Sonríe, nadie lo hará por ti.

domingo, 3 de mayo de 2015

Agua.

<< Mis dedos chafaron la arena de la playa, mientras escuchaba las olas romper contra la arena, su voz como un eco en mi mente. Llamándome por mi nombre mientras yo gemía el suyo. Una y otra vez nuestros cuerpos fueron uno, pero no fue suficiente para él y acabó. Acabó. 
Mi mente aun no lo ha asimilado y sigue repitiendo una y otra vez aquellos momentos. Ya no sé que pensar, ya no sé que sentir. Tan solo se que todo duele, todo quema, por haberlo perdido y no saber por que. Ahora solo siento el agua llenando mis pulmones mientras me dejo llevar por las olas hacia un lugar desconocido. >>

viernes, 1 de mayo de 2015

No fuimos

Ay lo que fuimos, 
ay lo que no llegamos a ser...
Por todo aquello que pudimos ser. 
Por todo aquello que no fuimos, 
porque la vida... 
las cosas... 
todo en general
se interpuso en nuestro camino.
Fuimos mejores amigos
 pudiendo haber sido amantes.
 Fuimos compañeros 
con nuestras vidas entrelazadas.
Pero no fue suficiente, 
y de golpe todo se destruyó.
Por lo que pudimos ser 
y no fuimos. 
Por lo que fuimos 
y por todo aquello que dejamos atrás.
Simplemente parecía simple 
que las cosas siguieran el rumbo natural, 
pero no lo fue, 
el rumbo natural que tu y yo esperábamos
llegó a donde no habíamos esperado.
Por todo aquello que pudimos ser 
y no fuimos:
brindo hoy.
Quizás estábamos destinados a estar separados,
quizás nos hizo falta un empujón que nunca llegó.
¿Qué hacer cuándo todo aquello
 solo es un recuerdo de lo que pudo ser? 
Por todo aquello que fuimos,
y nunca llegamos a ser. 

lunes, 2 de marzo de 2015

Vacío.

Tanta angustia.
Tantas ganas.
Tanto odio reprimido en un suspiro exasperado.
Quiero gritar hasta que mi alma esté afónica.
Quiero decir todo aquello que en su día me callé tras un suspiro y una lágrima.
Tantas veces he callado todo aquello que rogaba por salir, tantas veces esas malas palabras me han envenenado de dentro a fuera. Esos versos no pronunciados que quedaron enterrados bajo vagas excusas. He dicho tantas veces "estoy bien" sin siquiera saber que significa eso, que a día de hoy ha dejado de tener sentido, solo tiene un propósito: callar aquello que puede dañar. Tantas ganas de sentir y ser sentida, tantas ganas de dejar de sentir ese vacío, porque ya no siento nada. Soy una cáscara vacía de lo que ya no recuerdo ni que fue.

domingo, 22 de febrero de 2015

Falta algo.

A veces tengo la sensación de que olvido algo. Llego a mi habitación y me pregunto que es lo que había ido a buscar. Abro la nevera cincuenta veces el mismo día esperando encontrar algo nuevo (que irónicamente es el significado de "locura", repetir la misma acción esperando diferente resultado). Pero no solo me pasa cuando olvido algo, o cuando no sé que es lo que estaba haciendo. Es una sensación casi palpable. Ese sentimiento de estar perdida, de que falta algo.
Me paro en medio de la calle y miro atrás, esperando encontrar algo, quién sabe qué. No sé que es, no sé donde está, solo sé que falta. Falta algo. Mi yo romántica quiere pensar que es mi "otra mitad", que me falta el amor de mi vida para sentir que ya no falta nada. Buena respuesta a la pregunta de qué es lo que falta. Ahora bien, si lo pienso bien... ¿Y si falto yo? ¿Y si soy yo la que estoy perdida? Mi cuerpo y mi mente saben que no soy yo la que se mira cada mañana en el espejo, es el reflejo de quien solía ser.
Triste realidad que lo que de verdad me falta, lo que olvido, soy yo. Me he olvidado a mi misma a lo largo de estos años, no sé como ha ocurrido, no sé como solucionarlo. Solo sé que es así.
Falta algo en mi vida, olvido algo, esa sensación de pérdida, de necesidad de encontrar algo que llene ese vacío de pronto cobró sentido un día al levantarme. Ahora la cuestión está como recuperarme.

sábado, 31 de enero de 2015

Prólogo #Between

La historia más imposible, el amor entre mundos. 
Ella un hada de un mundo con magia. Él un humano en un mundo sin fe. Encontrados en un mundo donde todo es posible. 

Caminando por el parque con Cerberus, su perro, Andy estaba aburrido. El dichoso perro corría d un lado a otro detrás de mariposas, ardillas o, cualquier cosa que se moviese. Su mano fue directamente a su bolsillo buscando el paquete de tabaco, pero una vez más recordó que estaba intentando dejarlo. Sería mejor que se fuese a casa de una vez por todas. Buscó a Cerberus por todos lados, pero ni rastro del gran danés.
-CERBRUS! MALDITA SEA, VUELVE AQUÍ-gritó.
En ese momento vio la cola de su perro meterse entre los matorrales que había detrás de un árbol.
-Maldito perro.
Corrió detrás suya y con toda la delicadeza que pudo cruzo los matorrales para encontrar una pared de piedra y ni rastro de su perro.
-¿Pero qué cojones? ¿Dónde está mi maldito perro?
Y entonces fue a apoyar su mano en la pared y cayó dentro. Atravesó la pared y apareció en un prado con vacas azules y arboles de los que colgaban lápices de colores. Miro al cielo y vio nubes con forma de espárrago y algo que parecían pájaros... Y entonces su perro saltó encima suya y ambos cayeron al suelo.
-¿Pero tú qué haces aquí, tíiiiiiiiiiiio?-dijo Cerberus.
Y entonces el cerebro de Andy colapsó y simplemente cayó desmayado.

-Malditos humanos, siempre desmayándose cuando cruzan el portal... ¿Quién les mandará a venir aquí?-alguien refunfuñaba por delante de Andy.
Andy se dió cuenta que estaba en movimiento, alguien lo arrastraba tirándole del pie. Abrió los ojos y entonces recordó donde estaba, bueno, simplemente se hizo consicente, puesto que aún no sabía donde estaba. Delante de él había una... algo. Esa algo tenía alas que rozaban el suelo y un pelo verde tan largo que rozaba sus tobillos. Andy intentó mover su pierna para hacer saber a esa lo que fuese que estaba despierto, pero ella no le hizo caso, siguió arrastrándole por un sendero de algo que parecía... ¿algodón de azúcar?
¿Dónde te has metido, Andy?, pensó para sus adentros.

***
Bueno, esto es un pequeño "prólogo" de algo que podría llegar a ser... 

sábado, 24 de enero de 2015

Marcus #10 - FINAL

REBECCA

(Cinco días antes)
Solo queda una semana para ver a Álex y eso me hace sonreír sin razón aparente. Hace mucho que no le veo, no me dejaban y ahora podemos volver a vernos y eso nos llena a ambos de felicidad, o eso espero. Tengo literatura a primera hora, y por una vez no llego tarde, hasta me da tiempo ha llamar al hospital a ver como está Álex. Why not? Cojo el teléfono fijo y me siento en el sofá, esperando que contesten...
-¿Diga?
-Hola buenas, soy Rebecca.-Sé que la recepcionista conoce mi nombre.
-Hola Rebecca, ¿cómo estás?
-Muy bien-digo, pero mi tono sigue monótono.
-No sé muy bien como decirte esto... pero, eh... Álex no está.
-¿¡Cómo!?
-Hace un par de días se escapó, pero no te preocupes, está en casa con su madre, ha llamado.-Un suspiro aliviado cruza mis labios.
-Vale. La llamo a ella, chao.
-Adiós, Rebecca.
¿Se ha vuelto a escapar? Joder, Álex. Miro el reloj, nada, ya no puedo llamar a su madre. Cojo la mochila y salgo corriendo, vuelvo a llegar tarde...

(En clase, ese mismo día)
Corro hacia clase, esperando que la profesora aun no haya llegado. Y por algún milagro, entro a clase y la profesora no está. Miro por la clase, buscando un sitio mientras intento recuperar mi aliento. Elijo una silla en la última fila, esperando que la profesora no se fije demasiado en mi. Me tiene enfilada. Y allí está ella, bajita, regordeta, analizando la clase en busca de esa chica que siempre llega tarde y sus ojos se posan en mi, intento esconderme, deseando ser más pequeña y poder desaparecer. Ella me mira, y señala el pupitre al lado del mío, y entonces me doy cuenta del chico que está a su lado.
Alto, muy alto, taaaaan alto... Debe rondar los dos metros, seguro. Pelo negro, corto y rematado en puntas hacía cualquier dirección, dando un look desaliñado que seguramente ha tardado mucho tiempo en conseguir que quede así. Pómulos altos y pronunciadas ojeras, como si llevara días sin dormir, siento pena por él, yo también sé lo que es estar días sin dormir... Y en ese momento alza a mirada y le veo: ÁLEX. Joder, ¿qué hace él aquí? Esto no puede ser buena señal. Cojo el móvil rápido y le envío un mensaje a su madre:
Rebecca: Celia, ¿por qué Álex está en MI clase?
Celia: Rebecca, tenía que haberte avisado, lo sé, pero vino hace un par de días a casa, se ha escapado, ha tenido otro ataque. Ya no es él. Lo siento.
Rebecca: Vale, ¿no le conozco?
Celia: No, los doctores han dicho que puede desestabilizarlo, está al borde.
En ese momento se sienta a mi lado y yo me callo. Intento ignorarlo, se hace tan difícil... Todo lo que quiero es tocarle, abrazarle, sentirle otra vez cerca de mi. Me da un codazo y me pasa una notita, la leo... Así que ahora es Marcos... interesante. Muchas veces me gustaría saber que es lo que pasa por su cabeza, pero con todas mis fuerzas trato de parecer borde.
"No le conoces, Rebecca... No le conoces..." Las palabras siguen dando vueltas en mi cabeza, sin dejar que  me olvide. Bien, no le conozco. La clase pasa casi sin incidentes, siendo todo lo borde que puedo con él.


(Tres días antes)
Mientras me ducho recuerdo cada momento que he pasado con Álex y alguien toca a la puerta, corro y al abrir ahí está él, como si lo hubiese invocado, pero al mirarle a los ojos sé que no es él. Discutimos y me llama Becca, tal cual solo Álex puede hacerlo y yo grito, porque no puedo alejarme de él, no puedo. Me echo a llorar y él se asusta, pero sé que no es él, que es solo Marcus, nada de Álex.
Álex no existe, Rebecca, recuerdalo. Cierro la puerta y me pongo a llorar, sin poder evitarlo.

(Dos días antes)
Llego a clase, pero no puedo entrar, una fuerza me empuja en dirección contraria. Mi sentido de auto-preservación me incita a alejarme del colegio a alejarme de "Marcus" porque es demasiado doloroso verlo y no conocerlo. Corro hacia cualquier lado y acabo perdida. Sin dinero, sin nadie a quién llamar y una voz en mi cabeza me dice que no es correcto, pero mi corazón me dice que debo llamar a Álex, le llamo y quién me contesta es Marcus... Bueno, algo es algo. Me doy cuenta que estoy cerca de la tienda de su abuela y sé que él lo sabe también. Así que entro.
 -Hola, hola, so-soy Rebecca. Tengo que esperar aquí a alguien, me ha dicho que usted le conoce, se llama Marcus.
-¿Eres amiga de mi nieto?- y me sonríe, es un viejo código que inventamos cuando estos ataques comenzaron.
-Hola, Júlia, cuanto tiempo sin verte.-Y la abrazo como si fuese mi propia abuela.
-¿Qué ha pasado, cariño? Ven, siéntate aquí y tomate algo.-Me dice señalando la mesita que tiene en la trastienda.
Me siento junto a ella mientras tomamos un té y hablamos de todo en general, hasta que sale EL tema.
-Mi hija me ha dicho lo que pasó en clase...
-Sí, es muy difícil estar cerca de él Júlia... Le quiero tanto y tan solo quiero abrazarlo y decirle que todo irá bien, pero él no sabe quién soy-me echo a llorar.-Ni siquiera sabe quién es él...-digo entre llantos.
Júlia solo me abraza y yo le devuelvo el abrazo. Al cabo de un rato me deja para que deambule por la librería y eso hago, como tantas otras veces he hecho acompañada de Marcus. Él llega y yo me desequilibro y caigo. Al despertarme no puedo pensar con claridad, tan solo quiero volver a sentirlo cerca de mi y estamos casi al punto de besarnos, cuando Júlia (bendita Júlia) no interrumpe. Nunca la he querido más que ahora mismo. Antes de irnos me da uno de sus grandes abrazos de abuela y me susurra al oído:
-Sé fuerte, niña, sé que puedes pasar este.
Y yo espero que sea verdad...
Nos montamos en su moto y llegamos a mi casa. Entro y poco después toca a la puerta y nos besamos, nos dejamos llevar por la pasión. YO me dejo llevar por todos esos sentimientos que tengo por él y él, bueno, él se deja llevar por "algo". Nos despertamos horas después y le hago saltar por la ventana porque mi madre no puede saber que he vuelto a dejarle entrar en mi cuarto, no cuando no es Álex el que está conmigo.

(El día de antes)
Por fin tocaba la visita a Álex y, bueno, yo sabía que él no iba a estar allí, porque él estaba en clase. En MI clase. Pero necesito hablar con su madre, necesito hacer algo, no puedo seguir así.
Llego a su casa y toco suavemente a la puerta, Celia me abre sin siquiera preguntar y me deja pasar. Nos sentamos en un silencio incómodo durante unos segundos que parecen horas... y entonces hablo:
-Celia, no puedo seguir así. Esta vez es mucho más difícil, las otras veces solo eran un par de horas, ahora lleva días. Días sin estar ahí dentro... No puedo.-Y me echo a llorar.
-Sé que es difícil, Rebecca, pero no podemos hacer nada, los médicos no pueden retenerle si no es él, porque su inestable estado mental no lo soportaría.
-Lo sé, lo sé... pero es que siempre viene a mi, ¿por qué viene a mi Celia?-le digo, dejando ver todos mis sentimientos a través de mis ojos.
-Te quiere, en cualquier universo, te quiere.-Susurra, simplemente.
Y en ese momento lo comprendo.
-Cecilia, me dejé llevar y ahora no sé como seguir, ¿qué le digo?
-No lo sé, Rebecca... No lo sé.
Después de una tila salgo de su casa, con las ideas un poco más claras, tengo que romper esta "cosa" que hay entre "Marcus" y yo, necesito a Álex de vuelta. Lo necesito ya.

De vuelta a casa me lo cruzo por el camino y digo palabras que suenan extrañas en mi boca, palabras para herirle, para causar ese "click" en su cerebro que me devuelva a Álex. Le dejo allí, con la palabra en la boca, sabiendo que ese "click" ha ocurrido.

(Hoy)
Al día siguiente me levanto tranquilamente y al bajar las escaleras está Álex, o Marcus... Me acerco a él y veo ese cristal roto de sus ojos dispares.
-Álex.
-Becca.
-¿Qué haces aquí?
-Mi madre me contó todo lo que ha pasado y... lo siento.
-No sirve de nada sentirlo, tú sabes que el único que puede parar esos ataques eres tú. Deja de huir y afrontalo todo, deja de buscar otras realidades... Deja de alejarte de mi.
No me contesta, tan solo me mira fijamente.
-No me puedes pedir que siga contigo, Álex, esta vez ha sido demasiado. Te quiero, te quiero más que a nada, pero si tú no eres capaz de ser Álex no sé si podré seguir así.
-Rebecca...
-No, joder, Álex, ya está. Deja de mirar por la ventana y mírame a mi, a mi.
-Becca... te quiero.
Y me abraza tan estrechamente que creo que todo va a ir bien, que nada malo va a pasar...


***
Supongo que esto tiene que ser absolutamente confuso para todos, incluso para mi lo es,  pero esta idea se me ocurrió hablando con unos amigos, siempre he querido probar a escribir cosas diferentes y, ¿qué más diferente que una persona con personalidad múltiple? Bueno, de momento esto es un final, aunque dudo que sea para siempre, en algún punto me gustaría retomarlo o quizás contar que pasó para que todo esto ocurriese... No sé que pasará, no sé si escribiré más o se quedará así. No sé que va a pasar en el futuro, he dejado esta historia abierta, esperando por si alguna vez quiero seguirla. Pero bueno, de momento es un final. Espero que os haya gustado y este final tan inesperado no os haya hecho odiarme mucho, comentadme que os ha parecido por aquí o por Twitter, de verdad que me hace muchísima ilusión cuando lo hacéis. 

jueves, 22 de enero de 2015

Marcus #9

Miro por la ventana de mi cuarto, ajeno al resto del mundo. Desde el cuarto piso veo personitas andar, hablar, comer... todas allí abajo, casi como una imagen surrealista de un cuadro abstracto. Me levanto, cansado de estar aquí. Salgo por la puerta y saludo a la chica que está de turno, ella no dice nada, ni siquiera levanta la cabeza del ordenador. Vaya mierda... Recorro los pasillos del edificio sin rumbo alguno, tan solo dejándome llevar y, una vez más, acabo en la biblioteca. Dejo mis dedos flotar por las estanterías hasta que un libro dorado llama mi atención. Lo cojo: "Peter Pan", pues claro. El libro favorito de Rebecca. Rebecca... Ayer mismo estuvo aquí, pero no se quedó mucho. Cuanto la echo de menos... Recuerdo aquellos días en los que pasábamos horas y horas juntos, simplemente recorriendo esta misma biblioteca, como yo le leía una y otra vez "Peter Pan" mientras ella acariciaba mi piel. Ya no disfrutamos de momentos así, ya nada es igual. Todo cambió aquel día y ahora tan solo viene una vez al mes, el único día que le dejan. Porque no la dejan verme, dicen que es mejor mantenernos separados, mejor para los dos. Pero no es verdad, ella me quiere y yo la quiero, separados nos hacemos más daño que juntos, podemos salir de esto... tan solo si nos dejaran estar juntos.
Nada es así de fácil.
Dejo el libro en su sitio y vuelvo a mi habitación, a mirar otra vez por la ventana, donde todas esas personitas siguen dentro de un cuadro. Dejo a mi mente flotar lejos de aquí...
Horas después un ruido brusco me saca de mi ensoñación, estaba con Rebecca, en la playa, un recuerdo de hace unos años. El ruido provenía de la puerta y al girarme veo a mi madre. No habla, no dice nada, tan solo me mira mientras adecenta un poco la habitación, ignorando completamente mi presencia.
Ya nadie quiere hablar conmigo. Solo Rebecca, y a ella no le dejan. Que cruel broma del destino.
-Mamá-mi voz suena ronca por el desuso.
-¿Sí?-contesta, pero su tono es frío.
-¿Por qué ya no hablas conmigo?-le susurro.
No responde.
-¿Ya no me quieres, mamá? ¿He hecho algo malo?
No responde.
-Mamá, ¿por qué nadie quiere hablar conmigo?
No responde.
-¿Por qué no dejan venir a Rebecca?
Su cuerpo se sacude, pero sigue sin respuesta.
-Mamá, ¿por qué ya no hablas conmigo?-repito, y esta vez si responde.
-Porque ya no eres tú.
Dicho eso se levanta y yo me callo, sin saber bien que decir y vuelvo a mirar por la ventana...

martes, 20 de enero de 2015

Marcus #8

Volver a casa después de todo el día con Álex es una de las cosas más difíciles que hago cada mes y cada vez se hace más difícil. Verlo ahí... Pero antes de acabar ese pensamiento alguien se cruza en mi camino y en ese  momento reconozco a Marcus.
-Hola.-Digo sonriendo.
-Hola-un tono demasiado seco para su habitual modo alegre.-¿Por qué no has venido a clase?
-Tenía cosas que hacer.-Digo, a él no le interesan mis asuntos.
-Tu madre me ha dicho donde estabas.-Dice simplemente.
-Bueno, ¿y qué?
-¿Quién es Álex, Rebecca? ¿Por qué no me has hablado de él?
-Álex... Álex es... es algo complicado.-No sé como explicarle.
-Explícamelo entonces-su tono es exasperado y me enfado, él no es quién para pedirme explicaciones de nada.
-Mira, aunque nos hayamos enrollado, eso no te da derecho a hacerme un quinto grado con preguntas sobre mi vida.-Sé que esas palabras le han hecho daño, pero sé que tengo razón.
-Pensé que significó algo más para ti... para mi fue algo más, siento una conexión muy fuerte hacia ti, ¿no la sientes?-me dice, al borde de las lágrimas.
-No, no significó nada, ¿vale? Tan solo estabas ahí y eres tan parecido a él...
-¿A él? ¿A Álex? ¿Solo me has utilizado porque me parezco a "él"?
-Sí.

***
Este capítulo es más corto que la mayoría y sé que ahora mismo me odiáis pero estáis esperando como locos a que suba el próximo capítulo, así que si os he dado tanto hype como yo creo he hecho un buen trabajo. :* (Adoro los comentarios)

domingo, 18 de enero de 2015

Marcus #7

Horas después despertamos abrazados, mi cabeza enterrada en la curva de su cuello y su aliento cálido sobre mi pelo. Intento no moverme para no romper el encanto de este momento y tan solo disfruto del momento. Oigo como la puerta de casa se abre y me hago consciente de nuestra situación: ambos en ropa interior, abrazado en mi cama. Vale, esto puede ser una situación muy incómoda. Me levanto tan rápido que accidentalmente le doy un cabezazo a Marcus, que mustia un "auch" entre dientes.
-Marcus, Marcus, levanta. Marcus, mi madre está aquí.-Le digo entre susurros mientras recojo la ropa y se la lanzo.-Vístete.
Marcus se ha levantado rápido, pero sus movimientos siguen lentos por el sueño.
-Marcus, joder.
Me visto rápido y le miro, medio vestido. Le empujo hacia la ventana y me mira interrogante.
-Lo siento, lo siento, lo siento.-Repito una y otra vez, pero sigo empujándolo.-No hay mucha altura, ten cuidado.
Con un último empujoncito saca una pierna por la ventana, dispuesto a bajar. Pero antes de irse, me agarra por la muñeca  y me aprieta en un abrazo mientras me besa.
-Te llamo luego-me dice y salta.
Gracias a Dios había sido listo y había movido la moto unas casas más abajo, nada sospechoso si ignoras al chico saliendo de mi ventana. Oigo a mi madre trasteando en la cocina y bajo a ver que hace.
-Hola mamá, ¿qué haces?
-Ui cariño, ¿estás bien? Estás muy roja, ¿tienes fiebre?-dice mientras me toca la frente. Yo intento reprimir la risa.
-Estoy bien mamá, es que me he quedado dormida y me acabo de levantar, será eso.
-Sí, será eso...
Y ahí se queda nuestra conversación. Cojo un bocata de nocilla y subo a mi cuarto a "estudiar". Al llegar a la habitación oigo el móvil pitar incontroladamente y al mirarlo encuentro mensajes de Marcus. Sonrío inconscientemente antes de leerlos:
Marcus: CASI ME PARTO UNA PIERNA POR TI, ESO TIENE QUE CONTAR ALGO

Rebecca: LO SIENTO MUCHO, UNA VEZ MÁS.

Marcus: NO TE PREOCUPES, HE CAÍDO SOBRE UNO DE TUS ARBUSTOS.

Rebecca: JAJAJAJAJJA.

Marcus: ¿PUEDO PASAR A RECOGERTE MAÑANA PARA IR A CLASE?

Rebecca: MAÑANA NO VOY A CLASE.

Marcus: ¿POR QUÉ?

Y lo dejo ahí, no le contesto, es demasiado pronto para que sepa.

(Marcus, a la mañana siguiente)
7:45AM

Miro otra vez el móvil, pero nada, ningún mensaje de Rebecca, nada desde anoche. Sé que no debería hacerlo, pero necesito respuestas, quiero saber si algo está mal con ella. Hace días que nos conocemos, pero lo de ayer significó algo, ¿verdad? Significó algo para mi. Así que aquí estoy, en la puerta de su casa, antes de clase, para recogerla. Vale, quizás suene un poco raro, quizás un poco obsesivo. Vale, esto no es buena idea. Me monto otra vez en la moto y arranco para ir hacía clase, pero antes de llegar me arrepiento y vuelvo a su casa. Antes de volver a cambiar de idea toco a la puerta y su madre me abre.
-Hola, ¿puedo ayudarte en algo?
-Hola señora, soy amigo de Rebecca y la estaba buscando, ¿está aquí?
-No, es miércoles, está con Álex.
En ese mismo momento siento como mi corazón se parte en pedacitos. Al parecer anoche no significó tanto para ella como para mi.

***
Los comentarios me incitan a seguir. *guiño*

viernes, 16 de enero de 2015

Marcus #6

-¿Te estás riendo de mi?- me dice enarcando una ceja y yo vuelvo a estallar en carcajadas.
-No...-digo entre risas-es que...-más risas- es que estoy en el aire...-más risas.
Ante mi absurda risa él sonríe y se ríe conmigo.
-Vale, princesa, ahora sí, debería irme.
-Sí, deberías.-Pero no me suelta, y yo no le suelto a él.-Aunque, bueno... No hay nadie en mi casa y... bueno...-le digo dubitativa...
-¿Quieres que me quede aquí?-Dice mirándome a los ojos, pero no le contesto.-¿Qué quieres de mi, princesa?
-No lo sé.-Le digo con franqueza.
Marcus, en vez de bajarme al suelo me coge por debajo de los muslos y me levanta, sin poder evitarlo yo engancho mis tobillos en la parte baja de su espalda y me agarro más estrechamente a su cuello. No dice nada, no digo nada. Marcus me agarra fuerte y posa sus manos en mi culo, apretándome más contra él. Sin mediar palabra, tan solo le miro y me mira, y de golpe en dos zancadas está dentro de mi casa y la puerta está cerrada a su espalda.
-Tú decides, Rebecca.
-Mi habitación está arriba-le digo, suavemente.
Sin separarnos subimos las escaleras, entierro mi cara en su cuello y le doy besos húmedos en el cuello, causando que casi nos caigamos escaleras abajo. Con ese tropiezo ambos nos reímos y Marcus me baja, por la seguridad de los dos. Subo corriendo las escaleras y detrás de mi oigo sus pasos lentos y medidos. Antes de llegar a mi puerta ya me ha alcanzado y me abraza por la espalda. Abro la puerta y nos precipitamos dentro. Me separo de Marcus y me dejo caer de espaldas en la cama. Le miro mientras escanea mi habitación, aunque tampoco haya mucho que ver ya que hace poco que pintamos y todas mis cosas están en cajas en la esquina de la habitación, ahí guardadas esperando a que mi pereza amaine y me dé por sacarlas. Y noto en el momento exacto en el que sus ojos se posan en mi, quemándome a través de la ropa.
-¿Crees que esto es buena idea, Rebecca? Porque yo no estoy seguro.-Me dice lentamente.
-Sí, yo tampoco creo que sea buena idea...-Le digo.
Me levanto, decidida a bajar a la cocina a por algo para merendar y dejar esto en una anécdota, pero al pasar por su lado no puedo resistirme y le beso. Lo que yo pretendía ser un beso casto se convierte rápidamente en una lucha entre nuestras lenguas, una batalla de labios y dientes que nos deja a los dos sin respiración. Me echo hacia atrás y caigo en la cama, arrastrando a Marcus conmigo. Caigo de espaldas y Marcus encima de mi, sin separar nuestras bocas hasta que necesitamos aire para respirar. Su boca baja por mi garganta dejando un rastro de besos húmedos y sensuales que me llevan a la locura. Siento sus labios acercarse a el cuello de mi camiseta y antes de darme cuenta ya no está. Solo existe su boca en mi piel y sus manos recorriendo arriba y abajo mis piernas. Y, una vez más, antes de darme cuenta tampoco están los pantalones. Sus manos, su boca... Mi mente está completamente derretida bajo el peso de sus caricias y mis manos recorren su espalda. Separa sus labios de mi piel y tira su camiseta en algún lugar de la habitación y yo toco su piel, recorriendo su espalda con mis uñas. Perdidos en nuestro propio mundo nos besamos y abrazamos durante horas, minutos, quizás solo segundos... En algún momento tan solo dejamos de besarnos y nos abrazamos. Por alguna razón Marcus está ahora de espaldas y yo apoyo mi cabeza en su pecho mientras trazo dibujos geométricos en su estómago. Ninguno dice nada, no nos miramos... Tan solo nos concentramos en el calor del otro. En cierto punto ambos caemos dormidos y horas después...

lunes, 12 de enero de 2015

Marcus #5

... y entonces su abuela grita su nombre desde el otro lado de la librería. Marcus se aleja de mi y me deja allí tumbada, atontada por el golpe y aun sintiendo su mirada ardiente en mi piel. Me incorporo poco a poco y veo a Marcus cogiendo un libro de la parte alta de la estantería y a su abuela sonriendole con ternura desde abajo. Me siento fuera de lugar, es una escena tan tierna y tan familiar... tan poco común en mi vida. Me levanto y recojo la chaqueta de Marcus que estaba debajo de mi cabeza. Marcus me mira desde el otro lado de la librería y le susurra algo a su abuela que no logro descifrar. Se acerca lentamente a mi y yo, inconscientemente, retrocedo cuando se acerca.
-Deberíamos irnos, princesa, ha dejado de llover.
Yo simplemente asiento, sin pasar por alto que me ha llamado "princesa". Antes de salir por la puerta su abuela ya está justo ahí esperándonos, abraza estrechamente a Marcus y, para mi sorpresa, también a mi. Mi cara debe parecer un cuadro, porque Marcus se ríe y yo le sonrío. Salimos a la calle, toda mojada y llena de charcos por el diluvio de antes. Su moto está en la puerta, también mojada, así que Marcus saca una especie de toalla, al menos parece una toalla, y la "seca" mientras yo me quedo embobada mirando sus bíceps flexionarse. Me hace un gesto para que suba y yo me sonrojo. Marcus arranca la moto y yo le abrazo estrechamente. Sospecho que acelera cada vez más para que yo le apriete más fuerte, pero ninguno hace ningún comentario al respecto cuando llegamos a la puerta de mi casa.
-Bueno princesa, aquí estás, sana y salva en tu castillo.
-Muchas gracias, noble señor-contesto con una reverencia y ambos estallamos en risa.
Al cabo de unos segundos nuestra risa muere en nuestras gargantas, pero nos quedamos mirándonos, sin saber bien que decir ni que hacer.
-Bueno, yo debería entrar en casa...
-Sí, deberías-pero no hago ningún movimiento, sigo mirándole.
Al cabo de unos largos minutos que han parecido siglos en sus ojos, aparto la mirada y me dirijo a mi casa. Siento su mirada pegada a mi nuca a cada paso que doy y por fin alcanzo la puerta, la abro y entro. Cierro suavemente sin querer mirarlo y pego mi espalda a la pared, soltando un suspiro. Antes de que me pueda alejar de la puerta alguien toca, y yo no pregunto, simplemente abro y salto en sus brazos. Marcus me coge al vuelo y me levanta, mientras me besa profundamente, eso que ambos estábamos esperando y ninguno se había atrevido a hacer. Siento su sonrisa contra mis labios y sonrío a la vez, dejamos de besarnos, pero sigue abrazándome. Hundo mi cara en su cuello y le doy pequeños besos en ese punto dulce. Y entonces me levanta un poco más alto y me hago consciente que me tiene sujeta en el aire, a unos 20cm del suelo y, sin poder contenerme, empiezo a reírme descaradamente.
-Espero que esa risa no sea por mi-susurra en mi oído.

***
Depende de que comentarios reciba de este capítulo me plantearé seguirla o no, decidís vosotros.

sábado, 10 de enero de 2015

Colores vívidos.

¿Por qué nos volvemos aburridos con la edad? ¿Es un signo de madurez o de perdida de esperanza? Esas palabras han brotado de mis dedos sin siquiera pensarlo, un acto reflejo de mi subconsciente por verbalizar algo que tiene demasiado sentido.
Recuerdo que cuando era más pequeña todo lo veía con colores más vívidos, ¿sabéis de que os hablo? Todo era más bonito, más fácil, más feliz. Y de golpe, empecé a pensar en el futuro. La vida de un niño cambia el día que piensa en el futuro y se da cuenta que el futuro es un ahora y no un mañana. Y ese día llegó y empecé a hacerme mayor, el tiempo empezó a pasar tan rápido que aprendí a valorar los momentos felices, las pequeñas cosas que me hacen sonreír cada día. No todo es fácil, pero si no le plantas cara a la vida, ¿qué te queda?
En fin, que me ando por las ramas. Conforme he ido madurando mis ganas de vivir se han ido apagando. Bueno, más bien han cambiado hacía un rumbo diferente. Antes buscaba diversión, ahora seguridad. Quizás es eso lo que nos hace aburridos, el dejar de pensar en ser felices para plantar cara a las responsabilidades de madurar. La vida avanza y tu tienes que correr para no perderla y con el tiempo, el mundo deja de tener esos colores vívidos y se vuelven apagados y monótonos, nada demasiado especial. Y entonces es cuando me di cuenta que ya no era tan pequeña como pensaba, que el "solo es una niña" ya no valía para mi. Era mayor. ¿Me he vuelto aburrida? No lo creo, pero aun estoy en una etapa temprana de mi madurez, con el tiempo la vida seguirá cambiando y me haré aburrida, justo como el resto de los "adultos", me resignaré a un trabajo, a una seguridad y olvidaré esos colores vívidos del mundo para dejar paso a el blanco y negro y los tonos sepia. Tan solo quedará una cáscara de la niña que antaño fui, un mundo sin color y sin esperanza. O quizás no, quizás yo siga viendo esos colores vívidos por el resto de mis días y viva feliz haciendo esas pequeñas cosas que me hacen sonreír. Quién sabe que deparará el futuro, esto es el ahora y aquello ya será mañana...