Sonríe, nadie lo hará por ti.

sábado, 11 de octubre de 2014

Marcus #4

-Marcus es un compañero de clase,-le explico- nos sentamos juntos.
-Marcus es un buen chico, ¿ha dicho que va a venir a por ti?
-Sí, así es, señora.
-Fantástico...-su voz misteriosa me da un poco de miedo, pero decido ignorarlo.-Bueno niña, y tú: ¿Cómo te llamas?
-Me llamo Rebecca.-Intento sonar lo más amable y cordial posible, pero estoy un poco alterada aún.
-Bien, bien... Rebecca. Pues mientras llega mi nieto puedes pasear por aquí, puedes mirar los libros. Coge uno si quieres.- Tiene una sonrisa radiante al decir estas palabras y eso me hace pensar que quizás hay un doble rasero, pero descarto esa idea.
"Solo hazle caso y disfruta de los libros", dice la voz.
-Gracias por la oferta, voy a merodear un poco, me encarta leer.
-Oh, eso es bueno... Sí, muy bueno...-dice mirándome fijamente.
Esta señora es muy extraña, pero no quiero juzgar a nadie, después de todo me ha acogido hasta que llegue Marcus, el que casualmente es su nieto. Hoy es un día extraño, demasiado extraño. Miro a mi alrededor y me hago plenamente consciente de lo que veo, había estado tan nerviosa que no me había dado cuenta de lo que había en la librería.
A mi alrededor todo son libros, con portadas diferentes. Algunos de colores, otros blancos y otros tan llenos de polvo que no logro distinguir sus nombres. Hay libros tan antiguos que da miedo tocarlos y otros con brillantes portadas que gritan por ser acariciadas. Camino de estantería en estantería, pasando mis dedos por esas cubiertas... Cierro mis ojos y me dejo llevar, balanceando mi cuerpo de un lado a otro. Pero entonces paro de golpe, allí hay un libro, uno diferente a todos los demás. Entre una librería repleta de libros, mi mente solo puede enfocar en uno.
En el último estante de una vieja estantería descansa un libro que antaño fue rojo pasión, pero ahora solo es de un color marrón claro que hace parecer que tenga mil años. Intento alcanzarlo, pero no llego. La señora me acerca una escalera y me subo para coger ese libro. No pienso en lo que estoy haciendo, solo sé que necesito coger ese maldito libro. Lo alcanzo y al pasar mi mano por encima elimino una capa de polvo que podría haber matado a un alérgico. Bajo de la escalera y me siento en la pequeña silla que tiene en una esquina, es para que se sienten niños, pero por ahora valdrá. La abuela de Marcus me mira fijamente, pero no dice nada, tan solo esboza una sonrisa cuando ve el libro en mis manos. Susurra un pequeño: "Sabía que ella era especial" y se sienta detrás de la caja. Vuelvo la vista a mi libro, ignorando a la señora. Paso mi mano por su cubierta y quito todo el polvo. Al leer el título suelto una pequeña sonrisa: "Peter Pan". Cuando me dispongo a abrir el libro suena la campanita de la tienda y alzo la mirada. Allí, en carne y hueso está la fantasía de cualquier adolescente: un motero guapo y sexy que viene a recogerme. Toda su ropa está empapada y me hace sentir fatal el haberle hecho venir así.
"No deberías haberle llamado", dice la voz.
Pero ya es tarde para dar marcha atrás, simplemente le miro a los ojos y aparto la mirada. Vuelvo a enfocar mi vista en el libro aun cerrado que yace sobre mis piernas. Marcus pasa de largo y se acerca a su abuela, que le recibe con una gran sonrisa y los brazos abiertos. Se dan un abrazo muy largo y yo solo miro de reojo mientras repaso las letras del título con la yema de mis dedos. Me siento fuera de lugar. Cuando por fin se separan, su abuela me señala y dice algo en italiano. ¿Italiano? No entiendo que es exactamente lo que dice, pero Marcus esboza una gran sonrisa y asiente. Ahora los dos me miran fijamente y yo me siento cada vez más incómoda, intento levantarme de golpe para dejar el libro e irnos, pero con el impulso y mis dos pies izquierdos acabo tropezando y cayendo de bruces al suelo, con tan mala suerte que no me da tiempo a poner las manos para parar mi caída y simplemente caigo de cabeza. Mortalmente avergonzada no me resisto cuando Marcus me levanta del suelo y me sienta encima del mostrador. Noto algo caliente bajando por mi mejilla, alzo mi mano y veo sangre. Mal rollo. La sangre no me gusta.
-Cre-cre-creo que me voy a desmayar- digo antes de caer hacia atrás. Antes de sumirme en un negro mar veo a Marcus estirando los brazos para sujetarme y que no me caiga, bueno, al menos no haré el ridículo dos veces.

Despierto estirada en el suelo con algo blandito debajo de mi cabeza: una chaqueta. Aun tengo los ojos cerrados, pero mi cabeza duele como si me hubiese caído un yunque encima. Levanto la mano para tocarme pero antes de que llegue a mi frente una mano retiene mi brazo.
-No te toques la herida, o harás que vuelva a sangrar.- la voz de Marcus me reconforta y simplemente dejo que me cautive.
Abro lentamente los ojos y su preciosa mirada entra en contacto con la mía.
-Lo siento.-Susurro, aunque más bien es casi un suspiro.
-No has hecho nada malo, no es tu culpa ser un poco patosa- dice sonriendo y pone la punta de su dedo en mi nariz.
-Lo siento por hacerte venir a por mi, no sabía a quién llamar.-Aclaro.
-He venido, ¿no? Siempre podía haberte rechazado y sin embargo: aquí estoy.
Intento ponerme recta, pero no me deja, simplemente se inclina hacia mi, noto su aliento en mi cara, sus ojos mirando fijamente mis labios y entonces...

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