-¿Te estás riendo de mi?- me dice enarcando una ceja y yo vuelvo a estallar en carcajadas.
-No...-digo entre risas-es que...-más risas- es que estoy en el aire...-más risas.
Ante mi absurda risa él sonríe y se ríe conmigo.
-Vale, princesa, ahora sí, debería irme.
-Sí, deberías.-Pero no me suelta, y yo no le suelto a él.-Aunque, bueno... No hay nadie en mi casa y... bueno...-le digo dubitativa...
-¿Quieres que me quede aquí?-Dice mirándome a los ojos, pero no le contesto.-¿Qué quieres de mi, princesa?
-No lo sé.-Le digo con franqueza.
Marcus, en vez de bajarme al suelo me coge por debajo de los muslos y me levanta, sin poder evitarlo yo engancho mis tobillos en la parte baja de su espalda y me agarro más estrechamente a su cuello. No dice nada, no digo nada. Marcus me agarra fuerte y posa sus manos en mi culo, apretándome más contra él. Sin mediar palabra, tan solo le miro y me mira, y de golpe en dos zancadas está dentro de mi casa y la puerta está cerrada a su espalda.
-Tú decides, Rebecca.
-Mi habitación está arriba-le digo, suavemente.
Sin separarnos subimos las escaleras, entierro mi cara en su cuello y le doy besos húmedos en el cuello, causando que casi nos caigamos escaleras abajo. Con ese tropiezo ambos nos reímos y Marcus me baja, por la seguridad de los dos. Subo corriendo las escaleras y detrás de mi oigo sus pasos lentos y medidos. Antes de llegar a mi puerta ya me ha alcanzado y me abraza por la espalda. Abro la puerta y nos precipitamos dentro. Me separo de Marcus y me dejo caer de espaldas en la cama. Le miro mientras escanea mi habitación, aunque tampoco haya mucho que ver ya que hace poco que pintamos y todas mis cosas están en cajas en la esquina de la habitación, ahí guardadas esperando a que mi pereza amaine y me dé por sacarlas. Y noto en el momento exacto en el que sus ojos se posan en mi, quemándome a través de la ropa.
-¿Crees que esto es buena idea, Rebecca? Porque yo no estoy seguro.-Me dice lentamente.
-Sí, yo tampoco creo que sea buena idea...-Le digo.
Me levanto, decidida a bajar a la cocina a por algo para merendar y dejar esto en una anécdota, pero al pasar por su lado no puedo resistirme y le beso. Lo que yo pretendía ser un beso casto se convierte rápidamente en una lucha entre nuestras lenguas, una batalla de labios y dientes que nos deja a los dos sin respiración. Me echo hacia atrás y caigo en la cama, arrastrando a Marcus conmigo. Caigo de espaldas y Marcus encima de mi, sin separar nuestras bocas hasta que necesitamos aire para respirar. Su boca baja por mi garganta dejando un rastro de besos húmedos y sensuales que me llevan a la locura. Siento sus labios acercarse a el cuello de mi camiseta y antes de darme cuenta ya no está. Solo existe su boca en mi piel y sus manos recorriendo arriba y abajo mis piernas. Y, una vez más, antes de darme cuenta tampoco están los pantalones. Sus manos, su boca... Mi mente está completamente derretida bajo el peso de sus caricias y mis manos recorren su espalda. Separa sus labios de mi piel y tira su camiseta en algún lugar de la habitación y yo toco su piel, recorriendo su espalda con mis uñas. Perdidos en nuestro propio mundo nos besamos y abrazamos durante horas, minutos, quizás solo segundos... En algún momento tan solo dejamos de besarnos y nos abrazamos. Por alguna razón Marcus está ahora de espaldas y yo apoyo mi cabeza en su pecho mientras trazo dibujos geométricos en su estómago. Ninguno dice nada, no nos miramos... Tan solo nos concentramos en el calor del otro. En cierto punto ambos caemos dormidos y horas después...
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