CAPÍTULO 3
Me despierto con un grito… estaba soñando con
Anna, ella venia a matarme. Miro mi reloj y me doy cuenta que es hora de ir
despertándose, me giro para salir de la cama y…
Suspiro aliviado al ver a Dana justo
a mi lado, ya pensaba que nunca la volvería a ver.
Ella esta dormida, sus fracciones
completamente serenas, con una expresión de tranquilidad extrema. Su cabello
esparcido por mi almohada, sus bellos labios entreabiertos, pidiendo a gritos
un beso. Sus largas pestañas apoyadas en sus pómulos. En ese momento una arruga
se dibuja en su frente, creando un gesto de concentración y de golpe abre sus
ojos. Me quedo paralizado al verlos completamente blancos, parpadeo y vuelven a
ser verdes, me extraño juraría haberlos visto blancos. Dana interrumpe mis
profundos pensamientos:
-Buenos días-dice desperezándose.
Acercando peligrosamente sus labios a los míos.
Roza mis labios con los suyos. Me
besa y yo me paralizo, sin poder reaccionar, pero ese sentimiento dura muy poco
tiempo. Mi cuerpo entero vibra y le devuelvo el beso con hambre y
desesperación. Mis labios castigando a los suyos, nos enzarzamos en un duelo de
lenguas. Dana se sube encima de mí, tirándome de la cabeza hacia arriba para
poder intensificar el beso. Quiere consumirme. Paramos unos segundos para
respirar, segundos en los que aprovecho para mirarla, mirar a ese ángel sentado
en mí estómago, esa belleza que me devuelve la mirada con las pupilas dilatadas
por la pasión. Se inclina para reanudar el beso y en ese momento alguien toca a
la puerta. Decido ignorarlo, pero insiste e insiste. Yo desisto y voy a abrir.
Allí de cuerpo presente está Sheila, con su mirada penetrante.
Dana aparece detrás de mí. Posa su
mano en mi espalda y siento como si un choque de electricidad recorriese todo
mi cuerpo. En ese momento reacciono y la abrazo posesivamente. No quiero que
nadie me la quite ahora, es más quiero que todos se enteren de lo que ahora ha
pasado. He probado el sabor de su boca y me he convertido en un adicto a ese
sabor.
Contado por Dana…
Anna me ha advertido. No puedo
acercarme a Ismael. Pero va en contra de mis fuerzas, lo quiero. Siento un
vínculo con él. Sé que él en algún momento será el único y no pueden pedirme
que lo deje por que ellas piensen que es una amenaza para nuestra raza, él no
nos hará nada. Porque sospecho que me quiere tanto como lo quiero yo a él. Me
han advertido de que alguien moriría si esto seguía así. Lo que no saben es que
lo único que han hecho ha sido convertirlo en algo más atractivo a mis ojos,
porque ahora es la fruta prohibida. De todas formas quiero seguir con él, he
intentado mantenerme alejada, pero no puedo. Siento una fuerza que me atrae
hacia él. No sé exactamente lo que es, pero quiero averiguarlo.
Una vez que Anna me ha dejado salir,
aunque bajo la amenaza de matar a alguien de mi familia, he ido corriendo hacia
la habitación de Ismael. Parece mentira como en poco más de un par de semanas
haya pasado de ser la habitación de Eric y Jorge a ser la habitación de Ismael.
Ahora mismo me paro justo en su
puerta, me siento insegura de si seré bien recibida. Son casi las siete, por lo
tanto deberían salir Eric y Jorge para irse a clase. Y justo en ese momento
salen Eric y Jorge, ambos me saludan cordialmente con un casto beso en la
frente, son como mis hermanos, llegue el mismo día que llego Eric y nos hicimos
amigos mientras Anna nos enseñaba el centro. También fui la primera en saber
que se atraen mutuamente pero no se lo quieren reconocer mutuamente por lo que
soy la única que lo sabe, ni siquiera lo sabían entre ellos lo que me parece
una perdida de tiempo y de lágrimas por ambos lados. Se quieren, mucho. Pero
ninguno de los dos tiene el valor suficiente como para admitirlo y dar el
primer paso. Supongo que es por miedo al rechazo pero la verdad es que veo muy
tonto que no hagan más que sufrir. Jorge intenta cambiar de opinión saliendo
con alguna de las chicas del internado pero en el caso de Eric es un sufridor
nato, ya que ve como continuamente su amor platónico sale con chicas. Son
tontos, todo el mundo en el internado sabe que se quieren mutuamente menos
ellos, en algún momento se me cruzaran los cables y se lo contaré, es hora de
que estén juntos. Decidido. Se lo voy a decir. Pero no ahora, ahora voy a
entrar para conseguir a mi chico.
Eric y Jorge no se oponen cuando les
pregunto si me dejan entrar.
Lo veo allí, tendido sobre su
estómago plano y cincelado como el de una escultura griega. Su tez pálida, su
pelo apoyado sobre su frente dejando entrever parte de la silueta de uno de sus
ojos, que ahora están cerrados pero que cuando los abre es como si te tragaran
hacia su interior, como si te hundieras en el más profundo mar intentando
buscar su alma. Tiene los labios ligeramente entreabiertos, quiero besarlo.
Tiene una boca creada para el pecado con esos labios perfectos que claman por
ser besados, quiero concederles lo que tanto piden, pero ahora no. Ahora es
momento de dormir. Dormir tendida a su lado, abrazada a él. Ahora me doy cuanta
de que llevo el mismo camisón con el que entre anoche y que el seguramente se
preocupara al no verme. Eso me hace sentir mal, lo deje tirado. En fin, no se
puede hacer nada para cambiar el pasado, solo se puede mejorar el futuro.
Me acuesto a su lado y poco a poco me
acerco a él. No lo nota, sigue durmiendo. No pasa nada, de momento todo va
bien.
Tengo los ojos cerrados, pero me
siento observada, lo que me hace pensar que Ismael ya se ha despertado. Abro
los ojos muy lentamente, analizando las fracciones de su lindo rostro.
Efectivamente, me esta mirando, como si me quisiera comer. Decido darle un
pequeño empujoncito. Me desperezo, acercando sugestivamente mi boca a la suya y
le beso. Al principio él no me devuelve el beso, pero de pronto reacciona y
empieza a besarme enserio. Ismael tiene un sabor indescriptible, es como el
mejor postre que jamás haya probado sin llegar a ser dulce. Sabe a cielo.
Decido tomar la iniciativa y monto a horcajadas sobre su vientre. Intento
consumirlo. Paramos momentáneamente para poder tomar aire y le miro, los ojos
pesados y sus pupilas dilatadas por la pasión, sus perfectos labios separados
intentando tomar aire. Es la imagen más bella que alguna vez haya visto. Él
también me observa, le miro a los ojos y siento que me hundo en un profundo
lago y no sé nadar, pero no hay ningún problema, él me salvará. Me agacho de
nuevo y le beso y en ese justo momento alguien toca a la puerta, me enfado, no
quiero que pare. Pero es un buen chico, se dirige a la puerta mientras yo,
sentada en la cama, admiro su trasero ceñido por los pantalones. En la puerta
esta Sheila, me acerco a Ismael rápidamente y me sorprendo al ver que el me
abraza posesivamente, yo quiero acurrucarme con él, pero si Sheila esta aquí es
que algo malo ha pasado.
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