Su rostro pálido, sus ojeras oscuras, sus ojos negros... Un cazador trás su presa, una presa acobardada por el miedo... Ella huye, él la persigue. Ella grita, él ruge. Ella se tropieza... Él la atrapa.
Sandra se despierta con un grito agonico, tiene miedo, cada vez más miedo. Lleva semanas soñando con él. Teme que él sea real, que de verdad la persiga, pero lo que más teme es que él realmente la cace. Sacude la cabeza, todo eso son tonterías, se repite, pero su corazón sigue palpitando fuerte en su pecho. Se levanta y se dirige al baño, que una vez más está ocupado por su hermana menor, Clara.
-¡Clara, sal del baño, tengo prisa!- Le grita, pero Clara la ignora así que decide bajar a desayunar primero.
En la cocina está su madre, escuchando la radio, como cada mañana, como cada día desde que tiene memoria.
-Buenos días, mamá.- Saluda Sandra.
-Buenos días, cariño. ¿Estás bien? Tienes mala cara.
-Sí, mamá, estoy bien, solo que he tenido una pesadilla esta noche.
-¿Me la cuentas?- Pregunta.
-Nah, da igual. ¿Podrías decirle a Clara que me deje entrar en el baño de una vez, por favor?
-¡CLARA! Sal del baño de una vez.-Grita.
Se escucha una puerta abrirse, seguida de un portazo. Sandra sonríe, su madre frunce el ceño, pero da igual, huye al baño para poder prepararse para su primer día de clase. No puede creer que ya haya acabado el verano. Esboza una triste sonrisa, ese maravilloso verano...
Se ducha, se maquilla, se peina, se pone preciosa para su primer día de clase. Se mira al espejo y sonríe, da igual como la vea el resto del mundo, ella se ve genial, y eso basta. Escucha a su madre llamarla y corre a coger su mochila. Baja las escaleras a trompicones y sube al coche de un salto.
Es el principio de su fin.
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