esta noche? Su compañera de habitación tiene compañía esta noche, de otro compañero…y esto… prefiere dejarlos solos.
-No molesto… simplemente Jorge y Eric juntaran las camas y yo dormiré entre ellos dos-explicó Dana como si eso fuera lo más normal del mundo.-Antes dormía en esa cama-dice señalando la mía- pero ahora dormiré con ellos, no importa.-Dice y para afirmarlo les da un beso en la mejilla a cada uno, ellos lo aceptan gustosos. Me siento un poco celoso, espero que no se me note.
Me callo, no sé qué decir. Simplemente asiento y me dirijo a mi cama. Tengo ganas de que ese episodio acabe cuanto antes.
Eric y Jorge se cambian y se ponen el pijama, delante de Dana, la cual habla con ellos como si nada… Esto es muy raro… me siento fuera de lugar. Cuando ellos acaban de cambiarse ella registra, literalmente el armario, a saber que busca… De repente saca una de mis camisetas y de la enseña a Jorge, no sé de qué va esto pero es muy raro. Jorge mira la camiseta y me señala ya acto seguido Dana se acerca a mí con la camiseta en la mano. Estoy sentado en el borde de la cama, con la mochila a mis pies y los libros a mi derecha, pero no me concentro en eso, Dana ocupa todos mis pensamientos. Entran en mi campo de visión dos largas piernas y alzo la cabeza, Dana me sonríe, pero es una sonrisa tierna, como la que le das a alguien cuando te da pena. Pero ella no sabe nada de mi vida, ¿verdad? Eso espero…
Dana seguía parada delante de mí como eligiendo las palabras que me iba a decir muy meticulosamente.
-Eh… esto Ismael… eh… me dejas tu camiseta-dijo, le tiembla el labio inferior, es un gesto de lo más infantil pero que en ella es muy sensual.
-¿Para qué?-pregunto en un intento de entender un poco lo que me dice.
- No puedo dormir desnuda-dice como si resultara obvio.- Y mirando entre las camisetas del armario me ha gustado esta-dice señalando mi camiseta- y Jorge dijo que era tuya… pero si te molesta busco otra… me da igual- otra vez le tiembla el labio y al verlo yo me derrito, toda la convicción anterior queda reducida a cenizas al ver su tierno gesto.
-Está bien, póntela-digo, mi tono ha sonado más ronco de lo habitual pero nadie se ha dado cuenta.
Ella me sonríe y antes de que yo me dé cuenta se acerca a mí y me abraza. Estoy patidifuso… jamás pensé que alguna vez pudiera usar esa palabra… pero es verdad, estoy patidifuso. Alzo los brazos en un gesto casi mecánico para abrazarla, ella me da un sonoro beso en la mejilla y se aleja de mí con una sonrisa en la cara, tengo una sonrisa tonta en la boca, por lo que me giro para coger los libros que necesito para mañana de la mesa. En el momento en que  cojo los libros alguien me toca el hombro, yo giro lentamente para ver que quiere y quien es.
Es Jorge y me sorprende muchísimo que me toque… Llevo aquí dos días y apena ha hablado. Y quedo muchísimo más sorprendido al oírlo decirme:
-Gracias por dejarle tu camiseta a Dana, ella, bueno, ella tiene una compañera un poco ligera de cascos y Dana pasa mucho tiempo aquí por su culpa, bueno por eso y porque somos sus mejores amigos. Su compañera se llama Sheila, cuando la conozcas sabrás por que la trajeron aquí sus padres y porqué cualquiera que desee pasar un buen rato la llama.
Eric suelta una risita y Jorge le imita. No entiendo la broma, pero bueno, estoy muy rayado como para que me afecte. En ese momento sale Dana del baño, con su ropa en la mano y mi camiseta puesta. Deja la ropa en una silla y en ese momento me doy cuenta de la prenda que hay justo encima de la pila de ropa… un sujetador. Dana solo lleva unas braguitas debajo de mi camiseta, siento como me suben los colores. Estoy… oh… no sé ni siquiera que siento ahora, es un sentimiento muy fuerte. He tenido sentimientos fuertes antes, pero jamás tan fuerte como la atracción que siento por Dana. Creo que es hora de irse a dormir… son las dos y pico de la madrugada y mañana tengo que estar despierto a las siete y con Dana en la habitación creo que va a ser una larguísima noche.
Me meto en la cama mientras Jorge mueve las camas hasta dejarlas juntas. No quiero girarme a mirar porque sé que Dana estará acostándose entre ellos y no estoy seguro de poder soportar eso… Dana despierta en mí sentimientos extraños. Unos minutos después apagan las luces e intento dormir. Mis intentos son el vano, no puedo dormir.  Solo puedo pensar en Dana y en que esta tan solo a unos pocos metros de mi… durmiendo con Jorge y Eric.
Mis pensamientos vagabundean sobre todas las chicas que han pasado por mi vida… No han sido muchas, en verdad, solo cuatro… mi madre, mi abuela, mi niñera y Marta…
Marta, esa chica “perfecta” según mis padres, pero nunca me gustó de verdad, era una ramera. Le daba igual quien fuera, solo le importaba que estuviera bueno, o en mi caso que estuviera forrado. Claro que ella también era de una familia muy rica, tan rica como su apariencia. Cuando la vi por primera vez pensé que era adorable, con unas trenzas y un conjunto de top y pantalón corto para jugar al tenis, junto con unas deportivas doradas, si… doradas, pero esa solo era su imagen. Era como su propia madre, fría y lejana… Solo obtenía lo que quería mediante métodos no siempre ortodoxos. Mi madre era algo así también, lo que pasa es que mi madre a diferencia de la señora de Montalvo, la madre de Marta, mi madre hacia algo más que pintarse las uñas y comprar, aparte de que mi madre no tenía la cabeza vacía. La señora de Montalvo era una de esas chicas sin cerebro que solo querían dinero, con razón había salido así su hija. En el mismo momento en el que me di cuenta de que Marta no era lo que parecía corté con ella de raíz, decisión que a mis padres no agrado lo más mínimo, pero yo simplemente les dije que prefería concentrarme en mis estudios, esa respuesta sí que les agradó así que no hicieron nada para negármelo, aunque yo pienso que sabían que era una mentira piadosa.  Después de todo, a mis padres tampoco creo que les importara que tuviera novia, más bien estaban preocupados por lo que pudiera pasar si hacíamos algo, cosa que veo muy triste ya que nunca he tenido ni la más mínima oportunidad con ninguna chica.
En fin, es tarde y mañana tengo clase así que me voy a dormir.

Mi primer día de clase ha sido una completa mierda. Anna ha venido esta mañana a mi habitación para acompañarme a clase, la verdad es que quería estar solo, he pasado muy mala noche. Mis compañeros de clase se han mantenido alejados de mí, al igual que yo no he hecho el más mínimo esfuerzo por acercarme a ninguno de ellos, la única que ha estado conmigo es Anna, pero después de un rato se ha cansado y se ha ido con las chicas, las cuales me miraban y cuchicheaban, eso me ha hecho gracia, mucha gracia. En cuanto a los profesores, hoy solo me han tocado tres de los ocho que tengo. El primero era el señor Bobby, como insiste en que le llamen, que es un señor de mediana edad regordete y con cara de bonachón, muy simpático y afectivo el hombre. La segunda, era la señorita Del Monte, una mujer fría y calculadora que me tiene que dar matemáticas, es una vieja arpía. Y el tercero, era un chico que no superaría los veinticinco años, así muy simpático y tal, pero tiene un apariencia y una forma de ser muy en desacorde con su edad, piensa, viste y habla como un hombre de ochenta años, no de veinticinco.
A la hora de comer Anna me ha guiado de nuevo hacia la cafetería para comer, la comida era un verdadero asco. Con el dinero que mis padres pagan para que estudie aquí deberían permitirse una cocinera que cocinara bien, porque la comida sabía a esparto más que otra cosa. Era como una masa compacta, que me han dicho que era lomo pero yo pienso que eso no era nada aparentemente comestible, era algo así como una suela de zapato rebozada, asqueroso. También es verdad que ha sido compensado por el postre, el flan de huevo estaba excelente, de los mejores que he probado.

Los días siguientes fueron igual de malos... pasaba las mañanas en clase y las tardes encerrado en la habitación, no salía, no hablaba, no lo necesitaba. Estaba encerrado en mí propio mundo irreal. Hacia los deberes, trabajaba en clase, pero en realidad lo único que ocupaba mi mente era Dana. La veía en la cafetería, por los pasillos, pero no me atrevía ha hablar con ella.
Tras mucho sopesarlo, he decidido que tengo que volverme más sociable, así que he llamado a Anna y le he dicho que nos vemos en el banco de delante de la residencia.
Estoy en el banco esperándola, y a lo lejos oigo la dulce voz de Dana riendo con las demás chicas, Anna llega por el otro lado.
-Hola, Ismael.-Me dice Anna.- ¿Qué te ha dado por salir ahora?
-Hola Anna. Encantado de verte también-le digo con sorna.-En fin, he quedado contigo para ver si me presentas a alguien o algo.
-Vale, ven, te presentare a las chicas.
Nos encaminamos hacia donde estaban las demás chicas, entre todas ellas, la única a la que yo veía era a Dana, resaltaba entre todas las demás con su larguísima melena cobriza, su excelente figura y su conjunto de vestido rojo sangre y sus sandalias de tacón de aguja.
Me presenta a todas las chicas… Dana se mantiene alejada de mí… como si me tuviera miedo y eso me deprime… no quiero que me tenga miedo, quiero que se me acerque, pero bueno, yo también podría acercarme a ella, pero el miedo al rechazo me domina y yo también me mantengo alejado.
Conozco a Rita, una pequeña pelirroja muy simpática. A Yuna, una chica con aspecto de modelo, con el mismo cerebro también. Lara, una morena normalita de buena cuna. A la tal Sheila que decían Jorge y Eric, y al verla comprendo lo que ellos decían, es una chica fría y superficial que no hacia más que mirar mi cuerpo lascivamente, me pongo nervioso e intento ignorarla. Había un par más de chicas, creo que eran hermanas, pero no estoy seguro. Pero da igual cuantas fueran, lo guapas que fueran y lo lascivo que me miraran, para mi solo existía Dana. La cual seguía alejada de mí.
Toda la tarde pasa sin ningún inconveniente, las chicas son muy simpáticas conmigo, me tratan muy bien. Pese a todo, Dana no me ha hablado, no se ha acercado y ese hecho me reconcome. Da igual, no puedo hacer nada en contra de eso.

Es tarde y no puedo dormir.
Alguien toca a la puerta y me levanto para ver quien es Jorge y Eric duermen plácidamente en sus respectivas camas, aun que yo pienso que antes de que yo llegara dormían juntos, pero es solo una suposición. Abro la puerta y un ángel se me aparece al verla vestida con un diminuto camisón que no deja nada a la imaginación… siento que me ruborizo, espero que con la oscuridad de la noche ella no note nada.
-¿Te importa si duermo aquí otra vez? Sheila vuelve a tener compañía y necesito dormir- me explica.
-Claro, pero Jorge y Eric están durmiendo…
-No pasa nada… ¿Tú me dejaras dormir en tu cama?- me pregunta con un pequeño puchero, yo me deshago, no puedo decirle que no con ese gesto en su bello rostro.
-Está bien. ¿Por qué no?- le digo.

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