"No fue tu culpa", dice esa vocecilla en mi cabeza.
Lo sé, sé que no fue mi culpa pero eso no hace que no quisiera que él estuviese aquí. Apago el agua y salgo, la ducha ha sido una mala idea. Cuando me estoy secando tocan al timbre. No hay nadie más en casa, mis padres están trabajando y yo no tengo ganas de abrir, así que solo dejo que quién sea que haya en la puerta se canse y se vaya. Sigo secándome tan tranquilamente, pero el timbre no para de sonar.
-JODER.
Me envuelvo en una gran toalla y bajo las escaleras corriendo.
-VOY, YA VOY. PARA DE TOCAR-Grito por el camino.
Abro la puerta sin preguntar siquiera quién es y al abrir me encuentro mirando fijamente a una camiseta negra de un grupo de música que mi mente no consigue reconocer. Levanto la cabeza y veo esos malditos ojos dispares. En mi cabeza vuelven a pasar flashes de Álex, confundiendo su cara con la de Marcus.
-¿Qué cojones haces aquí? ¿Quién te ha dicho donde vivo?-pregunto indignada.
-Hola a ti también-me dice con una sonrisa sarcástica mirando mi "atuendo" y entonces caigo en la cuenta que estoy en toalla e intento reunir la mayor dignidad posible.
-Te he preguntado que qué haces aquí.-Me sonríe-¿Sabes qué? Me da igual, simplemente lárgate de mi casa. Adiós-Empujo la puerta con intención de cerrarle en la cara, pero sujeta la puerta con su mano y un flash de Álex haciendo lo mismo pasa por mi mente. -¿Qué mierda quieres Marcos?- intento poner toda la fuerza en mi voz, pero esa última imagen de Álex me ha dejado al borde de las lágrimas.
-He venido para verte, necesitamos hablar- Álex dijo lo mismo antes de...-Hablar del trabajo de lengua.
-No quiero hablar del maldito trabajo de lengua, quiero que te largues de mi casa.-Digo, cada vez estoy más inquieta, las lágrimas se agrupan detrás de mis ojos.
-No quiero suspender, querida Becca.-Demasiado, eso ha sido demasiado. Solo Álex me llamaba Becca, está mañana lo dejé pasar pero ahora no puedo. Simplemente no puedo.
-NO-ME-LLAMES-BECCA.-Digo cada sílaba lentamente.
-Claro, Becca.
Esa actitud desafiante puede conmigo. De repente Marcus se transforma en Álex a mis ojos y las lágrimas empiezan a caer libremente por mis ojos. Marcus se queda mirándome, parece afectado, pero no podría decir, no veo demasiado bien entre mis lágrimas.
"No deberías haber abierto", susurra la voz.
Empujo la puerta con todas mis fuerzas y esta vez Marcus no lo impide, solo se queda ahí. Cierro la puerta del todo y me dejo caer contra ella hasta quedar sentada en el suelo. Abrazando mis propias rodillas y llorando desconsoladamente. Ha sido demasiado. Demasiada sobrecarga emocional.
-Rebecca lo siento, ábreme por favor, no quise hacerte llorar- Escucho su voz amortiguada por la puerta.
-SOLO VETE-grito entre lágrimas.
Nada se escucha, solo me quedo ahí llorando en el suelo no sé cuanto tiempo, pero cuando me levanto ya estoy seca, solo las puntas de mi pelo se mantienen mojadas, subo las escaleras y me dejo caer en la cama. A la mierda los deberes, a la mierda todo. Me pongo el pijama y caigo rendida en la cama, dispuesta a llorar hasta dormirme. Y eso, exactamente, es lo que ocurre.
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