Sonríe, nadie lo hará por ti.

jueves, 22 de enero de 2015

Marcus #9

Miro por la ventana de mi cuarto, ajeno al resto del mundo. Desde el cuarto piso veo personitas andar, hablar, comer... todas allí abajo, casi como una imagen surrealista de un cuadro abstracto. Me levanto, cansado de estar aquí. Salgo por la puerta y saludo a la chica que está de turno, ella no dice nada, ni siquiera levanta la cabeza del ordenador. Vaya mierda... Recorro los pasillos del edificio sin rumbo alguno, tan solo dejándome llevar y, una vez más, acabo en la biblioteca. Dejo mis dedos flotar por las estanterías hasta que un libro dorado llama mi atención. Lo cojo: "Peter Pan", pues claro. El libro favorito de Rebecca. Rebecca... Ayer mismo estuvo aquí, pero no se quedó mucho. Cuanto la echo de menos... Recuerdo aquellos días en los que pasábamos horas y horas juntos, simplemente recorriendo esta misma biblioteca, como yo le leía una y otra vez "Peter Pan" mientras ella acariciaba mi piel. Ya no disfrutamos de momentos así, ya nada es igual. Todo cambió aquel día y ahora tan solo viene una vez al mes, el único día que le dejan. Porque no la dejan verme, dicen que es mejor mantenernos separados, mejor para los dos. Pero no es verdad, ella me quiere y yo la quiero, separados nos hacemos más daño que juntos, podemos salir de esto... tan solo si nos dejaran estar juntos.
Nada es así de fácil.
Dejo el libro en su sitio y vuelvo a mi habitación, a mirar otra vez por la ventana, donde todas esas personitas siguen dentro de un cuadro. Dejo a mi mente flotar lejos de aquí...
Horas después un ruido brusco me saca de mi ensoñación, estaba con Rebecca, en la playa, un recuerdo de hace unos años. El ruido provenía de la puerta y al girarme veo a mi madre. No habla, no dice nada, tan solo me mira mientras adecenta un poco la habitación, ignorando completamente mi presencia.
Ya nadie quiere hablar conmigo. Solo Rebecca, y a ella no le dejan. Que cruel broma del destino.
-Mamá-mi voz suena ronca por el desuso.
-¿Sí?-contesta, pero su tono es frío.
-¿Por qué ya no hablas conmigo?-le susurro.
No responde.
-¿Ya no me quieres, mamá? ¿He hecho algo malo?
No responde.
-Mamá, ¿por qué nadie quiere hablar conmigo?
No responde.
-¿Por qué no dejan venir a Rebecca?
Su cuerpo se sacude, pero sigue sin respuesta.
-Mamá, ¿por qué ya no hablas conmigo?-repito, y esta vez si responde.
-Porque ya no eres tú.
Dicho eso se levanta y yo me callo, sin saber bien que decir y vuelvo a mirar por la ventana...

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